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ELECCIONES DOMINICANAS, PARTE DE LA HISTORIA (Y II)

POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES

El poder y el derecho

Los historiadores, juristas, filósofos y observadores de los temas políticos del pasado remoto reflexionaron y dejaron para las generaciones futuras certeros juicios sobre los vínculos del poder y el derecho. Muchos de ellos se mantienen vigentes siglos después.

Todas las estructuras legales y jurisprudenciales están atadas al poder: La Constitución de la República; leyes orgánicas, leyes adjetivas; múltiples decisiones judiciales; reglamentos y normas de órganos administrativos, etc. Sin embargo, muchas de las acciones del poder a menudo se hacen con menosprecio del tinglado legal imperante.

Para explicar mejor lo anterior (tomando en cuenta que el proceso electoral en sí está enmarcado en reglas legales) me socorro del pensamiento siempre lúcido del gran maestro del derecho constitucional francés Maurice Duverger quien, con su brillantez y amplio concepto humanista de los fenómenos políticos, señala con claridad meridiana que: "En las sociedades modernas, el derecho es uno de los instrumentos esenciales del poder. No toda la actividad del poder se desarrollo dentro del marco del derecho, y un análisis puramente jurídico de las instituciones políticas proporcionaría una visión parcial y falsa..."1

La elección de autoridades de competencia pública mediante el voto popular tiene un impacto en muchas de las actividades de la población en general, ergo, es importante conocer aunque sea una parte mínima de lo que ocurrió en el pasado electoral dominicano.

Estamos a pocas horas de que se abran las urnas para escoger un nuevo tándem presidencial y renovar el Congreso Nacional, pero se sabe que en esta ocasión la Junta Central Electoral tuvo que hacer la proclama electoral en medio de la pandemia del coronavirus que afecta al país y que azota a gran parte del mundo. La economía, y las demás actividades que inciden en el movimiento normal de la sociedad, están afectadas y su recuperación no será rápida.

Cuando Horacio Vásquez

La Asamblea Constituyente, proclamada el 13 de junio de 1924, redujo el mandato presidencial de 6 a 4 años. Bajo ese paraguas constitucional resultaron ganadores de las elecciones efectuadas en el país el sábado 15 de marzo del indicado año los señores Horacio Vásquez y Federico Velázquez, quienes el 12 de julio siguiente asumieron respectivamente la Presidencia y la Vice Presidencia de la República para gobernar por 4 años. Así comenzaba en el país lo que una corriente historiográfica ha denominado la Tercera República.

Mediante maniobras empotradas en la seudo legalidad el primero logró extender su permanencia en el poder hasta el 1930. Velásquez rechazó y combatió esa arbitraria decisión, pero es tema para otro análisis. Además de la ilícita extensión del mandato, el entonces presidente optó por la repostulación.

Por expresiones desencajadas que el pueblo ha tenido que escuchar con perplejidad en estos días cae de perilla recordar que en el 1930 un confundido Horacio Vásquez Lajara, en una descarga politiquera a profundidad, tildaba desde la poltrona presidencial a sus opositores de ser "perros ladrándoles a la luna."

De esa manera desdeñaba el haber político de sus contrarios y sin pensarlo servía como caldo de cultivo para que el lobo gris de entonces, agazapado en una fementida lealtad, diera el zarpazo que eclipsó por 30 años el sol de la libertad dominicana.

Frente a esa y otras declaraciones parecidas, dichas en una situación muy delicada, el acucioso investigador puertorriqueño Víctor Medina Benet escribió en su obra Los Responsables que el presidente Vásquez actuaba con un aire "presumido, arrogante, soberbio y desafiante, menosprecia a la oposición; no toma en cuenta su fuerza potencial."2

Aunque las circunstancias políticas y electorales de entonces y de ahora son diferentes, vale decir que ese mismo Horacio Vásquez, ya desacreditado y mal visto por gran parte de la población, fue el que el 2 de marzo del citado 1930 se reveló como "un ídolo de piernas de barro que rodó por el suelo en aparatosa caída."

El hombre que fue tres veces Presidente de la República había olvidado, tal vez por ambición y ceguera política, que los seres humanos somos simples partículas atómicas con muy corta envergadura en la capacidad de vuelo bajo la bóveda celeste.

Lo dicho arriba por el caudillo mocano revela que él no sabía o no le puso atención a una frase lapidaria, lanzada como una daga en la conciencia nacional por el ilustre maestro Eugenio María de Hostos, cuando comprobó trapisondas electorales decimonónicas: "La urna electoral es el único sucesor legítimo y pacífico de las balas."3

La estampa moral de Espaillat

Muchas cosas han ocurrido desde que las campañas políticas dominicanas sólo se hacían de boca a oreja hasta este presente; pero la sustancia en sí ha variado muy poco.

Se puede decir de la política criolla lo que sostenía un admirado prócer civilista de quien el general Gregorio Luperón dijo "un día la historia colocará a Espaillat en el puesto más digno entre los distinguidos hombres de Estado de América para que sirva de insignia al civismo."

Fue Ulises Francisco Espaillat, con su inmensa estampa moral, quien proclamó lo siguiente: "Llamamos aquí política, a la falta de toda noción de gobernar, y a la sobra de intrigas sucias, inmorales e indecentes...Qué farsa! Qué vergüenza!"4

El valor de esas palabras del ex Presidente Espaillat se puede medir, entre otras razones, por lo que de él expresó el prestigioso pensador antillano Eugenio María de Hostos: "El hombre más digno del ejercicio del Poder que ha tenido la República."

Plena validez tiene, en consecuencia, particularmente en este momento en que faltan horas para que se abran las urnas electorales en la República Dominicana, recordar al historiador, jurista y ensayista Américo Lugo cuando, refiriéndose a los hechos del pasado y su vinculación con el presente, reflexionaba certeramente que "es del pasado de donde viene siempre la luz con que vemos hoy con el espíritu las cosas...la luz de lo pasado es tan potente que permite prever ciertos acontecimientos de un futuro próximo..."5

Sufragio femenino

Hasta finales del año 1940 el andamiaje legal dominicano restringía la capacidad civil de las mujeres dominicanas, afectando una serie de derechos inalienables a la condición humana. El sufragio era uno de los muchos derechos cuyo ejercicio se les impedían a las mujeres.

Después de muchos años de lucha tesonera, con la ilustre educadora y sufragista Ana Emilia Abigaíl Mejía Soliere a la cabeza, se logró en el país eliminar esa barrera que mantenía en condiciones de marginalidad a las mujeres.

En efecto, el artículo 1 de la Ley 390, del 18 de diciembre de 1940, dispone que: "Se declara que la mujer mayor de edad, sea soltera o casada, tiene plena capacidad para el ejercicio de todos los derechos y funciones civiles, en iguales condiciones que el hombre."6

En base a ese texto legal las mujeres ejercieron por primera vez el derecho al voto para elegir las más altas autoridades del país en las elecciones del 16 de mayo de 1942, hace ahora 78 años. Ya se sabe que era la época en la cual el control absoluto de todas las instituciones estaba en manos de la feroz dictadura que sufría el pueblo dominicano.

La verdad es que, por una miríada de motivos, la República Dominicana se adelantó en eso a muchos otros países, tal y como lo demuestra la base motivacional de la Declaración Universal de los Derechos Humanos publicada el 10 de diciembre de 1948, la cual consagró en los tres numerales de su artículo 21 prerrogativas sobre temas electorales que incluyen a las mujeres.7

Gramsci, voluntad e inteligencia

La simulación está anclada en la política dominicana desde los albores de la República. Desde entonces para acá muchos han sido los gobernantes que se han colado revestidos de un manto de falsa legalidad obtenida bajo las típicas añagazas que en determinadas circunstancias han primado por encima de la voluntad de los votantes. Ello dicho para no hacer referencia a situaciones de facto que pueblan las páginas de la historia política del país.

Esa realidad de nuestro pasado, que oscila como un péndulo en cada proceso electoral, permite recordar en este interesante momento una fascinante mezcla metodológica de reflexión política aplicable para vencer obstáculos y romper amarres políticos, sociales y económicos cada vez más visibles en el tablero de la marrullería criolla.

Me refiero en el párrafo anterior a lo que el gran filósofo, sociólogo y político italiano Antonio Gramsci definió, con un trasunto del pensamiento del escritor francés Romain Rolland, como el optimismo de la voluntad transformadora y el pesimismo de la inteligencia. Gramsci hizo un despliegue conceptual para explicar ambas expresiones, que puedo resumir diciendo que para lograr los objetivos trazados no basta aplicar una sola de ellas, sino ambas, tomando en cuenta las circunstancias imperantes en cada caso.8

El gatopardismo

La voluntad transformadora como vanguardia debe ser la consigna de las elecciones de este fin de semana. Nada debe impedir que este proceso electoral, cuya principal actividad se producirá el domingo 5 de los corrientes, sea el punto de partida para ir drenando el mar de lodo que tradicionalmente ha inundado la política dominicana.

El resultado que arroje en unas cuantas horas el conteo de las votaciones podrá analizarse en clave de génesis, en el sentido de que puede ser el brote de importantes hechos concernientes al futuro del pueblo dominicano.

Es por eso que hay que desterrar de nuestra tierra el generalizado concepto político mediatizador del gatopardismo surgido de la interpretación que se ha hecho de la obra El Gatopardo, escrita a partir del 1954 por Giuseppe Tomasi de Lampedusa, pero con su escenario novelesco discurriendo en la convulsa Sicilia de 1860, y cuyo núcleo es la célebre frase cargada de paradoja del personaje Tancredi Falconeri a su tío Fabrizio Salina: " Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie. ¿Me explico? Abrazó a su tío un poco conmovido."9

La esperanza de los mortales

Los pueblos siempre tendrán derecho a reclamar que quienes los dirijan reúnan requisitos de decencia, pulcritud y capacidad.

El voto a un candidato es un premio (así como en la cucaña), pero al mismo tiempo es un compromiso que poquísimas veces cumple el beneficiario. Eso es una permanente reiteración de la ordinariez del submundo de la política.

La nación dominicana, como cualquier otra, tiene derecho a desear que quienes ocupen los principales puestos de elección popular ejerzan su mandato con espíritu generoso y pensando en el bien común. No en contubernio con grupos circulares a su alrededor.

A ese deseo de los pueblos fue a lo que hace ya más de 2,400 años el célebre poeta griego Píndaro se refirió cuando proclamó ante una muchedumbre que lo escuchaba con atención en un descampado de la ciudad de Escotusa, en la balcánica Tesalia: "la esperanza le acompaña, la esperanza que gobierna a su gusto el espíritu fluctuante de los mortales."10

Ahora los votantes dominicanos tienen la oportunidad de actuar con el mejor discernimiento sobre el destino inmediato del país. Con su decisión pueden decirles un no redondo y rotundo a aquellos que Platón en su siempre cautivadora obra La República definió como hábiles maestros y grandes sofistas que "no pudiendo nada con sus discursos, añaden los hechos a los dichos...¿No sabes que castigan con la pérdida de los bienes, de la reputación y de la vida misma a los que rehusan someterse a sus razones.?"11

La suerte, que es una categoría histórica, suele auxiliar a la República Dominicana en sus momentos más difíciles. En estas horas el pueblo dominicano va a necesitar de la suerte como acompañante de sus decisiones electorales.

Bibliografía:

1-Instituciones políticas y derecho constitucional. Quinta edición española. Ediciones Ariel, Barcelona, España, 1970.P33. Maurice Duverger.

2-Los Responsables. Fracaso de la Tercera República. SDB. Editora Búho, 2013.P347.Víctor M. Medina Benet.

3-Frases Dominicanas. Editora Taller,1980.P80.Editor Emilio Rodríguez Demorizi.

4-Escritos.SDB.Edición facsimilar. Editora Amigo del Hogar,1987.P44. Ulises Francisco Espaillat.

5-Escritos históricos. Editado por AGN y Banreservas, 2009. Américo Lugo.

6-Ley No.390, publicada en la Gaceta Oficial No.5535 del 18 de diciembre de 1940.

7-Declaración Universal de los Derechos Humanos, publicada el 10 de diciembre de 1948.Artículo 21.

8-Escritos (antología).Alianza Editorial, España, 2017. Antonio Gramsci.

9-El Gatopardo. Editora Longseller, Argentina, 2001.P34. Giuseppe Tomasi de Lampedusa.

10-Fragmentos.Tomo III. Editorial Gredos, 1984. Madrid, España. Píndaro.

11-La República. Editorial Universo, Perú, 1974.P163.Platón.