Por Santos Aquino Rubio.

El municipio Santo Domingo Oeste, encabezado por la comunidad de Herrera es, sin lugar a dudas, uno de los más cenicientos del Gran Santo Domingo y olvidado hasta por sus propias autoridades.

Tras la decisión de dividir la capital y crear la Provincia Santo Domingo, lo que hemos visto el trajinar de hombres, mujeres, políticos, obreros y profesionales, pensamos en que se convertiría en una gran oportunidad para esta legendaria e histórica comunidad.

Pero nos salió el tiro por la culata hasta el punto de que en muchos escenarios solo cuenta el municipio Santo Domingo Este, sede de la Gobernación, residencia de la senadora y cuna de los legisladores y munícipes de mayor relieve en la incidencia y gestiones ante el gobierno central.

Es tan así, que no es extraño escuchar en diversos escenarios al referirse a ese municipio, que algún político o comunicador le llame Provincia Santo Domingo Este. Allí se erigen las más grandes obras y se vuelcan los recursos de que dispone el Gobierno para sus acciones oficiales.

En Herrera, es decir, en Santo Domingo Oeste, en 10 años de ejercicio municipal no se puede hacer mención de una obra oficial importante, de oficinas representativas del accionar cotidiano y las que existen apenas se notan. Aquí nada se ve ni se siente en cuanto a la gestión oficial.

El ayuntamiento no tiene una sede propia, los diputados y regidores son poco conocidos, el alcalde parece que reside en otra ciudad, calles en mal estado, basura por doquier, la senadora solo visita en campaña y los presidentes no lo incluyen sus discursos.

Santo Domingo Oeste sigue siendo un simple barrio al que se le han sumado comunidades como Manogayabo, Bienvenido, Bayona, El Café, el Abanico, Altagracia y otros que solo crecen en la presencia de arrabales y con la característica de cenicienta a la que nunca llega la hora de convertirse en codiciada del príncipe de turno. Ojala y mi canto no sea solo de sirena.

El autor es periodista y abogado.