POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES

La Sierra del Bahoruco y su propia naturaleza

La Sierra del Bahoruco está formada por muchos montes cortados, que se distribuyen principalmente entre las provincias Barahona, Pedernales e Independencia. Tiene una extensión superficial superior a los 2,400 kilómetros cuadrados. Algunos de sus cerros, mogotes y picachos son auténticos peñascos.

En el pasado remoto esa sierra estuvo cargada de palo de Brasil, córvano, almácigo, caoba, terebinto, cedro, roble, palma, nogal, pino, caimito, mangle ("para varazones de buhíos e estantes o postes para las casas"), helechos, líquenes, musgos, etc.; así como de aves que ahora no existen, reptiles en extinción, mamíferos, insectos, y otras riquezas prodigadas por la naturaleza. Las crónicas de amanuenses de los tiempos coloniales, y de otros escritores de épocas más recientes, así lo indican.

Como primer y principal escenario de la rebelión indígena en América la Sierra de Bahoruco ocupa un lugar prominente en lo que los geógrafos llaman topocetea, para referirse a los puntos geográficos de importancia histórica.

En su segunda vuelta por lugares de la isla, entonces llamada La Española, Bartolomé de las Casas, al describir el lago que luego sería llamado Enriquillo, comentó sobre su entorno más cercano, como la Sierra del Bahoruco y otras, "que están desta laguna a sur o mediodía, entre la mar tanto en la tierra...a las espaldas del Baoruco, dentro de la cual entra la sierra de la sal..."1

Parque Nacional Sierra del Bahoruco

El Parque Nacional Sierra del Bahoruco ha sido incluido en múltiples disposiciones administrativas del Poder Ejecutivo, así como decisiones del Congreso Nacional. En ocasiones ha sido visible, a simple golpe de vista, que los objetivos del tinglado legal no han sido sanos, sino todo lo contrario. Se ha pretendido romper la armonía integral de su estructura para satisfacer la voracidad de algunos.

La dejación de obligaciones institucionales ha perjudicado mucho a esa zona del país, lo cual a la postre se refleja en todo el territorio nacional.

El primer texto legal que de manera específica se refirió a la Sierra del Bahoruco fue el Decreto 1315, promulgado el 11 de agosto de 1983, mediante el cual fue declarado como Parque Nacional. Así lo dispuso el artículo 1, literal c) del mismo:

"El Parque Nacional "Sierra de Bahoruco", dentro del área que comprende las vertientes de la Cordillera de Bahoruco con Bosque Seco, ubicada entre Laguna Limón y Puerto Escondido y la Zona de Bosque Húmedo en la cercanía del Aguacate y el Hoyo de Pelempito."2

En julio del 1996 ese Parque Nacional fue declarado como área protegida; pero eso quedó en el simplismo de fachada que en República Dominicana tienen muchos decretos y determinadas leyes. 3

La depredación de la Sierra del Bahoruco ha seguido a pasos acelerados. Es uno de los lugares más vulnerables de la floresta nacional.

Finalmente (aunque con mucha vulnerabilidad) al crearse el Sistema Nacional de Áreas Protegidas, mediante los artículos 33 y 34 de la Ley 64-00, se incluyó en el numeral 19 del último artículo referido al Parque Nacional Sierra de Bahoruco dentro de "las categorías establecidas a las normas de la Unión Mundial por la Naturaleza."4

Una devastación de siglos

Los cronistas de la época colonial que recolectaron informaciones sobre la riqueza vegetal y faunística de la Sierra del Bahoruco dejaron, aún sin proponérselo, pistas sobre los primeros pasos de un largo proceso de devastación de los tesoros que la naturaleza fue depositando en ella durante millones de años.

Cuando Oviedo y otros comentaristas escribieron sobre de la abundancia allí del palo de Brasil, y al mismo tiempo indicaron que era entonces muy cotizado en Europa para procesar tintura, estaban confirmando el derribo masivo de dicho árbol para su comercialización. Sin dejar de citar los terebintos: "deste árbol se hace la trementina, según algunos afirman."

Así también ocurrió con la caoba, el roble, el cedro, el nogal, el pino y otros árboles de maderas muy solicitadas para adornar los más relumbrantes salones europeos.

Los usurpadores haitianos continuaron durante más de dos décadas con la malsana práctica de beneficiarse de la riqueza forestal de esa sierra y de otros lugares del país.

En la época republicana varios de los caciques políticos que en ella surgieron se aprovecharon de lo que dejaron los intrusos expulsados, siendo Buenaventura Báez uno de los mayores beneficiados con la destrucción de la zona boscosa de la Sierra del Bahoruco.

Diferentes equipos gubernamentales, en contubernio con sectores privados de los llamados poderes fácticos, han seguido socavando ese tesoro natural. Lo que antes era una jungla ahora tiene muchas áreas que son auténticos secadales.

El 22 de abril de 1982 el ilustre dominicano Ramón Arturo Guerrero Valera, ya fallecido, en un artículo titulado Pro parque nacional de El Baoruco, denunciaba lo que para esa fecha ocurría allí:

"Miles de hectáreas de bosques de hojas ancha y pinos están siendo arrasadas, no por campesinos conuqueros o carboneros, sino por empresarios de la madera."5

En este mismo año la prensa nacional se hizo eco de que sujetos poderosos se están dedicando a la tala masiva de árboles para dar paso a grandes plantaciones agrícolas en la parte oeste de esa sierra, lo cual contraviene las disposiciones de las leyes que la protegen de ese tipo de actividad.

En la devastación de los tesoros naturales de la Sierra del Bahoruco ha habido una complicidad ancestral, desde los tiempos coloniales hasta ahora. Ese territorio ha sido una de las tantas "vacas muertas" nacionales. Unos cuantos se aprovechan sin importarles la suerte del país.

De la cresta al pie de falda de la Sierra

A mediado del siglo XIX, cuando ya la República Dominicana era una realidad irreversible, el tránsito por el lateral sur de la sierra del Bahoruco era infernal. Desde Barahona "fue vereda que se volvía asaz fangosa...tortuoso, estrecho y empinadísimo sendero lleno de barrancos..."

El autor del texto entre comillas precedente, Sócrates Nolasco, en su relato sobre el combate de El Can, como se llamaba el antiguo apostadero del poblado de Enriquillo, al mencionar el entonces caserío llamado Derrumbado lo define como "peñascal formado por enormes desprendimientos de la cresta del Bahoruco que más que dar paso lo obstruían."6

Distrito Municipal Peña Gómez en la Sierra del Bahoruco

En el área correspondiente a la parte norte de la provincia de Pedernales, en pleno centro del oeste de la Sierra del Bahoruco, existen tres pequeños poblados conocidos como colonias La Altagracia, Mencía y Aguas Negras, los cuales fueron fusionados para erigir el Distrito Municipal José Francisco Peña Gómez, tal y como consta en la Ley 298-05, promulgada el 25 de agosto del año 2005.-7

Al margen de su belleza paisajística, es pertinente decir que son comunidades olvidadas, donde la miseria y la desesperanza se hacen presentes en la cotidianidad de sus moradores.

Enriquillo en la Sierra del Bahoruco

La Sierra del Bahoruco fue el escenario escogido por Enriquillo, con la eficaz ayuda de Tamayo y otros valientes, para enfrentarse a las autoridades coloniales españolas. Por eso ha sido considerada como "la abuela de la libertad de América."

El lugar para desarrollar una guerra irregular no podía ser mejor, por su ubicación estratégica, por la espesura de sus bosques, sus mogotes abruptos y, en fin, por su especial orografía.

A juzgar por los resultados es evidente que los indígenas de la Sierra del Bahoruco desarrollaron en aquel teatro de guerra la táctica de atacar por sorpresa al enemigo con emboscadas bien tendidas e huir con seguridad. Muchos manuales de guerra, que ellos no conocieron, explican didácticamente cuándo emplear esta manera de guerrear.

La sola decisión de escoger la Sierra del Bahoruco para su lucha armada demuestra que Enriquillo no era un personaje del montón, ni un irreflexivo. La potencia de su pensamiento estaba en diapasón con la instrucción que de manera privilegiada, para la época, obtuvo con sacerdotes franciscanos que captaron en él cualidades sobresalientes.

Hacia su personalidad fueron dirigidas estas elocuentes palabras: "Nada menos que el Cacique Enriquillo, cristianado, fue el primero en iniciarse en las Indias en el misterio de las letras castellanas."8

Al parecer fue del lugar entonces conocido como La Higuera, en el valle de San Juan, de donde partieron (en clave de contienda) Enriquillo y sus congéneres hacia el corazón de la Sierra de Bahoruco.

La Higuera mentada la refiere Manuel de Jesús Galván en su famosa novela Enriquillo, poniendo en boca del cacique rebelde la exaltación de los méritos de los indígenas que se fueron con él a la sierra. El novelista, con licencia para ficcionar, le atribuye al jefe taíno decir que ellos fabricaban en tiempos de paz jarras de barro, hamacas de cabuyas, sillas de madera y esparto y "butacas de cuero con espaldar de madera cincelada."9

Sobre acciones bélicas libradas en el corazón de la Sierra del Bahoruco hay una nota firmada por uno de los copiantes coloniales, de fecha 28 de noviembre de 1530, en la cual se daba prácticamente por aniquilada la rebelión que allí había:

"... han muerto dos indios capitanes de Enriquillo, que eran los que habían muerto ciertos españoles mineros y quemado estancias...muy presto creemos que se acabará de allanar esta guerra, que es la cosa que más trabajo ha dado a la población de esta tierra."10

Las tristemente célebres Encomiendas convirtieron a Enriquillo de cacique en esclavo, lo cual acrecentó en él el espíritu de rebeldía que latía en su interior.

Los vejámenes de todo tipo que un mozuelo encomendero apellido Valenzuela hizo en su contra, y el desprecio de la justicia colonial ante las protestas del valiente héroe taíno, precipitaron los acontecimientos que desde la sierra del Bahoruco estremecieron los cimientos del poder imperial, forzando a la Corona Española a buscar la paz mediante una negociación.

Las entrelíneas de los memoriales de Francisco de Barrionuevo, el encargado por la Corona Española para llegar a un acuerdo con Enriquillo, son pruebas elocuentes de lo que ocurrió como hazaña histórica en la Sierra del Bahoruco.

El historiador Fernando Benítez, durante su estadía en el país como embajador de México, escribió una obra con muchos aciertos, en la cual toca brevemente, en el capítulo titulado Hacia Verapaz, el teatro de guerra que se produjo en la Sierra del Bahoruco, con la sublevación allí de Enriquillo y sus seguidores:

"...como sus tormentos se acrecentaron, decidió huir y protegerse entre los suyos...la Audiencia mandó ochenta soldados en persecución de Enriquillo...los soldados fueron derrotados y muertos."11

De la Sierra del Bahoruco también hizo referencia, en sus textos barrocos, Arturo Logroño, cuando estampó con su proverbial facundia el siguiente párrafo:

"A Enriquillo, más alto que la propia sierra del Bahoruco y cuyo nombre es una campana que desde hace cuatro siglos obliga al mundo a descubrirse ante el egregio rebelde."12

Oviedo y sus mentiras sobre la Sierra

Gonzalo Fernández de Oviedo, cuya colosal capacidad para tergiversar los hechos era asombrosa, al comentar la historia guerrera ocurrida en la Sierra de Bahoruco comienza diciendo que el alzamiento de Enriquillo, cuyo nombre original era Guarocuya, se produjo por el ahorcamiento de su tía Anacaona.

A pesar de que dicho cronista colonial, en la dedicatoria de la obra donde describió esa sierra (y lo que allí protagonizó Enriquillo) hace énfasis en su conciencia de historiador y le da a sus crónicas la categoría de "hermosa codicia", para la cual invocaba, con la gramática de entonces, estar inclinado y deseoso de manera natural, remata con esta sarta de mentiras:

"...se alzó en la sierra que dicen Baoruco, e el comendador mayor envió a buscarle e hacerle guerra ciento e treinta españoles que andovieron tras él hasta que lo prendieron e fue ahorcado."13

Contradictorio, por naturaleza o interés, Oviedo dice otras cosas diferentes más adelante del mismo libro: "en las sierras que llaman del Baoruco e por otras partes desta isla anduvo cuasi trece años...mató algunos cristianos, e robándolos, les tomó algunos millares de pesos oro...hizo muchos daños en pueblos y en los campos desta isla..."14

El rey Carlos I de España y la Sierra del Bahoruco

Por encima de las mentiras propaladas por Oviedo y otros cronistas de su época, lo cierto es que hasta oídos del rey Carlos I de España y V Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico llegaron informaciones sobre la realidad de la guerra irregular que se libraba desde hacía bastante tiempo (duró más de 14 años) en la Sierra del Bahoruco, en la cual los indígenas, en cada enfrentamiento, salían siempre victoriosos.

Ante la desesperación por las cascadas de derrotas de los soldados españoles en las protuberancias, collados, cuestas y gargantas de la Sierra de Bahoruco, el jurista segoviano y gobernador de la colonia de Santo Domingo Alonso de Zuazo tuvo que explicarle al Rey Carlos I de España que ese territorio era muy amplio, "de sesentas leguas", y alegaba que "los alzados saben la tierra, y así burlan a los españoles."15

Los Oídores y la Sierra de Bahoruco

A la Sierra de Bahoruco también se refirieron en el 1529 los Oídores que entonces ejercían en la Colonia de Santo Domingo. Para justificar los fracasos militares de los soldados españoles hacían comparaciones con Andalucía, en general, y de manera específica con las sierras de Granada, en el mismo Sur español.

El destinatario de esas explicaciones, que pretendían justificar la imposibilidad de vencer a Enriquillo y sus seguidores alzados en la Sierra de Bahoruco, era el mismo Rey Carlos I de España. Así informaron a la metrópoli de Madrid dichos jueces coloniales:

"Es guerra con indios industriados y criados entre nosotros, y que saben nuestras fuerzas y costumbres, y usan de nuestras armas y están preveídos de espadas y lanzas, y puestos en una sierra que llaman Bahoruco, que tiene de largura más que toda Andalucía, que es más áspera que las sierras de Granada."

Lo que no expresaron los aludidos miembros de la Real Audiencia de Santo Domingo fue lo que después consignó el gran historiador del llamado Siglo de Oro español, el cuellarano Antonio de Herrera, llamado por muchos de sus contemporáneos como "el príncipe de los historiadores de Indias", quien al referirse a la rebelión de la Sierra del Bahoruco, y hacer alusión a la espada de Enriquillo, dijo que "no la soltaba ni en la hamaca que dormía."16

Peña Batlle y Jimenes Grullón entre árboles serranos

Dejando de lado los flecos, y obliterando las reflexiones barnizadas con el aprovechamiento de políticas circunstanciales, es oportuno decir que el 16 de noviembre de 1942, en Elías Piña, el entonces Ministro de Interior y Policía Manuel Arturo Peña Batlle, un pensador dominicano de fuste, dejó para la posteridad criterios de gran ponderación para entender muchos aspectos de la frontera terrestre que separa a la República Dominicana de Haití.

Recorriendo el extremo oeste de la Sierra del Bahoruco, entre las provincias Pedernales e Independencia (donde una parte de la misma penetra a Haití, con el nombre de Massif de la Selle) se comprueba lo que hace más de 75 años señaló Peña Batlle:

"A pesar de su extraordinaria significación técnica, la divisoria colonial de 1777 fue un fracaso. Pocos años después de terminada se convirtió en letra muerta...nuestras zonas fronterizas están abandonadas a su propia suerte, sin que en ellas se hayan manifestado los efectos de una bien concertada e inteligente acción gubernativa..."17

Como también es verdad lo dicho por otro intelectual dominicano de altos niveles reflexivos, en un fragmento de su visión sobre el tema fronterizo.

Juan Isidro Jimenes Grullón, a quien aludo en el párrafo anterior, fue un crítico acérrimo de la corriente de opinión sustentada sobre temas variopinto por Peña Batlle, al que calificaba de "mentalidad reaccionaria". Casi un año después del discurso de éste en Elías Piña, en abierta y dura contestación al mismo, sobre la línea divisoria entre República Dominicana y Haití planteó, entre otras cosas, lo siguiente:

"La frontera en sí es una división imaginaria que separa dos realidad políticas. Hijas casi siempre de la diversidad de lenguas, hábitos y culturas. En el caso de la frontera domínico-haitiana cabe en su totalidad esa definición...conviene que pongan coto a las emigraciones en masa de un estado hacia el vecino..."18

Sebastián Lemba en la Sierra del Bahoruco

Sebastián Lemba Calembo llevó su justa lucha contra los esclavizadores a todos los rincones de la Colonia Española, pero la Sierra del Bahoruco fue uno de los lugares donde concentró mayor cantidad de combatientes.

Esas protuberancias que dominan una parte considerable del Sur criollo fue uno de los escenarios en que Lemba desarrolló sus más aguerridas acciones de rebeldía contra la esclavitud implantada por los españoles contra los negros traídos de manera forzada desde África hacia la isla de Santo Domingo y otros lugares de América.

Ese personaje de la historia colonial, símbolo del cimarronaje, cuya heroica trayectoria ha sido estudiada a fondo por investigadores de la envergadura de Carlos Esteban Deive, continúo allí la epopeya de los indígenas encabezados por Enriquillo, Tamayo y otros.

Sin concretizar mucho sobre el tema del cimarronaje y los manieles, el historiador Carlos Larrazábal Blanco expresa que: "A fines del siglo XVI hubo un alzamiento de negros que tomaron por guarida la misma de Enriquillo, es decir, la sierra del Baoruco...No sabemos si es esta u otra diferente la insurrección a que se refiere Juan de Castellanos, capitaneada por un tal Lemba que juntó unos cuatrocientos negros."19

Bibliografía:

1-Crónicas Escogidas.Oviedo-Las Casas.Editora Corripio,1988.Pp585 y 586.

2-Gaceta Oficial No.9619.16 de agosto de 1983.P102.

3-Decreto No. 233-96, promulgado el 3 de julio de 1996.

4-Ley No. 64-00, sobre Medio Ambiente y Recursos Naturales. Artículo 34, numeral 19.

5-La coyuntura agraria dominicana,1976-1990.P195. Editora Amigo del Hogar, 2017. Ramón Arturo Guerrero Valera.

6-Obras Completas.Editora Corripio,1994.P494. Sócrates Nolasco.

7-Ley No.298-05, promulgada el 25 de agosto del año 2005.

8-El pleito Ovando-Tapia. Editora del Caribe, 1978.P97. Emilio Rodríguez Demorizi.

9-Enriquillo. Editora Taller, 1998.P123. Manuel de Jesús Galván.

10-Documentos copiados del archivo de indias por Fray Cipriano de Utrera.Insertos en Noticias Históricas de Santo Domingo.Volumen I.P222.Editora Taller, 1978.

11-¿Qué celebramos, Qué lamentamos? Editora Taller,1992.P125. Fernando Benítez.

12-Escrito el 31 de agosto de 1918.Papeles de Arturo Logroño.Publicación auspiciada por la SDB.Editora Amigo del Hogar, 2004.P335.

13-Historia General y Natural de las Indias.Editora Corripio,1988.Libro tercero.Capítulo XII. Gonzalo Fernández de Oviedo.

14-Ibídem. Libro V.Capítulo IV. Gonzalo Fernández de Oviedo.

15-Carta del gobernador colonial Alonso de Zuazo al rey Carlos I de España.

16-Décadas de Herrera. Antonio de Herrera Tordesillas.

17-Discurso pronunciado en Villa Elías Piña el 16 de noviembre del 1942. Manuel Arturo Peña Batlle.

18-Conferencia pronunciada en New York el 14 de octubre de 1943. Juan Isidro Jimenes Grullón.

19-Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos.Editora Corripio, 2015.Pp139 y 140. Carlos Larrazábal Blanco.