Se ha ido uno de los empresarios más admirables y admirados de la República Dominicana, no sólo por su encomiable y exitosa trayectoria como hombre de negocios, sino por sus acrisoladas virtudes cívicas, su sentido de solidaridad y sensibilidad humana, su don de gente y su reconocida vocación de servicio hacia la comunidad.

Don Manuel Arsenio Ureña le deja un valiosísimo legado a la nación dominicana y a sus compueblanos, a su familia, a sus empleados, a sus amigos, clientes y relacionados.

Sus aportes a la economía, al comercio, al medio ambiente, a la educación, a las pequeñas y medianas empresas, y al gremialismo empresarial nacional, están ahí y han servido y servirán de ejemplo permanente de lo que es un ejercicio empresarial con responsabilidad social.

Desde niño estuve cerca del crecimiento de su empresa más reconocida, Manuel Arsenio Ureña C.x.A, a la cuál mi padre sirviera como abogado en varias ocasiones. Al igual que lo fue mi padre, también he sido cliente de la misma y por ello puedo dejar constancia de que la mayoría de sus empleados laboran allí desde hace veinte o más años.

Empresarios conscientes de sus obligaciones fiscales como lo fue don Arsenio no abundan, y los que como él se han preocupado porque sus empleados meritorios tuviesen viviendas dignas, sin duda que se pueden contar con los dedos de la mano.

Y es que su sentido de justicia social le llevó a financiar con sus propios recursos la construcción de viviendas para sus empleados, así como a financiar proyectos de alfabetización y reforestación en Los Montones, San José de Las Matas, y otras zonas del territorio nacional.

Fue pionero en apoyar al Plan de Reforestación Sierra (Plan Sierra), el cuál ha sentado precedentes incorporando a sectores empresariales en proyectos de siembra y reforestación de nuestras zonas montañosas, así como en la concientización e incorporación de los campesinos y comunidades en los mismos.

Asimismo, la importancia que le diera al crédito o financiamiento dirigidos a la creación y expansión de las pequeñas y medianas empresas en el país, lo llevaron a tener una participación decidida y destacada en instituciones de crédito como el Banco Ademi, especializada en el microcrédito y el incentivo a las Mipymes.

En resumen, el país ha sufrido una sensible pérdida con la partida a destiempo de don Manuel Arsenio Ureña. Ojalá su trayectoria de vida y su hoja de servicios pueda ser emulada por sus hijos y descendientes, y por muchos otros empresarios.

Desde esta modesta columna de opinión que don Arsenio honraba con su lectura, enviamos nuestras más sinceras y sentidas condolencias a su familia y a todos los empleados de sus empresas. Paz a sus restos.