Por Raúl Menchaca

MATANZAS,12 mar (Xinhua) -- Más que un increíble compendio de la farmacopea cubana de los Siglos XIX y XX, la Botica Triolet es un verdadero almacén de recuerdos de las dolencias de miles de personas que en algún momento buscaron remedio para sus enfermedades en ese centenario centro.

Situado frente al céntrico Parque de La Libertad, en el corazón de la occidental ciudad cubana de Matanzas, el actual Museo Farmacéutico exhibe más de un millón y medio de fórmulas junto a implementos que se empleaban para la producción artesanal de medicamentos.

"Este es un lugar excepcional. Esta es la única botica francesa de finales de siglo XIX que se conserva original y completa en el mundo", dijo a Xinhua la directora del museo, Marcia Brito, quien lo dirige desde hace 36 años.

Brito, quien es licenciada en Ciencias Biológicas, llegó a la institución hace cuatro décadas cuando investigaba entre las fórmulas asentadas en los 55 libros de la farmacia.

"Esos documentos son trascendentales, porque indican, por fecha, la cantidad de recetas que se hacían y qué médicos las formulaban", explicó Brito, quien, además, se confeso enamorada del lugar donde le gustaría jubilarse.

El amor de Brito por Botica Triolet es entendible si se toma en consideración que en el edificio, de una hermosa arquitectura colonial, atesoran también más de 800.000 etiquetas, miles de medicamentos originales y una enorme colección de porcelana francesa, incluso anterior a la fundación de la botica.

El inmueble, de una conservación admirable, posee toda la madera original, tallada a mano por el carpintero catalán Juan Flores.

La botica fue fundada el 1 de enero de 1882 por los doctores en Farmacia, Juan Fermín Figueroa y Ernesto Triolet Teliebre, amigos que se convirtieron en parientes, luego de que María Justa de Figueroa, hermana del primero, contrajera nupcias con Triolet.

A la muerte de Justa, Triolet se casó con la hija de Figueroa, Doña María de los Dolores, quien poco tiempo después, en 1886, se convirtió en la primera cubana con el título de doctora en Farmacia.

Botica Triolet cambió de manera radical el sistema de las llamadas boticas que hasta ese momento eran modestos almacenes con botellas llenas de productos químicos y jarabes para remedios medicinales, además de obleas, papelillos y "patentes" de los nacientes laboratorios farmacéuticos de Estados Unidos y Francia.

Conocida como la Botica Francesa, la institución ganó rápidamente la aceptación de la población cubana impresionada por sus destiladoras, hornos, alambiques, balanzas y retortas, un instrumental moderno para la época, además, bellamente elaborado.

Los frascos que guardaban las fórmulas de aquella farmacia son exclusivos, pues se fabricaron expresamente para la institución, cuya estantería de caoba aún conserva una extensa colección de botes de porcelana en los que se acumulaban productos para venta al menudeo.

Extensos gaveteros que contienen sobres de hierbas medicinales, las primeras ámpulas para sueros y varios de los llamados "ojos de boticario" se conservan en la Botica Triolet, la cual dejó de funcionar en 1964 para convertirse en el actual Museo, primero de América Latina de su tipo.

La intención de recuperar y conservar en todos los detalles ese histórico establecimiento permite ahora mostrar esos artículos de inapreciable valor histórico en una institución declarada como Monumento Nacional en 2007.

El emblemático lugar, exponente de la arquitectura neoclásica cubana de fines del siglo XIX, es visitado a diario por cientos de personas para apreciar maderas preciosas, mármoles y porcelanas antiguas, que atesoran un añejo legado no imaginado por aquel francés que renovó la farmacopea cubana.

Más que un museo, la Botica Triolet es un muestrario de la lucha del hombre contra las enfermedades y, por eso, con remembranzas tristes y felices, un almacén de recuerdos de las dolencias de miles de cubanos. Fin