POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES

Municipio Guayubín

El Municipio San Lorenzo de Guayubín, el más extenso de la provincia Montecristi, debe su nombre al río que en su cercanía vierte su agua como afluente del Yaque del Norte.

Esa población está ubicada cerca de este último río y tiene como escudo de su lado sur la sierra de Samba.

Los primeros pobladores de Guayubín llegaron a ese lugar durante los años 1605 y 1606, como resultado de las devastaciones que por órdenes de los reyes de España ejecutó en el litoral norte de la isla de Santo Domingo el gobernador colonial Antonio de Osorio.

En el año 1854 esa comunidad del Cibao Occidental fue convertida en un puesto militar, con el nombre de San Lorenzo de Guayubín. Al año siguiente se elevó a común, adherida a la provincia de Santiago. Posteriormente, en uno de los tantos cambios jurisdiccionales que han ocurrido en la geografía nacional, fue transferida a la provincia Montecristi, de la cual forma parte en la actualidad.1

Hoy son distritos municipales del municipio Guayubín las comunidades Villa Elisa, Hatillo Palma y Cana Chapetón.

Una de las características de ese pueblo es el trazado rectangular de sus anchas calles, así organizadas por el ingeniero Teodoro Stanley Heneken, quien luego sería Ministro de la República. Era inglés afincado en el país. Combatió primero por la Independencia Nacional y luego fue un gran táctico en la lucha por la Restauración de la República.

El arborizado parque de Guayubín tiene como símbolo principal un pequeño monumento de cemento conteniendo los nombres de las figuras descollantes que allí se jugaron la vida luchando contra los poderosos, bien entrenados y mejor armados anexionistas.

Centro de operaciones militares

Las importantes figuras civiles y militares que tuvieron en Guayubín, en los tiempos duros de la Guerra de la Restauración, llegaron allí porque era el lugar que servía de centro de las principales actividades tácticas y estratégicas para derrotar a los anexionistas.

Fue hacia el territorio de Guayubín que el 20 de agosto de 1863 el alto mando militar español que controlaba la ciudad de Santiago de los Caballeros envió al batallón Vitoria, dotado de varias piezas de artillería, y al escuadrón África, con decenas de soldados de caballería, con el propósito de auxiliar a Buceta y la tropa bajo su mando.

En esa ocasión la orden expresa dada al comandante anexionista Florentino García era "con el objeto de ver si podían comunicarse con las tropas que suponía existentes en Sabaneta, Guayubín y las fronteras."2

Hasta el general José de la Gándara y el brigadier Manuel Buceta del Villar dieron cuenta en sus notas personales de la importancia que tuvo Guayubín en esas jornadas épicas del pueblo dominicano.

Perfiles de comunidad organizada

Aunque su remoto origen data de principio del siglo XVII, como se ha indicado más arriba, producto de un hecho que provocó graves consecuencias, y que causó una especie de arritmia social en la isla de Santo Domingo, con efectos que se prolongaron durante siglos, en realidad Guayubín tuvo una lenta formación como ciudad. Luego de dársele la categoría de puesto militar se le tomó más en cuenta para decisiones que sobrepasaban sus límites fronterizos.

Es por eso que a principios del siglo XX Enrique Deschamps se refería a Guayubín en estos términos: "Fue establecida a mediados del siglo pasado (XIX) y consta de 6,000 almas consagradas generalmente a la pecuaria, a la cual favorece mucho su vegetación, a la agricultura y a la industria forestal...A la Común de Guayubín pertenecen las aldeas de Juan Gómez, muy poblada y rica, Chapetón y Hatillo Palma."3

La sábila de Guayubín

El municipio de Guayubín es gran productor de plátanos, yuca, arroz y otros productos de gran consumo nacional. En sus campos también hay una apreciable ganadería, con una gran producción lechera, así como la crianza de ganado caprino y varios centros de fomento de apicultura.

Pero una parte considerable de la tierra de Guayubín se dedica, específicamente en el poblado de El Pocito, al cultivo de la sábila, conocida científicamente como aloe vera.

Más de 25 mil tareas de tierra están sembradas de esa planta multifacética. Funciona en ese lugar una fábrica para el procesamiento y conversión de la sábila en productos que se usan en la medicina, la cosmética y otras actividades.

Alzamiento militar en Guayubín

El 21 de febrero de 1863 se produjo en Guayubín un alzamiento en contra de las autoridades usurpadoras españolas. Un dominicano de nombre Norberto Torres, ejerciendo su idiosincrasia criolla a la máxima potencia, bajo los efectos del ron, le vociferó a un provocador soldado anexionista una jaculatoria que impactaría en los planes del comienzo de la Guerra Restauradora: "Prepárense coño porque en 5 días ustedes verán lo que les viene encima."

Eso precipitó los acontecimientos, pues esa misma noche, ante tal imprudencia etílica de Torres, el coronel restaurador Lucas Evangelista de Peña, que realizaba sigilosamente los preparativos bélicos desde su puesto de comando en la cercana comunidad de El Pocito, tuvo que improvisar un ataque a los anexionistas acantonados en el poblado de Guayubín.

Esa primera acción no fue exitosa. Pero luego de un receso los oficiales restauradores José Cabrera, Benito Monción, Juan Antonio Polanco, José Barrientos, José Ramón Luciano, Juan de la Cruz Álvarez y otros planificaron un nuevo ataque que resultó exitoso.

En esa ocasión la maniobra bélica de los restauradores de Guayubín consistió en "escalar sigilosamente el cementerio e internarse en el poblado a favor de la noche, cuando ya los españoles consideraban retirados a los patriotas. La táctica sorprendió a la guarnición que fue vencida y casi toda apresada con armas y bagajes."4

La versión de Luperón sobre lo ocurrido en Guayubín

En su autobiografía, el insigne General Gregorio Luperón da su versión sobre esos acontecimientos. Dejó escrito que salió de Sabaneta a marcha forzada hacia Mangá, en territorio de Guayubín, y que luego de conversar con el General Lucas de Peña y los coroneles Torres y Reyes lanzaron una proclama insurreccional a los anexionistas que controlaban ese último pueblo:

Así dejó Luperón su opinión: "Todos juntos intimaron a la rendición de la plaza, que se efectuó en seguida, porque la guarnición, que se componía de cien españoles y de varios empleados y oficiales de la Reserva... y el haber intentado la resistencia, le hubiera valido la muerte."5

Un comunicado lleno de mentiras

Sobre los sorpresivos hechos ocurridos en Guayubín las autoridades anexionistas y neocoloniales divulgaron en la ciudad de Santo Domingo una información falsa, a la cual le dieron ribetes solemnes de bando. Decían, entre otras cosas, lo siguiente:

"El pequeño pueblo de Guayubín, sobre la frontera del N.O. de nuestro territorio, acaba de ser teatro de ocurrencias que debemos deplorar, no obstante la escasa trascendencia que pueden tener para el entorpecimiento de la marcha progresiva que el país ha emprendido...Algunos alborotadores, mal avenidos con la situación de orden que les reduce al respeto de las leyes sociales, han puesto manos a la descabellada intentona de sustraer aquella población del dominio español..."6

Posteriormente los anexionistas, con el traidor criollo José Hungría (que tenía su principal asiento de vida en Guayubín) a la cabeza retomarían por poco tiempo el control de la situación, que luego se les saldría de las manos para siempre, pues al final los héroes restauradores lograron colocar en lo más alto de la dignidad nacional la bandera tricolor que simboliza la Independencia Dominicana.

Ese José Hungría fue un luchador independentista, pero luego se transformó en un feroz perseguidor de los patriotas que luchaban por recuperar la dignidad nacional. Por eso su nombre es de ingrato recuerdo en la historia de la restauración dominicana.

La actitud siniestra de Hungría, mostrada de manera reiterada en Guayubín y otros lugares de la Línea Noroeste, contra los combatientes de la epopeya restauradora, lo asemejan a uno de esos personajes descritos por Mario Vargas Llosa en su novela La guerra del fin del mundo, que se movían en medio de "algarabía de cornetas", "líneas de soldados", "nubes terrosas, humaredas, llamas", en momentos en que a muchos les "estaban quemando las casas, querían achicharrarlos."7

Guayubín en agosto de 1863

Los patriotas dominicanos nunca cejaron en su lucha restauradora. Guayubín es un ejemplo palmario de la actitud aguerrida que mantuvo el pueblo de a pie para restablecer la soberanía nacional mancillada por la abominable anexión a España.

El 29 de agosto de 1863 el gobernador neocolonial español Felipe Rivero lanzó un bulo con ribetes de proclama tergiversándolo todo ( lo que ahora se conoce mundialmente como "fake news" o noticias falsas), presentando, con una sarta de zalemas, a la Corona Española en clave de perdonaba vida y colocando a los restauradores dominicanos como algo más que demonios lanzados a la malicia y al odio y tildándolos de "enemigos de la prosperidad de la isla."8

Tan lejos se fue dicho capitán general, y embustero por antonomasia, que al referirse a los patriotas que luchaban desde Guayubín dijo:

"En sus actos vandálicos y en su impotente rabia, han incendiado el pueblo de Guayubín, uno de los mejores de aquella provincia; han asesinado a hombres indefensos y a enfermos que se hallaban en el lecho del dolor."

Repasando los acontecimientos de Guayubín, y cotejándolos con los dislates difundidos por el gobernador Rivero, bien cabe parafrasear a un contemporáneo suyo, el político e historiador español Antonio Cánovas del Castillo, cuando refiriéndose a la Corona de España dijo: "no puede estar tan alta que se pierda entre las nubes.

Reflexión de Hostos

A la suprema estulticia del mencionado jefe colonial español se opone el juicio vigoroso del gran educador puertorriqueño Eugenio María de Hostos, quien al referirse al triunfo de las armas dominicanas contra los ocupantes españoles precisó para la historia, en un artículo de antología, publicado en agosto de 1884, lo siguiente:

"La República Dominicana, dolorosamente entregada a España, combate contra España y vence a España. Desde ese momento empieza su vida reflexiva...día máximo es el 16 de Agosto, día del más vigoroso esfuerzo que ha hecho la Nación dominicana...el mayor día de la Nación..."9

En Guayubín cayó un general anexionista

De los cuatro generales anexionistas que murieron bajo el fuego de la metralla de los héroes restauradores, uno cayó en Guayubín. Fue el general Reyes, el traidor. Los otros tres dominicanos vendepatria fueron Pascual Ferrer, en Samaná; Juan Contreras, en Maluco y Juan Suero, el temible Cid Negro, en Yabacao. Vale hacer constar que hubo varios oficiales y soldados de apellido Reyes que brillaron por su bizarría en defensa de la Patria mancillada por las botas de ocupación española.

Duarte y Mella en Guayubín

El Padre de la Patria Juan Pablo Duarte llegó a Guayubín el 26 de marzo de 1864, luego de haber estado en Montecristi, en sus actividades como restaurador. Estuvo escoltado por el Jefe de Operaciones de la Guerra Restauradora, General Benito Monción.

En Guayubín Juan Pablo Duarte visitó al glorioso patricio Ramón Matías Mella, quien yacía allí en su lecho de enfermo grave. En ese aguerrido pueblo estuvo hasta el 2 de abril de dicho año, fecha en que salió hacia la ciudad de Santiago de los Caballeros, enfermo él y llevando consigo al Vicepresidente de la República, que lo era Mella, ya en estado moribundo.

Para que se tenga una idea del nivel de precariedad en que se movían los restauradores es importante indicar que con motivo del viaje de Duarte desde Guayubín hacia la ciudad de Santiago de los Caballeros, el 29 de marzo de 1864 el Ministro de lo Interior le ordenó al Tesorero de Hacienda lo siguiente:

"Debiendo llegar de un momento a otro el Gral. Juan Pablo Duarte y varios dominicanos más, Ud. Se servirá mandar hacer inmediatamente cuatro o seis catres, preparándolos con sus correspondientes sábanas y almohadas."10

Un lugar llamado Mangá

Mangá es una aldea perteneciente al municipio de Guayubín. Está ubicada en un recodo de la confluencia de los ríos Yaque del Norte y Guayubín.

En ese lugar se libraron varias batallas entre los restauradores dominicanos y los anexionistas españoles. Estos últimos se hacían acompañar con batallones de reservistas criollos traidores a la Patria.

En uno de esos combates, en el 1863, el líder militar y patriota restaurador General Benito Monción, con su extraordinario don de mando, ordenó emplazar varias piezas de artillería en puntos estratégicos de Mangá, con el propósito de aniquilar a los enemigos; pero a un subalterno se le ocurrió colocar entre dos cañones una imagen de la virgen del Rosario, la cual al ser impactada por fuego enemigo "cayó boca abajo". Ese hecho provocó la desbandada de una parte de la infantería y de artilleros dominicanos que ingenuamente pensaron que su causa estaba perdida, por la ocurrencia de la caída de la referida imagen.

Una piedra parida en Guayubín

Durante su primer viaje a la República Dominicana, en septiembre de 1892, José Martí cruzó por el territorio del hoy municipio de Guayubín. En un lugar de allí, llamado Juan Gómez, se sorprendió de varias cosas que vio.

Así relató Martí su paso por Guayubín: "Descanso en la sombra de frondosos árboles, entre ellos un imponente cambrojo en el cual acampaba la piedra parida donde hay una roca y a su alrededor, como si fueran hijas de ella, muchas pequeñas similares a ella. Había una hermosa laguna."11

Punto comercial de la Línea Noroeste

San Lorenzo de Guayubín fue en el pasado un activo centro de acopio de mercancías que se vendían a los demás pueblos de las zonas aledañas y al vecino país de Haití.

En el periódico santiaguero El Dominicano, de fecha 5 de abril de 1874, se publicó una crónica en la cual se describían los intercambios comerciales en una feria bisemanal en Dajabón, siendo Guayubín uno de los centros de acopio de diversos géneros de mercancías.12

Ese auge comercial motivó que muchas personas de otros lugares del país se establecieran allí.

Derivado de lo anterior, en la segunda mitad del siglo XIX Guayubín tenía una incuestionable principalía demográfica en gran parte de lo que ahora se conoce como el Cibao Occidental. Ello se comprueba al observar la tabla poblacional divulgada en el 1875 sobre la cantidad de habitantes de: Guayubín: 4,000. Montecristi: 1,500. Dajabón: 500. Sabaneta: 3,000.-13

Proyectos de ferrocarriles

Las ciudades de Santiago de los Caballeros y Monte Cristi se conectaban a través de la carretera de Guayubín. Así lo consignó el militar e historiador gallego Adriano López Morillo, refiriéndose a las vías cercanas al río Yaque del Norte: "De Santiago de los Caballeros, Capital del Cibao, partían varias e importantes vías... por la derecha de aquel río, por Guayacanes y Guayubín a Monte Cristi."14

En el 1874 se quiso establecer una Locomotora en Guayubín, que cubriera hacia su lado oeste hasta Montecristi y por el tramo este hasta Santiago de los Caballeros. Los beneficiarios de dicho proyecto fueron los señores Tomás Todd y Antonio Espín. Aunque trajeron un pequeño tren desde Alemania, el negocio no funcionó como se esperaba y nunca cumplió el propósito que motivó la resolución 1342, emitida el 10 de noviembre de 1874.-15

En el 1895 el dictador Ulises Heureaux intentó de nuevo dotar a Guayubín, y otras poblaciones de la Línea Noroeste, de un Ferrocarril que se conectara con el que iba de Santiago a Puerto Plata, pero eso no cristalizó aunque se invocaron razones tan poderosos como la transformación del movimiento comercial, industrial y agrícola de la zona y hasta como elemento para la protección de la frontera norte.16

Veintiséis años después del referido primer intento de hacer caminos de hierro en Guayubín y otras poblaciones de su cercanía, el entonces presidente de la República Juan Isidro Jimenes, mediante el Decreto No.4098, de fecha 10 de enero de 1901, otorgó al ciudadano alemán Ricardo Sollner una licencia de construcción y pleno usufructo de un camino de hierro que partiendo desde Montecristi pasaría por Guayubín para entroncar con el Ferrocarril Central, en su tramo de Santiago- Puerto Plata. Dicha licencia no se materializó.17

Bibliografía:

1-Ley No.355. Bloque de Leyes de 1854. Ley No.385. Bloque de Leyes de 1855.

2-Papeles del Arzobispo Fernando Arturo de Meriño.

3-La República Dominicana. Directorio y guía general. Sociedad Dominicana de Bibliófilos 2003.P256. Enrique Deschamps.

4-Historia de la Restauración. Editora Taller, quinta edición, 1987.P25.Pedro M. Archambault.

5-Notas autobiográficas. SDB. Editora de Santo Domingo, tomo I,1974.P105. Gregorio Luperón.

6-Legajo de papeles de la Anexión a España,1863.

7-La guerra del fin del mundo. Plaza & Janés, editores. Octava edición,1986.P317. Mario Vargas Llosa.

8-La dominación y última guerra de España en Santo Domingo. Talleres Manuel Pareja, Barcelona, 1974.Pp129 y 130. Ramón González Tablas.

9-Hostos en Santo Domingo, (Páginas Dominicanas). Impresora J. R. García Sucs,1939. Editado en el 2000. Pp139-143.Compilado por Emilio Rodríguez Demorizi.

10-Entorno a Duarte. Editora Taller, 1976.P24. Emilio Rodríguez Demorizi.

11-Diario de Santo Domingo. José Martí.

12-El Dominicano (periódico de Santiago), de fecha 5 de abril de 1874.

13- Periódico el Orden (Santiago), edición del 18 de julio de 1975.

14-Reincorporación de Santo Domingo a España (publicación póstuma).1983.

15-Resolución No. 1342, emitida el 10 de noviembre de 1874.Bloque de Leyes 1874.Tomo 6.

16-Resoluciones Nos.3504 y 3543 del 6 de abril y del 25 de junio, respectivamente, ambas del año 1895.

17-Decreto No.4098, de fecha 10 de enero de 1901.Bloque de Leyes 1901.Tomo XVI.