Durante años, hemos tenido la oportunidad y el privilegio de cubrir, analizar y observar el desarrollo de los procesos electorales que se han registrado en el país, tanto en el corte tiempo del nivel municipal y congresual, como en los procesos presidenciales.

Sin embargo, debo admitir que lo que ahora ocurre, prácticamente desborda la capacidad de asombro de los que como cronistas, analistas y consultores sobre la materia. Y nada se diga de la gente común, que definitivamente entiende poco lo que está pasando.

Es mucho el esfuerzo realizado, han sido incontables los sacrificios de hombres y mujeres que han arriesgado vida y fortuna para tener un país en el que el ejercicio de la democracia sea una realidad aproximada a la de las naciones más avanzadas. Ojala que este proceso transcurra sin acciones lamentables, que es lo que realmente nos preocupa.

En materia electoral se ha hecho prácticamente todos, para evitar los sinsabores de aquellos angustiosos procesos en los cuales conocer los resultados electorales era una verdadera odisea, se han separado y unido de nuevos los procesos, para tratar de quitar fuerzas y espacios a las campañas sucias y a los desmanes políticos, pero parece que de nada ha valido.

Parece mentiras que, con una sociedad marcadamente avanzada en materia cibernética y comunicacional, se esté practicando el canibalismo político y estemos asistiendo a métodos de insultos y de interpretación de ideas, que creíamos sinceramente muy superados.

Si ya Trujillo desapareció hace más de 50 años y el balaguerismo dejó de ser una excusa para justificar, o la incapacidad para materializar una campaña de ofertas programáticas o la falta de creatividad para tener a manos ofertas creíbles para convidar a ejercer el voto por una propuesta basada en estudios reales y en el interés colectivo, no comprendo efectivamente lo que pasa.

No comprendo cuál es la razón para que a estas alturas una campaña electoral esté basada en ofensas personales y no en críticas reales a la falta de acción de los que han gobernado sin cumplir su compromiso de hacer avanzar el país.

No comprendo el por qué no se invita a la gente a ver y examinar lo que puede hacer cada cuál, para cambiar el estado de cosas provocado por los que gobiernan y menos aún, el por qué no pensamos en que debe llegar el momento en que el actual sistema de partidos termine su accionar en esta sociedad. Es una quimera, pero hay que comenzar a verlo.

El autor es abogado, periodista y consultor de imagen.