Guillermo Caram

Cuando las elecciones dominicanas derivan en conflictos, éstos se han dirimido con modificaciones legales y restructuraciones administrativas previa admisión, implícita o explícita, de responsabilidades en protagonistas. En 1994 se dirimieron reformando la constitución e integrando una JCE encabezada por Cesar Estrella cuya gestión resulta hoy legendaria. Conflictos posteriores se solucionaron aumentando número de jueces, forzando renuncias de su presidente - caso Morel Cerda - o con leyes (02-03) dividiendo la JCE en dos cámaras.

La perfectibilidad de la democracia y sus elecciones sustentantes exige que no se olviden, sino que se aprovechen, las empañaduras observadas en el pasado torneo. Que se establezcan responsabilidades por comisión u omisión y se adopten correctivos; mas ante la consigna electoral del presidente electo.

Como varias instancias nacionales han propuesto correcciones a través de nuevas leyes, es necesario advertir que las principales empañaduras no se produjeron por carencias legales sino por omisiones administrativas y reglamentarias.

El Art.212.IV de la Constitución, p.e, ordena a la JCE velar por elecciones celebradas con ¨"sujeción a...equidad...en la utilización del financiamiento" y a "reglamentar...tiempos y límites de gastos...así como el acceso equitativo a medios de comunicación".

El Art.6 de la ley consigna como atribución administrativa de la JCE en su literal f): "Disponer cuantas medidas.....juzgue necesarias...a fin de...ofrecer...facilidades a todos los ciudadanos aptos para ejercer el...voto"

Y el literal (rr): "Disponer...medidas...para asegurar el libre ejercicio de los derechos de tránsito, libre reunión, igualdad de acceso a los medios...tanto estatales como privados...".

Como atribución reglamentaria el literal c) ordena "Reglamentar la participación.....en los medios de comunicación del Estado" y el (e) obliga "Reglamentar la propaganda ....con el fin de evitar distorsión, alusiones injuriosas y calumniosas que afecten el honor o la consideración de candidatos"..

El torneo recién concluido quedó empañado por abstención aumentada, a menos que el padrón se haya abultado con cédulas multiplicadas quien sabe con que propósitos; intervenciones militares, desigualdad de acceso a medios especialmente los incautados por el Estado, documentales injuriosos y calumniosos, etc...

Convendría discernir en que medida estas empañaduras se debieron al incumplimiento de aquellas disposiciones y si hubo responsabilidad por ello, por comisión u omisión.

Este discernimiento tiene que efectuarse ciñéndose a responsabilidades propias del rol de Estado, al margen del presidente electo quien no pertenecía a instancia estatal alguna y recordando que la constitución establece que "nadie es responsable por el hecho de otro"(Art. 40.14) ni "obligado a declarar contra si mismo"(Art. 69.6).

Lejos de afectar al presidente electo, los correctivos que se adoptaren le beneficiarían vía las ganancias de legitimidad y sustentación política para encarar la difícil gestión que le espera.