(ALAI-AmLatina)

Jesús Dávila. SAN JUAN, 11 de febrero (NCM).- La desaparición del avión con suministros enviados desde Puerto Rico para ayudar a derrocar el gobierno de Venezuela, así como el silencio de República Dominicana y Curazao sobre su supuesta participación en el delicado asunto, se han convertido en un punto de ahogo en la estrategia desplegada por Estados Unidos y la OTAN.

El episodio táctico frustrado -que afecta la credibilidad de la Casa Blanca- contrasta con la fuerza que ha demostrado la Comunidad del Caribe (CARICOM) al presentar un muro de islas de contención en el que se ha distinguido el despliegue diplomático que ha desatado México.

Por supuesto, de momento es apenas una escaramuza mediática en la lucha por mantener la hegemonía de una narrativa que apoye la etapa de presiones internacionales, en lo que se teme sea el preludio de una guerra impulsada por EEUU y sus aliados de la alianza militar OTAN. Esta misma semana, el proceso ha entrado en una segunda etapa, con la visita del presidente colombiano Iván Duque a Washington y la reunión de aliados de la ofensiva de todo el mundo en la sede de la Organización de Estados Americanos para discutir el envío de "ayuda humanitaria" para apoyar la oposición venezolana.

Todo eso, con los objetivos estratégicos declarados de desalojar del poder a los gobiernos de Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia, así como asestar un golpe fuerte a la influencia de Rusia, Irán y China.

Ya EEUU ha logrado difundir amplificado el relato de un convoy de suministros de alimentos y medicinas estancado en Cúcuta, Colombia, de dos furgones y siete camiones menores suficientes para dar comida una vez a 12.000 personas, que -al cierre de esta crónica- trata de entrar infructuosamente por un puente que no se ha inaugurado, guardado por obstáculos terrestres y 30 militares de Venezuela.

Esa narración deja fuera que cerca de dicho puente de la Tiendita están, abiertos y funcionando, los puentes de Santander y Simón Bolívar, por donde entran y salen diariamente miles de venezolanos a comprar comida y medicinas en Colombia, ni por qué los millonarios opositores de Venezuela no usan sencillamente parte de su dinero para comprar y repartir comida para los necesitados de su propio país.

Pero la operación montada desde la base de retaguardia de Puerto Rico tiene unas características muy particulares y ha servido para mostrar una posible ruta, con apoyo de otras islas, para acercar los suministros al teatro de operaciones.

Lo primero que debió salir la semana pasada, según anuncio del Gobierno de Puerto Rico, era un barco cargado de suministros, del cual no se volvió a saber. Después se produjo la historia del avión.

Se trataba de un avión pequeño de carga con enseñas de la oposición venezolana y menos de dos toneladas de suministros, que fue mostrado en un video mientras era cargado y remontaba vuelo para llegar esa misma noche a Venezuela. Luego de que la oposición no reclamó que hubiera aterrizado en el territorio nacional y que el Gobierno de la República Bolivariana se burlara del anuncio como una fantasía, el gobierno puertorriqueño optó primero por decir que el paradero y la ruta eran confidenciales y que no había llegado al destino declarado, lo que tampoco sirvió de mucho.

Fue entonces que el Gobierno de Puerto Rico aseguró que la aeronave se había desviado primero a una escala no explicada a República Dominicana, de donde voló a Curazao. Allí habría dejado la carga almacenada, en la espera de conseguir algún transporte marítimo que burlase la vigilancia de los guardacostas venezolanos.

A la fecha de cierre, no había confirmación de eso de parte de República Dominicana ni de Curazao y, finalmente, el Gobierno de Puerto Rico informó que no sabía dónde estaban el avión y la carga.

El caso resalta el uso de una colonia de EEUU y otra de Holanda, ambas sometidas a la dictadura de juntas de control, para un corredor estrecho, mientras en general el Caribe isleño independiente no avala la intervención estadounidense.

Mientras se desarrollan los eventos del convoy estancado en Cúcuta y el avión desaparecido de Puerto Rico, la Armada de Venezuela no tuvo problema alguno para cruzar el Mar Caribe de sur a norte y llevar una carga de maquinaria y otros suministros a Cuba, afectada por un tornado. Además, las fuerzas armadas bolivarianas continúan preparándose para la eventualidad de una invasión y esta misma semana se llevan a cabo maniobras en ocasión de conmemorarse el bicentenario del Congreso de Angostura, que marcó un hito en la lucha por la independencia.

Esa preparación para la resistencia se produce en momentos en que en EEUU se discute de manera abierta los puntos a favor y en contra del envío de una fuerza expedicionaria, o una operación aeronaval que involucre tropas terrestres de Colombia y Brasil.

Ante un escenario tal, Venezuela cuenta con apenas decenas de aviones y de barcos de guerra, aunque analistas militares internacionales destacan que la calidad de sus defensas antiaéreas haría necesario el uso de aviones de quinta generación para poder penetrarlas y bombardear con éxito sus bases. Además, a los cientos de miles de soldados regulares, se sumarían cerca de dos millones de milicianos, lo que abriría la posibilidad de una guerra prolongada y la incertidumbre sobre cuál sería la respuesta de Rusia y China, entre otros.

Otro aspecto de la operación militar es el efecto colateral que pueda tener en la estabilidad de las islas caribeñas.

Puerto Rico y Curazao hasta ahora se han mantenido bastante tranquilas a pesar de las medidas draconianas tomadas por las respectivas juntas de control, impuestas por EEUU y Holanda. De igual forma, los territorios controlados por Inglaterra no han mostrado mucha tensión por la salida de su metrópoli de la Unión Europea, ni los alzamientos populares en Francia parecen haber tenido eco mayor en las Antillas Francesas.

Se trata de situaciones volátiles en una zona estratégica.

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