Ginebra, 11 jun (Prensa Latina) Sendas intervenciones del presidente francés, Enmanuel Macron, la canciller federal alemana, Angela Merkel, y el primer ministro ruso, Dmitry Medvedev, centraron la atención hoy de la Conferencia Internacional del Trabajo, con sede en esta ciudad.

Cerca de seis mil delegados, en representación de Gobiernos, trabajadores y empleadores, debaten aquí, hasta el 21 de junio, cómo abordar los factores que propician la transformación actual del trabajo.

En su alocución, Macron apuntó que el mundo afronta una crisis casi existencial, 'de civilización', y que esta es a la vez social, económica y medioambiental.

'En los últimos 40 años el capitalismo de acumulación ha pervertido la organización de nuestras sociedades', denunció.

Reconoció que pese al grave impacto social de la crisis financiera iniciada en 2008, el modelo económico actual sigue siendo el mismo que imperaba en ese entonces.

'Los que escucharon hace tiempo que la apertura del mundo era buena descubrieron luego el otro lado de la medalla: deslocalizaciones, degradación de las condiciones de vida y de trabajo, dumping social y medioambiental', relató Macron.

Sobre la presencia de la robotización, la inteligencia artificial y la digitalización en todas las esferas de la economía, el Jefe de Estado francés recalcó que 'la gente tiene miedo, no ve oportunidades, sino amenazas'.

Acerca del tema, Merkel advirtió que estas 'son preguntas que están en la cabeza de todos. Los puestos de trabajo serán diferentes y exigirán nuevas competencias. En Alemania los trabajadores se preguntan si podrán seguir adelante con sus competencias o si encontrarán un buen trabajo'.

Sin embargo, para el primer ministro ruso, Dmitry Medvedev, 'las nuevas tecnologías hacen que los trabajos sean menos intensivos en mano de obra y que el mercado laboral sea más global. A cambio, los empleadores que se benefician de ello deben estar preparados para hacer concesiones a sus trabajadores'.

'Es muy posible que el futuro pertenezca a la semana de cuatro días como la base del contrato de trabajo social', dijo Medvedev, y argumentó que 'pagar el mismo dinero por menos horas de trabajo puede no ser una pérdida para los empleadores y las economías nacionales'.

El Primer Ministro ruso agregó que semanas laborales más cortas ayudarían a abordar problemas como el agotamiento, una condición que la Organización Mundial de la Salud clasificó como enfermedad el mes pasado.

Subrayó que a las corporaciones y los Gobiernos les interesa amortiguar el impacto de tales cambios en la fuerza laboral, de lo contrario, podrían enfrentar descontentos masivos y posibles disturbios por parte de poblaciones desempleadas.

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