Por Ricardo Rojas León

Probablemente resulte prematuro conjeturar sobre lo que va a pasar en Venezuela en los próximos meses, cuya situación política parecería estar ligada a la evolución de la salud del presidente Hugo Chávez, quien se recupera de la cuarta operación contra el cáncer, que le ha sido practicada en el Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas de La Habana. Y aunque no se conoce informe médico oficial, funcionarios de su gobierno afirman que ya está consciente y que está asimilando el tratamiento, luego de una seria deficiencia respiratoria y un supuesto estado de coma.

Para los dominicanos, Chávez ha sido un gobernante solidario, pues, entre otras cosas, fue capaz de crear una iniciativa que, como PetroCaribe, ha permitido a las naciones de la región beneficiarse de excelentes condiciones de pago y financiamiento, que algunos países, como República Dominicana, han utilizado para solventar planes de mitigación de la pobreza y la marginalidad.

De los aspectos neurálgicos de la situación venezolana actual, el más importante guarda relación con las incógnitas sobre el curso que tomará la "revolución bolivariana", de proclamado corte socialista, de producirse una "ausencia definitiva" del poder del presidente Chávez.

Lo que uno observa desde lejos es que una parte decisiva del chavismo luce esperanzada en el retorno de su líder, pues ello pudiera explicar que, en ocasión de la juramentación del 10 de enero pasado, establecida en la Constitución, se propiciara una "salida legal" cuestionable, en un claro interés de dilatar la solución propuesta por Chávez el día antes de partir hacia La Habana: que se convocara una nueva elección presidencial y que Maduro fuera el candidato del PSUV.

Nadie duda de la fortaleza política del chavismo, ni de la posibilidad de que Maduro se imponga a cualquier candidato de una oposición que acaba de recibir dos derrotas consecutivas en los últimos cuatro meses. Lo que algunos analistas adelantan es que, tras las expresiones de unidad del chavismo, ya ha comenzado a desatarse la natural lucha por el legado de su líder y el control de los enclaves de poder.

Lo que uno espera es que, cual que sea la evolución de la política venezolana, la hermana nación siga siendo un país democrático, y que se fortalezcan las libertades públicas y los demás derechos ciudadanos, para que los venezolanos no vuelvan a vivir los sobresaltos y conflictos que han caracterizado su vida institucional en los últimos cuatro lustros.

Para eso, quizás, no bastará rezar por la recuperación de la salud de Chávez, sino esperar que reinen la cordura y el respeto entre el gobierno y la oposición de una nación a la que tantos dominicanos estamos vinculados y agradecidos.