FotosPL: Ileana Piñeiro París, 20 jul (Prensa Latina) El movimiento de los Chalecos Amarillos realizó hoy protestas en varias ciudades de Francia bajo una estrecha vigilancia policial, en el trigésimo sexto fin de semana consecutivo de manifestaciones desde el 17 de noviembre.

Aunque los movilizados fueron pocos en comparación con las decenas y hasta los cientos de miles que salieron a las calles a finales de 2018 y los primeros meses de este año, los activistas aseguran que no abandonarán sus demandas de cambios sociales, entre ellas un mayor poder adquisitivo.

'Esto es más que números, hay un descontento social con las políticas del gobierno y somos muchos los que pensamos así. Se trata de un reto lograr la movilización de todos', dijo en esta capital a Prensa Latina Patrick, un manifestante vestido con el tradicional atuendo de cada sábado, ya con menos color y muchos reclamos escritos.

La renuncia del presidente Emmanuel Macron, la liberación de los compañeros detenidos y una economía centrada en las personas fueron hoy algunas de las exigencias.

En París, la nueva movilización, que partió de la plaza de la Puerta de Saint-Cloud, se desarrolló bajo un despliegue policial importante, aunque sin incidentes notables, salvo el lanzamiento de objetos entre los activistas y algunos vecinos, constató Prensa Latina.

Esta semana, un reporte parlamentario atribuyó a los chalecos amarillos millones de euros en pérdidas durante sus ocho meses de existencia, con sectores particularmente golpeados como el turismo y los negocios privados.

También generó polémica y mucho seguimiento mediático la revelación de que el ministro del Interior, Christophe Castaner, condecoró el mes pasado a varios policías investigados por violencia contra los manifestantes.

Castaner reaccionó a las críticas y prometió el retiro de las medallas a los que se encuentren culpables, pero pidió respeto para el principio de la presunción de inocencia.

Para el gobierno, el movimiento que atrajo toda la atención de Francia meses atrás y desencadenó medidas sociales, ya no tiene razón de ser, bajo el argumento de que Macron adelanta iniciativas en sintonía con las preocupaciones de la población.