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Una versión da cuenta de que la tragedia fue vaticinada por un sacerdote, que habría advertido que sería un castigo de Dios porque los colonizadores maltrataban a los aborígenes.

Por Héctor Tineo Noasco

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SANTO DOMINGO, el 2 de diciembre de 1562, un terremoto destruyó la ciudad de Santiago de los Caballeros.

La ciudad había sido fundada en Jacagua, pero por los daños que le ocasionó el terremoto, fue establecida en el lugar que le sirve de asiento en la Actualidad.

Una versión da cuenta de que la tragedia fue vaticinada por un sacerdote, que habría advertido que sería un castigo de Dios porque los colonizadores maltrataban a los aborígenes.

En 1562, en Jacagua residían los primeros 30 colonizadores que se establecieron en el lugar.

Según la versión previa al terremoto, a la sección El Ingenio de Jacagua, se presentó un sacerdote que visitaba por primera vez la zona y al comprobar los abusos contra los nativos vaticinó que muy pronto sobrevendría un gran castigo, por lo que era necesario abandonar la villa de Santiago.

El sacerdote habría dicho que el castigo se produciría si los colonizadores españoles continuaban cometiendo abusos en contra de los aborígenes y como los maltratos se mantuvieron, la profecía del sacerdote se cumplió al pie de la letra: el 2 de diciembre de 1562, la primera villa de Santiago fue destruida por un terremoto.

En la Villa se produjeron deslizamientos en parte del terreno lo que provocó hundimiento en algunos puntos y levantamiento de otros.

Los daños ocasionados por el terremoto llenaron de temor a los santiaguenses y los colonizadores tomaron la decisión de trasladar la ciudad cerca del río Yaque del Norte.

Luego del terremoto circularon versiones muy extrañas. Por ejemplo, una indica que varios supervivientes al pasar mucho tiempo mirando las ruinas, "quedaban inmóviles y absortos al ver surgir de los escombros la figura que años atrás les había pronosticado un gran castigo.

Otra versión da cuenta de que habitantes de Jacagua vieron surgir de entre las ruinas la figura esbelta de un jinete montado en un "brioso caballo blanco", sosteniendo en sus manos una brillante espada y un luminoso escudo que relumbraban entre las tétricas tinieblas de la noche.

El historiador José Ulises Franco, en su obra "Perfiles y Cosas de Santiago", apunta que el espíritu de los supervivientes volvió a imponerse a sus calamidades; y otra vez un nuevo sismo destruyó la villa, lo que obligó a sus moradores a trasladarse a orillas del río Yaque del Norte, donde ya en el año 1650 contaba con 200 habitantes, algunos provenientes de comunidades vecinas.

Para esa época ya Santiago contaba con una Iglesia Parroquial construida de piedra, un cura y sacristán, así como el Convento de Nuestra Señora de Las Mercedes, que se conocía como "Redención de los Cautivos", en el antiguo callejón del Ex Convento, hoy calle General Cabral, entre otras obras.