La Habana, 25 mar (Prensa Latina) Los cantos de sirena mantuvieron su espiral seductora

hasta febrero pasado: aún así pocos se atrevieron a vaticinar la posposición de los Juegos

Olímpicos de Tokio 2020.

Hoy es un hecho, bastante doloroso sin duda alguna, que estremecerá las cimientes del deporte

mundial y traerá consecuencias tremendas, en el mejor de los escenarios. Por cuarta vez en la historia, los Juegos Olímpicos se suspenden en el año programado desde sus inicios en la era

moderna de Atenas en 1896

La pesadilla actual bajo el manto del nuevo coronavirus SARS-CoV-2 que provoca la Covid-19,

no vislumbra todavía un final en el horizonte. Sin embargo, hay expectativas favorables con las

medidas extremas adoptadas por la comunidad internacional y la intensidad de las

investigaciones y pruebas de científicos de numerosos países.

Tokio, la capital japonesa devenida megaciudad de 32 millones de habitantes (con sus ciudades

satélites), prometía este año una cita olímpica memorable que dejaría huellas indelebles en la

trayectoria de estos encuentros deportivos. Queda aguardar probablemente un año entero.

En el pasado, la urbe principal de la tierra del Sol Naciente, sufrió la cancelación de los Juegos

de 1940 cuando en un telegrama fechado el 16 de julio de 1938 el miembro del COI de Japón

Togukawa Soyeshima anunció la mala nueva: 'prolongadas hostilidades sin perspectivas de paz

inmediata', aconsejaron la suspensión de las justas.

-LA MALA HORA

El asunto no termina con una decisión trascendental que a todas luces demoró más de lo

previsto en razón de intereses financieros. Al final, la presión fue tan fuerte que el presidente

del Comité Olímpico Internacional (COI), Thomas Bach, y el primer ministro de Japón, Shinzo

Abe, llegaron al arreglo de postergarlos para 2021.

Para Japón, los Juegos que ya andaban por encima de los 13 mil millones de dólares en

inversiones, representa un severo golpe a su economía y la necesidad de crear una ingeniería

colosal para arreglar contratos, compromisos y fechas de compromisos, adquiridos antes del

caos que trajo la Covid-19.

Empero, el entramado que sigue ahora es muy complejo. La cancelación de este año pudiera

significar el fin de la carrera deportiva de numerosos aspirantes por razones de edad, o el

descenso de sus niveles competitivos de otro enorme grupo después de los sacrificios

descenso de sus niveles competitivos de otro enorme grupo después de los sacrificios

realizados durante un extenso período.

Igualmente, pérdidas absolutas en el plano financiero ante la debacle de contratos con

patrocinadores y de inversiones puestas en función de los deportistas para sus saltos

cualitativos. Y por si fuera poco, efímeras esperanzas de recuperación de ingresos por

entradas a los estadios cuando las arcas amenazan con quedarse a la deriva varios meses

más.

-NUEVA ARQUITECTURA

Si se requiere de una ingeniería con grandes potencialidades para arreglar los entuertos

financieros y contractuales, en el plano deportivo los miembros del COI y las Federaciones

Internacionales se verán obligados a generar iniciativas hacia el diseño de una arquitectura

extraordinaria y audaz para arreglar sus calendarios.

A primera vista, toda esta prolongada pausa a eventos de élite repercutirá indefectiblemente en

los avatares del olimpismo. Suspendidos o pospuestos se hallan la Champions League y las

ligas europeas, entre ellas las de España y Reino Unido; la NBA del basquetbol, los Grand Slam

de tenis, las vueltas ciclistas, incluido el glamoroso Tour de France, y todas las lides del orbe.

Asimismo, las Grandes Ligas del beisbol de Estados Unidos y la Liga Diamante del Atletismo,

además de las justas de máximo rango del voleibol, natación y el resto de las disciplinas

olímpicas.

Por si fuera poco, las preguntas son tantas que será casi imposible lograr un esquema de

respuestas satisfactorias a todas las inquietudes. Por ejemplo, como navegar en aguas

tranquilas con la coincidencia de Juegos Olímpicos, Eurocopa y Copa América de Fútbol,

Mundial de Atletismo y lo ya mencionado anteriormente.

Los entrenadores también se enfrentan a desafíos impensables en la historia del deporte

internacional. Conciliar la preparación con las exigencias de un calendario de patas arriba y

satisfacer a los fanáticos se antoja la jaqueca más larga que pueda imaginarse.

Habrá tela por donde cortar en el futuro. Pero antes, eso sí, antes, la humanidad deberá

imponerse al drama que ha puesto en peligro a nuestro planeta: Covid-19.