Frei Betto

Los datos, divulgados por el IBGE a finales de julio, son alarmantes: el 3 % de los niños brasileños de 6 a 14 años no van a la escuela, lo que representa casi un millón de excluidos de las bancas escolares.

Si le incluimos el contingente de 4-5 años y de 15-17, el porcentaje aumenta al 8 %, o sea 3.8 millones de niños y adolescentes.

Amazonas es el estado que tiene el mayor número de niños de 6 a 14 años sin escuela, el 8.8 %. Allí las distancias y las dificultades de transporte influyen en el índice. Mientras que Santa Catarina aparece como el estado donde se da mayor inclusión escolar: apenas el 2.2 % de ese nivel etario no asiste a la escuela.

Pero ningún estado del país ha conseguido todavía incluir en la escuela a todos sus niños de 6 a 14 años. La encuesta del IBGE revela que, de esos niños no escolarizados, el 62 % frecuentaron la escuela por algún tiempo pero abandonaron luego los estudios.

Las razones para la evasión escolar precoz son variadas. Las más frecuentes, sin embargo, son: la falta de interés (fallo pedagógico de los educadores), la repetición, el embarazo precoz y el imperativo de ingresar al mercado de trabajo para ayudar a la familia.

La desescolaridad provoca en el niño y en el adolescente una baja autoestima, haciéndolos vulnerables a las propuestas ilusorias de enriquecimiento y consumismo fáciles a través del tráfico de drogas y otras prácticas delictivas.

El programa "Todos por la educación", del que participo, establece 5 metas hasta el 2022, fecha del bicentenario de la independencia del Brasil, a saber: 1°) el 98 % de los niños y jóvenes entre 4 y 17 años deberán estar matriculados y asistiendo a la escuela; 2°) el 100 % de los niños deberán adquirir habilidades básicas de lectura y escritura hasta el final del 2° nivel o del 3° año de la enseñanza fundamental; 3°) el 70 % o más de los alumnos habrán aprendido lo esencial para el grado que cursan; 4°) el 95 % o más de los jóvenes brasileños de 16 años deberán haber completado la enseñanza media; 5°) la inversión pública en educación básica deberá ser del 5 % o más del PIB.

Son metas elementales, y esenciales, para cualificar a las generaciones futuras y permitir a nuestro país el acceso al desarrollo sustentable con justicia social.

Según la OIT (Organización Internacional del Trabajo), en el mundo 215 millones de niños y niñas trabajan para sobrevivir o complementar los ingresos de sus familias. De todos esos niños la mitad está expuesta a condiciones degradantes de trabajo, como esclavitud, servidumbre por deudas, explotación sexual con fines comerciales y participación en conflictos armados.

El gobierno brasileño ya desarrolla una intensa campaña contra la explotación sexual de niños y contra el trabajo infantil. Pero es necesario mejorar el combate a toda forma de violencia contra los niños, especialmente en el ámbito familiar. Hay que considerar también como violencia contra la infancia la extrema pobreza y determinados contenidos del ciberespacio, en el que abundan los pedófilos y los surtidores de pornografía. (Traducción de J.L.Burguet)

- Frei Betto es escritor, autor de la novela "Minas del oro", entre otros libros. www.freibetto.org/> twitter:@freibetto.

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