Por Richard Ruíz Julién

Addis Abeba, 15 abr (PL) La Gran Presa del Renacimiento Etíope no es solo un proyecto de infraestructura; también se concibió como una declaración sobre la visión y compromiso de este país con su propio desarrollo, sostuvieron hoy académicos locales.

El proyecto cumplió siete años del comienzo de su construcción, un acontecimiento que casi pasó desapercibido en medio de la cascada de noticias trascendentales acontecidas recientemente.

Desde la liberación de miles de detenidos, la renuncia del primer ministro Hailemariam Desalegn, la declaración de un estado de emergencia, así como las intensas deliberaciones posteriores dentro del gobernante Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope, que culminaron en la elección de un nuevo jefe de Gobierno, todo pareció opacar el aniversario del que muchos consideran el mayor plan socioeconómico de Etiopía.

No obstante, para analistas como J. Peter Pham, del Centro de Estudios Estratégicos de Addis Abeba, no sería una exageración decir que, a medida que se aproxima la terminación del embalse, su impacto estratégico en toda la región del noreste de África puede ser mayor que cualquiera de los eventos políticos que recientemente llenaron los informativos.

Pham destacó que desde el principio, la construcción no fue financiada por instituciones internacionales ni por países donantes, sino por bonos comprados por los etíopes en el país y en el extranjero.

El proyecto en sí mismo es administrado directamente por Ethiopian Electric Power, con la firma de construcción italiana Salini Impregilo y la Metals and Engineering Corporation de Etiopía, como los dos principales contratistas.

A su vez, participa como consultora una empresa conjunta franco-italiana, Coyne et Bellier y ELC Electroconsult.

En tanto, de las aproximadamente nueve mil personas que trabajan en las obras, solo unas 250 son expatriadas, pues la mayoría de los empleados son etíopes.

La presa es, a consideración de expertos, una hazaña de ingeniería, que abarca el Nilo azul a partir de una estructura de hormigón compactado de mil 870 metros de ancho que, junto con una presa de silleta adicional de cinco mil 200 metros, contendrá finalmente un embalse de mil 874 kilómetros cuadrados.

Las dos centrales eléctricas exteriores están equipadas con 16 unidades de generación de energía, para una capacidad instalada de seis mil 50 megavatios, lo cual le convertirá en el mayor productor de energía eléctrica de África y el séptimo más grande del mundo.

Tiene el potencial de acelerar la transformación de Etiopía de una economía mayormente agrícola a una potencia industrial, subrayó Yibra Mehari, vicepresidente del Centro de Análisis para África de la Universidad de Addis.

Además, tendrá efectos secundarios que benefician a la región en general; las extensas líneas de transmisión, muchas de las cuales ya están en funcionamiento, conectan a Etiopía con Sudán, Djibouti y Kenya.

Más allá de los temores de Egipto de que se afecte su cuota de agua, Etiopía estará en condiciones de satisfacer una gran parte de las necesidades energéticas del África subsahariana y el norte de África a través de electricidad barata y limpiamente generada, manifestó Mehari.

El desafío, señalaron los especialistas, será navegar entre el aparente conflicto de intereses de dos de los estados más antiguos y pujantes del continente y llegar a una solución en la que todos salgan ganando.