Frei Betto

La época de elección es época de emoción. La razón se va de vacaciones, la sensibilidad queda a flor de piel. Tanto en la familia como en el trabajo todos manifiestan su opinión sobre las elecciones y los candidatos.

El tenor de las opiniones varía desde el palabrerío (para descalificar todo el árbol genealógico del candidato) hasta la veneración acrítica de quien lo juzga perfecto. El marido discute con la mujer, el padre con el hijo, el amigo con el amigo, cada uno convencido de que tiene el mejor análisis sobre los candidatos...

Un tercer grupo insiste en mantenerse indiferente ante el período electoral, aunque no lo consiga en cuanto a su opinión sobre los candidatos, todos ellos considerados corruptos, mentirosos, aprovechados y/o demagogos.

No hay salida: todos estamos sujetos al Estado. Y éste es gobernado por el partido victorioso en las elecciones. Por eso quedarse indiferentes es darle un cheque en blanco, firmado y de valor ilimitado, a quien gobierna. Gobierno y Estado son indiferentes a nuestra indiferencia y a nuestras protestas individuales.

Es comprensible que a alguien no le guste la ópera, el fútbol o el color marrón. O incluso la política. Pero es imposible ignorar que todos los aspectos de nuestra existencia, desde el primer al último suspiro, tienen que ver con la política.

La clase social en la que nació cada uno de nosotros tuvo que ver con la política imperante en el país. Si hubiera menos injusticia y más distribución de la riqueza nadie nacería entre la miseria y la pobreza. Como ninguno de nosotros ha escogido la familia ni la clase social en la que vino a este mundo, todos somos hijos de la lotería biológica. Lo cual no debiera ser considerado privilegio por quien nació en las clases media y rica, sino más bien deuda social para con quienes no tuvieron la misma suerte.

Somos controlados desde el nacimiento hasta la muerte. Al nacer, el registro pertenece al Ministerio de Justicia; al ser vacunados al de Salud; al ingresar en la escuela al de Educación; si tenemos un empleo al de Trabajo; al tener una casa al Ministerio de las Ciudades; al jubilarnos al de previsión Social; al morir volvemos al de Justicia. Y nuestras condiciones de vida, tales como sueldo y alimentación, dependen de los Ministerios de Hacienda y de Planificación.

En todo está la política. Para bien o para mal. La política se hace presente hasta en el calendario. ¿No había caído en la cuenta? Diciembre, último mes del año, deriva de diez; noviembre de nueve, octubre de ocho, setiembre de siete. Antes el año tenía diez meses. El emperador Julio César decidió aumentar un mes en su propio homenaje y puso julio. Su sucesor, Augusto, no quiso quedarse atrás y añadió agosto. Como los meses se suceden alternando 30/31, Augusto no admitió que su mes tuviera menos días que el de su antecesor y obligó a los astrónomos de la corte a que equiparasen julio y agosto en 31 días. Y ellos no se hicieron de rogar: quitaron un día de febrero y resolvieron la cuestión.

El Brasil es el resultado de las elecciones de octubre. Para mejor o para peor. Y los que lo gobiernan son escogidos por el voto de cada elector.

Haga como el Estado: deje a un lado la emoción y piense con la razón. Las instituciones públicas son movidas por políticos y otras personas designadas por ellos. Todos los funcionarios son empleados nuestros. Deben presentarnos cuentas. Tenemos el derecho de cobrar, exigir, reivindicar, y ellos tienen el deber de responder a nuestras expectativas.

La autoridad es la sociedad civil. Ejérzala. No dé su voto a los corruptos ni se deje engañar por la propaganda electoral. Vote pensando en un futuro mejor para su municipio. Vote a favor de la justicia social, de la calidad de vida de la población, de la ciudadanía plena.

Frei Betto es escritor y asesor de movimientos sociales, autor de "Calendario del poder", entre otros libros. www.freibetto.org twitter:@freibetto.

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Traducción de J.L.Burguet