Mario Rivadulla
El tema no es nuevo en nuestro TELEDEBATE. Por el contrario, es de entre los que más hemos insistido. Se trata de la violencia social. Por tiempo hemos venido advirtiendo que esta es muy superior a la criminal, aunque esta reciba mayor cobertura mediática y angustie más el ánimo de la población convirtiendo la inseguridad ciudadana en uno de los temas de mayor prioridad en la agenda nacional. Algo que hasta casi fines del pasado siglo, catorce o quince años atrás, ni se mencionaba.
Un panel de especialistas, organizado por la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña, abordó el punto la semana anterior a fin de evaluar sus causas, efectos y posibles correctivos. En el evento se partió de la base estadística desde el primero de enero al veintitrés de julio de este año, durante cuyo lapso un total de mil 192 personas perdieron la vida en hechos violentos. De esta cifra, 790 correspondieron a riñas ocurridas en lugares de expendio de bebidas, desde colmados hasta discotecas, generalmente involucrando a gentes pasadas de tragos, a pleitos barriales que concluyen de modo trágico y a simples discusiones, desde la disputa por un parqueo hasta colisiones vehiculares que a veces ni siquiera llegan a producirse pero que concluyen del modo más trágico, así como algunas otras causas todavía más simples.
Llevada a porcentajes esas cifras nos dicen por lo claro que de cada tres muertes con violencia que ocurren en el país, solo una, el treinta y tres por ciento, es resultado de hechos delictivos mientras que dos de cada tres, o sea, el sesenta y seis por ciento son de origen social.
Esto, insistimos una vez más, es en extremo preocupante. Es una clara, contundente evidencia de que en el país se están perdiendo vigencia las normas de convivencia. Que estamos perdiendo de manera acelerada la vocación de diálogo y entendimiento, el viejo lema de que "hablando la gente se entiende" por una conducta de agresividad, confrontación e intolerancia llevada a planos cada vez mayores de intransigencia.
No hay que ir lejos. Desde que usted se asoma a la calle, ya sea en su vehículo, en uno público o simplemente como peatón la violencia muestra su rostro. Caras hoscas, avinagradas, tensas, a menudo hasta con una expresión de ferocidad, en actitud de sustituir el viejo y hermoso lema de Benito Juárez "el derecho de uno termina donde comienza el de los demás" por el de "sálvese quien pueda" y el de "la ley del más fuerte". Así, va sucediendo a lo largo de casi todo el trayecto del día hasta que llega el momento de encontrar refugio en el hogar, donde en muchos casos también se registra la continuidad del proceso a través de la violencia doméstica.
¿Qué está pasando en el seno de nuestra sociedad? ¿Cuáles son las causas de toda esta agresividad y de la desvalorización de la vida humana? Y, ¿cuáles los posibles remedios?
Nuestra opinión de profano ha sido siempre que aunque las causas resultan de naturaleza diversa, la fuente principal son la incultura y la falta de valores con otros factores agravantes tales como la carencia de empleo o de ocupación rentable y la exclusión social. Para superarlos, también opinión profana, habrá que poner énfasis, como elementos claves, en la educación y el rescate de valores que hemos ido perdiendo aceleradamente que es un proceso largo, aparte de sumar otras medidas necesarias de más corto plazo para poner freno a este cada vez más generalizado, agresivo y peligroso comportamiento.
De lo contrario, terminaremos siendo un país invivible. Dejaremos de ser una sociedad de seres humanos para convertirnos en una horda de trogloditas, donde el ejercicio de la convivencia será sustituido por la ley del garrote.
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LA REFLEXION DE HOY
"La virtud es más perseguida por los malos, que amada por los buenos" (Miguel Cervantes Saavedra, en El Quijote, la obra cumbre de la Literatura Española).
EL TIRO RAPIDO DEL LUNES
Mario Rivadulla
13,08, 12