Miasmas económicas
Por Manuel Hernández Villeta
La economía es más veleidosa que una mujer coqueta. Vende sus encantos a los que más tienen, y se ríe del pobre de solemnidad. La miseria puede estar presente junto a la mayor de las riquezas.
De hecho, miseria y opulancia comparten a diario, no la misma mesa, sino la cara malsana de la sociedad de hoy. Mientras unos desperdician, derrochan y viven una vida en plenitud, los otros buscan para conseguir un bocado, no más de ahí.
Por esta razón, el desarrollo económico de un país se tiene que medir con pinzas, cortado con bisturí de buen cirujano. Una mala evaluación, lleva a tomar caminos errados, y a juzgar como positivos, senderos que de hecho están estancados.
En la República Dominicana cuando se analiza el movimiento económico, al mismo tiempo hay cara y cruz, bonanza y lodo. Hay ricos y hay pobres.
Lo real que demuestra la economía dominicana, es que se sustenta sobre la mala distribución de las riquezas, donde una mayoría significativa no tiene para comer, mientras una minoría le enrrostra y se ríe de sus miserias.
En los últimos años la economía dominicana está manteniendo avances y consolidación muy significativos. Pero ese avance y desarrollo únicamente toca al sector empresarial, a los inversionistas y a los banqueros.
El gobierno lleva a cabo sus planes sociales y de asistencia amparándose en esa seguridad económica, pero en sentido general se nota lo beneficioso de la estabilidad económica actual.
El Presidente Leonel Fernández ha logrado estabilizar parámetros económicos, pero los empresarios son tan mezquinos que no dan su contraparte a ese esfuerzo desarrollando programas sociales.
Ahora, si usted le pregunta a un hombre que calza soletas, y una mujer que se pone harapos, sobre el crecimiento económico, lo más seguro es que le mostrará los fogones sin ensuciar y los anafes apagados.
Hay desarrollo para los grandes consorcios, pero el pueblo no tiene ná. Es más si no hay control económico, de la producción, de la reinversión en riquezas, el desarrollo es un crimen, y una burla a la mayoría pobre.
Hay que traducir que esa mejoría económica que da credibilidad y sustentación hoy, no sea para beneficio único de los grandes empresarios, sino que éstos comprendan que tiene que darle consistencia social a sus inversiones.
Nos somos enemigos de los empresarios, pero si somos enemigos y rechazamos la utilización de la riqueza sin sentido social, y a los que desde carros con vidrios entintados llevan un perfumador ambiental en las manos, porque les hiede el olor de la pobreza extema.
Son ellos mismos, con sus acciones negativas, los que producen esta miasmas.