BEIJING, 21 jul (Xinhua) -- El vicepresidente de EEUU, Mike Pence, y el secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, se han entrometido una vez más en los asuntos internos de China. Esta vez, su pretexto y objetivo es la libertad religiosa de China.

En una conferencia sobre libertad religiosa organizada por Estados Unidos a principios de esta semana, Pence pronunció un discurso incendiario contra China. Sin embargo, las palabras del líder de Estados Unidos estaban llenas de falacias y contradicciones.

Por un lado, afirmó que la persecución religiosa en China se ha enfocado en la fe cristiana, aunque, al mismo tiempo, observó que la cantidad de cristianos chinos se había disparado de menos de medio millón a 130 millones en los últimos 70 años.

Al parecer, para Pence, la verdad queda sepultada por su prejuicio.

El aumento en el número de cristianos chinos es un testimonio indiscutible del compromiso de Beijing de garantizar los derechos legítimos de su población y la libertad de culto.

China tiene alrededor de 200 millones de creyentes religiosos, de los cuales 20 millones son musulmanes. También hay más de 380.000 clérigos en China y aproximadamente 5.500 grupos religiosos y 140.000 lugares de culto registrados para actividades religiosas.

En Xinjiang, hay 24.400 mezquitas, lo que equivale a una media de una mezquita por cada 530 musulmanes. En comparación, la cantidad de mezquitas en Estados Unidos es menos de una décima parte que la de Xinjiang, según estadísticas disponibles públicamente.

Xinjiang respeta y protege plenamente la libertad de creencias religiosa según lo estipulado en la Constitución de China, y respeta la libertad de los ciudadanos para creer o no creer en cualquier religión, dijo un documento publicado el domingo por la Oficina de Información del Consejo de Estado.

En palabras del portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Geng Shuang, en junio, las políticas étnicas y religiosas de China son abiertas y transparentes, y los hechos siempre están a la vista de todos.

Los políticos de Washington optaron por mentir sobre la trayectoria en materia religiosa y de derechos humanos de China, mientras que otros miembros de la comunidad internacional se han mantenido honestos.

En una carta conjunta presentada el 12 de julio al presidente del Consejo de Derechos Humanos de la ONU y al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, los embajadores de 37 países ante la ONU en Ginebra elogiaron los "logros notables de China en el campo de los derechos humanos al adherirse a la filosofía del desarrollo centrado en las personas y la protección y promoción de los derechos humanos a través del desarrollo".

Como un ambicioso proyecto para impulsar el progreso y la estabilidad social en Xinjiang y para ayudar a la región a alcanzar la prosperidad, se han invertido cerca de 120.000 millones de yuanes (17.500 millones de dólares estadounidenses) en Xinjiang, y más de 87.500 cuadros, maestros, médicos, enfermeras y técnicos han sido enviados a trabajar allí en la última década.

Impulsados por el doble rasero, ciertos políticos en Washington claman que los esfuerzos de China para acabar con el extremismo y el terrorismo son "persecución contra la fe religiosa".

Algunos detractores en Estados Unidos incluso comparan los centros de educación y capacitación vocacional en Xinjiang con "campos de internamiento".

Quizás la próxima vez que personas como Pence y Pompeo intenten atacar el registro en materia de derechos humanos de China, deberían primero echar un vistazo al de Estados Unidos. Los abusos contra los derechos humanos que causan escalofríos detrás de los altos muros y el alambre de espino de la bahía de Guantánamo efectivamente materializan lo que Pompeo llamó la "mancha del siglo". El campo de detención de la bahía de Guantánamo permanece abierto y funcional hasta hoy.