Julio Ortega Tous

Los Estados Unidos es una referencia mundial. Desde su creación ha tenido tres grandes presidentes: George Washington, primer presidente; Abraham Lincoln, líder antiesclavista en la Guerra Civil, y Franklin Delano Roosevelt (FDR), quien encabezó la nación luego de la crisis económica de los años 1930 y durante la II Guerra Mundial, de la cual salieron como una gran potencia mundial.

Gran parte de la fisionomía del mundo posterior a la derrota de Alemania y Japón en 1945 estuvo diseñada por el ideario de Roosevelt. La creación de un organismo mundial para preservación de la paz (ONU), del conjunto de instituciones económicas de Brettons Woods (FMI, BM), que todavía hoy son la base de las relaciones económicas internacionales, también fueron parte de su ideario.

En enero de 1944, FDR propuso al Congreso norteamericano la adopción de una segunda Declaración de Derechos, hoy muy poco conocida, que completara en el plano económico y social la Declaración de Derechos ("Bill of Rights"), Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, sugerida por James Madison en 1789. El "Bill of Rights" tuvo como efecto proteger "los derechos naturales" de libertad y propiedad de los ciudadanos. Más de 150 años después, FDR propuso completar ese "Bill of Rights" con una Declaración de los Derechos Económicos y Sociales que mantiene todavía toda su actualidad. Hay que reivindicar su contenido, porque es la esencia de la democracia y la libertad.

En un año en que los dominicanos debemos seleccionar el próximo Presidente de la República para el período 2012-2016, es sumamente útil, resumir aquella propuesta de Roosevelt, un año antes de su fallecimiento, en abril de 1945:

"Esta República inició, y luego se desarrolló hasta alcanzar su potencia actual, gracias a la protección de ciertos derechos políticos inalienables ? la libertad de expresión, la libertad de prensa, la libertad de cultos, de ser juzgado por un jurado, la protección contra los procedimientos y arrestos sin justificación. Estos fueron nuestros derechos a la vida y la libertad.

Sin embargo, mientras nuestra nación creció en tamaño y estatura, con la expansión de nuestra industria, esos derechos políticos resultan limitados e inadecuados para asegurarnos la igualdad en la búsqueda permanente del bienestar.

Entendemos claramente que la verdadera libertad individual no puede existir sin la seguridad y la independencia económica. "Lo hombres necesitados no son hombres libres". Las personas hambrientas y sin empleo forman la base de las dictaduras.

En nuestros días, estas verdades económicas son aceptadas como axiomas. Proponemos, por así decirlo, una segunda "Declaración de Derechos", en virtud de la cual se pueden establecer nuevos fundamentos para la seguridad y la prosperidad de todos, independientemente de condición, raza o creencias. Entre esos derechos están:

El derecho a un trabajo útil y remunerado;

El derecho de ganar suficientemente para alimentarse, vestirse y disfrutar de manera conveniente;

El derecho de todo agricultor de cultivar y vender sus productos con un beneficio;

El derecho de todo empresario, grande o pequeño, de comerciar en un ambiente preservado de la competencia desleal y el dominio de los monopolios en el interior del país o en el extranjero;

El derecho de cada familia a una casa decente;

El derecho a cuidados médicos adecuados y una buena salud;

El derecho a la protección adecuada que aleje el temor de estar sin ingresos en la vejez, la enfermedad, los accidentes o el desempleo;

El derecho a una buena educación.

Todos esos derechos son asuntos de seguridad. Y después que esta guerra sea ganada, debemos estar prestos a ir hacia delante en la consecución de estos derechos, de estos nuevos objetivos de felicidad humana y bienestar."

Desgraciadamente Roosevelt murió justo antes del fin de la guerra, y del diseño final de un nuevo orden mundial que se manifestó en las instituciones que persisten hasta nuestros días, tanto en lo político, como en lo económico y social. Los lineamientos de la "Declaración de Derechos Económicos" de Roosevelt fue olvidada. Con el paso del tiempo se ha impuesto, tanto en los Estados Unidos, como a nivel mundial, una apología a la desigualdad, la reducción del Estado y la concentración de las riquezas. Se impone reivindicar la propuesta Declaración de Roosevelt.