Por Raúl del Pino Salfrán, Enviado especial

Doha, 7 oct (Prensa Latina) Las luces del Khalifa International Stadium permanecerán apagadas hoy, por primera vez, luego de 10 intensas jornadas del XVII Mundial de Atletismo, que organizó esta urbe hasta la noche de este domingo.

La capital qatarí -moderna, agitada- retoma su ritmo normal y tal parece que la magna cita de la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF) es cosa del pasado lejano.

Ya no se ve la enorme cantidad de carteles promocionales en cualquier esquina y, poco a poco, los hoteles se van quedando vacíos de atletas, entrenadores, federativos y periodistas que llegaron hasta aquí para participar o cubrir el certamen.

Doha fue una digna anfitriona que supo estar a la altura del reto que significó acoger el tercer evento deportivo más mediático del planeta, después de los Juegos Olímpicos de verano y el Mundial de fútbol, en una región con poca tradición deportiva y conflictos políticos frecuentes.

Este fue el primer gran examen de Qatar previo a la Copa de la FIFA en 2022, para la cual deberán pulir varios sinsabores que se dieron aquí y que se pudieran complicar ante la mayor flujo de espectadores que atrae el llamado más universal de los deportes.

El Mundial de Atletismo en Doha se puede evaluar desde dos aristas: la extradeportiva y la competitiva. Visto así, resultaron dos campeonatos diferentes.

Fuera del estadio las altas temperaturas hicieron que atletas y prensa atacaran a los organizadores desde mucho antes de iniciada la justa.

Si bien la modernidad de la instalación, con su aclimatado interior, creó un ambiente exquisito -y controlado- para las buenas marcas, los cambios de temperatura en relación con la pista de calentamiento en el exterior golpeó a más de uno.

Pero ese es un hecho menor si se compara con las 'torturas' sufridas por los participantes en la marcha y el maratón. Algunos hasta dijeron que la IAAF los 'obligó' a competir bajo condiciones inhumanas.

Otro aspecto que le restó puntos al certamen fue el poco público que asistió durante las primeras jornadas. Solo el día que se coronó en el salto de altura el ídolo local Mutaz Essa Barshim, el Khalifa rugió de verdad.

Una imagen que permanecerá grabada en la memoria fue aquella final de Shelly Ann Fraser-Pryce en los 100 metros, cuyo título celebró con apenas unos pocos miles de personas en medio de unas inmensas tribunas vacías.

De igual forma, para animar a quienes gustan centrarse más en los 'culebrones' que en las competencias, el escándalo por dopaje del entrenador estadounidense Alberto Salazar dio bastante páginas que llenar.

El preparador fue suspendido cuatro año por la Agencia Antidopaje de Estados Unidos apenas tres días después de comenzar la cita, en el cual tenía a siete atletas bajo su égida, entre ellos la campeona de mil 500 y 10 mil metros, la neerlandesa Sifan Hassan y el titular de 800 metros Donavan Brazier.

Más allá de calificar estos hechos o situaciones como buenos o malos, los mismos sirvieron para dar color a un campeonato que en lo deportivo sí dejó marcas extraordinarias, que lo convirtieron en uno de los mejores de todos los tiempos en ese sentido.

Algunos expertos indican que eso fue posible solo por el clima casi artificial que existió dentro del estadio, así como por su condición de semiabierto, lo cual no permitió casi incidir al viento, a diferencia de otras grandes instalaciones de su tipo en el mundo.

En definitiva, se implantaron dos plusmarcas universales: la de la estadounidense Dalilah Muhammad en los 400 con vallas y la otra en los relevos 4x400 mixto, una prueba que hizo su debut a este nivel.

Asimismo, se batieron seis récords de los campeonatos, así como 21 de áreas -el doble que hace dos años en Londres- y 86 nacionales.

El propio presidente de la IAAF, Sebastian Coe, reconoció que 'son marcas increíbles pero el mérito hay que atribuirlo también a las instalaciones y condiciones aportadas por el país anfitrión'.

Pero más tarde agregó que 'los atletas de todo el mundo han ofrecido el mayor espectáculo de la historia de los mundiales'.

Del gran show vivido en Doha, América Latina y el Caribe fue protagonista y superó su actuación de Londres hace par de años, con nuevos países que subieron al podio, aunque otros que se fueron con las manos vacías.

Una vez más Jamaica impulsó a la región en la tabla de preseas con tres títulos, a pesar de no poseer ya ese dominio absoluto en la velocidad, mientras Cuba regresó a lo más alto del podio con el 1-2 en el disco femenino y Yulimar Rojas daba otra corona a Venezuela en el triple salto

A ese botín hay que sumarle más celebraciones caribeñas, gracias al título en los 400 metros lisos para varones del bahamés Steven Gardiner y el sorprenderte oro en al jabalina masculina de Anderson Peters, de Granda, en la jornada del cierre.

Por su parte, Estados Unidos demostró su hegemonía en el atletismo mundial y con una excelsa combinación de atletas ya establecidos y un puñado de jóvenes talentosos elevó su rendimiento de Londres y conquistó 14 coronas, la cifra más alta desde Osaka 2007.

Un nuevo Mundial de Atletismo bajó sus cortinas y la IAAF puede mirar atrás con la satisfacción del deber cumplido.

Doha, y todo Qatar, resultó un excelente anfitrión, el cual demostró que los eventos deportivos al más alto nivel sí pueden llevarse a naciones diferentes, distantes, alejadas de las que habitualmente reciben estas citas.

rgh/rps