Por ERICK BARINAS*

A quienes nos preocupa la suerte del pueblo dominicano y de nuestras familias, así como los niveles de analfabetismo, incultura, pobreza, insalubridad e inequidad social que afecta a la mayoría de la población, esperamos el cambio que tantas veces se ha prometido en los distintos procesos electorales.

Quienes observamos con profunda pena el fracaso de nuestra clase política en resolver un problema estructural básico para el desarrollo nacional como lo es la crisis del sector energético, el cual tiene más de 50 años gravitando negativamente sobre las finanzas públicas, el sector productivo y el presupuesto de las familias dominicanas; amén de lo que ello implica en términos de atraso económico, social, tecnológico, científico, etc, esperamos un cambio.

A quienes nos indigna los privilegios que tienen un grupo de funcionarios públicos y legisladores que devengan sueldos de lujo, mientras la mayoría de los servidores públicos valiosos del Estado, como son los maestros, jueces, médicos, fiscales, policías y agrónomos, entre otros, perciben salarios de subsistencia o de miseria, esperamos un cambio.

A quienes nos taladra la conciencia el hecho de que este país se vea sumergido en una permanente, improductiva y onerosa campaña política, financiada con el dinero y los recursos públicos - legalmente la JCE les entrega a los partidos miles de millones de pesos que se dilapidan de manera estéril en propaganda, publicidad y otros renglones no muy claros-, mientras a la población y a los trabajadores se le esclaviza y esquilma con bajos salarios y el cobro de impuestos asfixiantes, esperamos un cambio.

A quienes nos asquea el tristemente célebre barrilito instaurado inconstitucional e ilegalmente en el Congreso Nacional, así como los demás privilegios que se han hecho aprobar diputados y senadores de casi todos los partidos, mientras el país demanda por años la modificación de sus códigos más importantes, como el Código Penal, el Código Procesal Penal, el Código Civil y el Código Procesal Civil, entre otras iniciativas legislativas de interés nacional, esperamos un cambio.

Quienes estamos convencidos de que la falta de institucionalidad y respeto a los preceptos constitucionales y legales constituye uno de los principales males que afecta al Estado y a la sociedad, y que ello es una causa directa de la corrupción, el clientelismo político y la impunidad, esperamos un cambio.

A quienes nos preocupa el aumento creciente de la deuda pública externa, del déficit cuasi fiscal y del déficit presupuestario, así como el costo de la vida galopante que se registra en el país, esperamos un cambio.

Quienes entendemos que la República Dominicana debe ser gobernada sin la tutela permanente de los organismos internacionales como el FMI, el Banco Mundial y el BID, esperamos un cambio.

Quienes creemos que el trabajo y el empleo formal y bien retribuido constituye un derecho de todos los ciudadanos y no un privilegio de los militantes y simpatizantes partidarios, esperamos un cambio.

Quienes pensamos que la educación pública y los servicios de salud públicos de calidad deben ser los objetivos prioritarios fundamentales del gobierno y de sus políticas públicas, esperamos un cambio.

Quienes opinamos que el presupuesto asignado a las Fuerzas Armadas debe ser reducido en por lo menos un 70 porciento para que los recursos excedentes se destinen a la restructuración profunda de la Policía Nacional y a un aumento del presupuesto del Poder Judicial para que se aperturen nuevos tribunales en la provincia de Santo Domingo y otras jurisdicciones del país donde se incurre en denegación de justicia por falta de tribunales, jueces y personal calificado, esperamos un cambio.

Quienes no concebimos el desarrollo nacional y la modernidad del país sin la solución definitiva del problema energético, del suministro de agua potable a la población con garantías de salubridad, así como sin que se solucione el problema del transporte público caótico que nos afecta, esperamos un cambio.

Quienes no militamos en ningún partido político mayoritario porque, entre otras razones, creemos que en ellos no existe una democracia interna real, al tiempo que abogamos para que se regule mínimamente la actividad partidaria a los fines de garantizar la igualdad de participación y el respeto de los derechos políticos esenciales de los militantes, esperamos un cambio.

Quienes estamos conscientes de que un país pobre como el nuestro tiene que administrar el presupuesto del Estado con mayores niveles de racionalidad, austeridad, planificación y transparencia, erradicándose los excesivos viceministros, vicecónsules y demás burocracia innecesaria, al tiempo que se reestructuran los ingresos que se pagan en el sector público para eliminar la enorme brecha que existe entre los altos salarios de un grupo y los magros ingresos de la mayoría de los servidores, esperamos un cambio.

Ahora bien, las mayorías que así pensamos no esperamos simplemente un cambio de presidente, de gobierno y de funcionarios, sino un cambio real en la mentalidad y en la visión del Estado y del país, en las prioridades de las políticas públicas, y en el estilo tradicional del ejercicio del poder en la República Dominicana.

Esperamos que las esperanzas despertadas en la campaña electoral por el binomio ganador de las elecciones Danilo Medina-Margarita Cedeño, sean debidamente satisfechas con las acciones del gobierno que se inicia el próximo 16 de agosto.

Ese nuevo gobierno debe contar con el respaldo de la ciudadanía que cívica y ordenadamente fue a ejercer el sufragio en los pasados comicios, así como toda la población debe esperar y exigir que las promesas de progreso, bienestar y transparencia que se le hicieron en la campaña electoral se vayan cumpliendo.

La población debe respaldar la idea del presidente electo Lic. Danilo Medina de propiciar un pacto con los partidos de oposición y los sectores representativos de la sociedad para que se empiece a trabajar mancomunadamente y sin sectarismos en la solución de los principales problemas que padece nuestra nación.

Esa ciudadanía, mayoritariamente buena, espera y necesita que el pensamiento económico, social, ético y político, y el ejemplo moral y patriótico del profesor Juan Bosch, sean los crisoles que guíen los pasos y las decisiones del nuevo gobierno que encabezará el nuevo presidente Danilo Medina Sánchez.

*El autor es abogado y servidor público de carrera de la Consultoría Jurídica del Poder Ejecutivo.