Hace alrededor de dos semanas que, en circunstancias aún no esclarecidas, apareció muerto el escenográfo Manuel Emilio Bautista García, en el trayecto de San Pedro de Macorís a Santo Domingo.

Desde el principio se vendió la idea de que se trató de un atraco y que sus verdugos le dieron un tiro en la cabeza para llevarse su pistola y las llaves de la yipeta, pero su primo que le acompañaba salió ileso y asegura que salvó la vida milagrosamente.

Los últimos rezos de Manuel Bautista fueron este sábado, pero su familia no duerme tranquila ni tiene paz, porque hasta el momento las autoridades no han mostrado los frutos del esfuerzo por capturar y sancionar a su ejecutor o ejecutores.

Este hombre, gran amigo, buen padre, abuelo, hermano, esposo, vecino y hasta filántropo para muchos de sus cercanos y conocidos, quienes siempre encontraban en su mano bondadosa la solución a problemas elementales, merece que se haga justicia sin rodeos.

Manuel Merece que la Policía Científica haga un buen trabajo, para quien o quienes cometieron este crimen horrendo puedan ser llevados a la Justicia. Para que los jueces y fiscales jueguen su rol, solicitando y aplicando la más severa de las sanciones penales que dispone el código vigente.

Un ciudadano útil ha muerto fruto de la inconsistencia social, de la falta de justicia y de la incomprensión de los seres humanos. Pero son muchos los que esperan que con la muerte de Manuel se comience a pensar en que todavía somos una sociedad salvable, una nación recuperable y viable.

Para Regina López, su esposa, para sus hijos Wanda, Wellington y Wendy Bautista López, no habrá descanso hasta ver en la cárcel y purgando una condena severa, a quien sin misericordia arrancó la vida a su pariente, a nuestro amigo Manuel.

Ojala y este crimen no forme parte del inmenso baúl de la impunidad.

El autor es periodista, abogado y politólogo.