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Por Pablo Giuliano

SAO PAULO, 8 nov (Xinhua) -- Tomar té chino en el mayor país cafetero, Brasil, es posible, pero no solo eso. Dos emprendedores brasileños se convirtieron en especialistas en esta milenaria infusión de China y han construido un puente cultural, comercial y turístico entre ambas naciones.

La casa ChaYê, situada en el barrio bohemio de Pinheiros en Sao Paulo, la mayor ciudad de Brasil y de Sudamérica, ha logrado desde 2015 inesperados adeptos brasileños al té chino, así como al arte y artesanía típicos para tomar esa bebida del país asiático, el principal socio comercial de Brasil desde 2009.

El nombre del establecimiento se origina de la palabra "Chaye" (té) del chino, pero "cha" también significa té en portugués, un vívido reflejo del gusto de sus dos dueños y de la relación histórica entre el té chino y el brasileño.

"Tenemos la ventaja de conocer las regiones productoras. Compramos de quien lo planta y vendemos a quien lo toma, todo el proceso sin intermediarios. Durante 10 años viajamos por muchos lugares de China en busca de los diversos tipos de té", relató a Xinhua Joao Campos, cofundador de ChaYê con Caio Barbosa.

Ambos son economistas (Campos también es gastrónomo) y desde 2009 comenzaron a interesarse por las relaciones comerciales entre China y Brasil. El trabajo de consultoría hecho en distintas regiones de China les dejó una alianza con la historia del té y la posibilidad de llevarlo al remoto continente latinoamericano.

Con los viajes a China por tantas regiones productoras, han logrado poner en el menú de ChaYê entre 35 y 40 tipos de té.

Además, la diversificación de lo que significa un producto tan noble ha llevado a los socios brasileños a organizar cursos de capacitación sobre el té chino y, sobre todo, a abrir una agencia de giras temáticas específicamente para los brasileños.

"Nosotros colaboramos con una relación saludable y amigable con ambos países, aunque aún somos pequeños, con nuestra pequeña casa de té en Sao Paulo. Nos vemos como una suerte de embajadores de China en Brasil y de Brasil en China. Hacemos un trabajo, además del comercial, para aproximarnos culturalmente", confió Campos.

Para el próximo año está previsto un viaje por el este de China, partiendo de Shanghai hacia la montaña Wuyi, la montaña Amarilla y Hangzhou, para recorrer la región del llamado "té imperial".

La historia de los intercambios del té entre China y Brasil se remonta a hace más de doscientos años. En 1812, un grupo de productores chinos llegaron a Brasil con semillas y té germinado. Trataron de cultivar la planta donde está hoy en día el Jardín Botánico de Río de Janeiro, al tiempo que difundieron la tecnología de plantación.

Para Campos, al principio no parecía fácil estimular el interés del gran público brasileño por el té, sobre todo en vista de que Brasil es desde más de un siglo el primer productor y exportador mundial de café.

"El café es un poco caro en China y el té es un poco caro en Brasil", apuntó.

Pero con paciencia y constancia, descubrieron que cada vez más clientes comenzaban a diferenciar el té artesanal chino de las infusiones industriales. Clientes chinos de todas las edades también se acercan habitualmente al establecimiento, al que consideran un tesoro para disfrutar del té de alta calidad de su tierra natal.

"El té de China tiene una calidad mundial tan grande que su propia historia hace publicidad al producto. Los brasileños que se interesan están atraídos por la historia y el sabor, los utensilios típicos que traemos desde China y también por la posibilidad de conocer China de otra manera, a través de la historia del té", resaltó. Fin