POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES

Municipio San Antonio de Guerra

La fundación del poblado San Antonio de Guerra comenzó en los tiempos coloniales. Algunos sitúan ese acontecimiento en el año 1606. Entonces, y por mucho tiempo, era un caserío rural perteneciente a la comunidad de San José de Los Llanos.

Duró casi dos siglos y medio existió sin ninguna normativa legal, con relación a su composición geográfica. Entonces se le identificaba como Los Llanos Abajo.

Fernando Arturo de Meriño, en su papel de geógrafo, que no de Arzobispo y zahorí de la política criolla, en un libro publicado en el 1867 sobre geografía física del país se refería al espacio que entonces cubría San Antonio de Guerra, ubicándolo entre La Caleta, el caño de Mojarra, los ríos Ozama, Azuí y Yabacao, hasta encontrarse con el sitio conocido como Las Mazamorras.1

Mediante el Decreto No.214, emitido el 15 de octubre del 1849, el pueblo San Antonio de Guerra fue declarado común de Santo Domingo; así se mantuvo hasta el 3 de mayo del 1944, cuando se produjo su desintegración comunal, al disponer la Ley 573 que esa aldea y sus áreas rurales se distribuyeran entre el Distrito de Santo Domingo y Bayaguana.2

Luego se le degradó a sección del Distrito Nacional. Posteriormente fue elevado a Distrito Municipal del Municipio Santo Domingo Este, gracias a la Ley 163-01, la cual contiene las motivaciones congresuales para esa importante decisión.3

El 24 de Febrero del 2004, en virtud de la Ley 106-04, San Antonio de Guerra adquirió su actual condición de Municipio de la Provincia Santo Domingo. Esa nueva categoría administrativa estuvo sustentada por los congresistas, entre otras razones por lo que indican los párrafos tercero y cuarto del tramo explicativo de dicha Ley, que en resumen dicen que se trata de "un vasto territorio, manifiesta un desarrollo sostenido en lo económico, cultural, social y poblacional, que lo hace merecedor de ser elevado a la categoría de Municipio...tiene una gran actividad comercial...varios proyectos habitacionales privados, agricultura de todos los géneros, granjas avícolas, porcinas y ganaderas..."4

El Municipio San Antonio de Guerra está acompañado en sus 273 kilómetros cuadrados por el Distrito Municipal Hato Viejo y las secciones Estorga, El Mamón, El Toro, La Joya, Enjuagador, Mata de Palma, Bella Vista, así como decenas de parajes, tales como Mata Vaca, La Mojarra, El Fao, La Piedra, Capacito, Proyecto Cabreto, Santa María, La Picadora, Juana Jico, El Peje, Los Perros, La Batata, Santa Lucía, El Mamey, La Corcovada, Los Cocos, Las Parras, La Jagüita y otros.

En el pasado reciente hubo allí grandes plantaciones de caña de azúcar. Se observa una notable ganadería vacuna y caballar. Algunos equipos de beisbol de los Estados Unidos de Norteamérica tienen en esa zona academias para entrenar sus peloteros.

Pero ni el fomento de la ganadería ni otras actividades productivas que allí se realizan ofrecen aportes significativos para animar la economía de sus habitantes.

Es necesario señalar que miles de seres humanos que habitan el Municipio San Antonio de Guerra, y de manera especial sus áreas rurales, presentan un lastimoso cuadro de miseria. Languidecen en medio de una permanente crisis existencial generada por falta de oportunidades para romper el marco de estrechez en que mal viven. No se ven suficientes acciones gubernamentales para ayudarlos a paliar esa calamitosa realidad.

Al recorrer las calles del poblado común cabecera de ese municipio, y más aún al entrar por sus diferentes campos (que en el pasado fueron epicentro de enconados encuentros armados para consolidar la libertad del pueblo dominicano) se palpa en los rostros famélicos de gran parte de sus moradores que es una verdad inconmovible, aplicable a lo que se vive allí, lo que sostiene el periodista argentino Martín Caparrós:

"El hambre es la expresión más indiscutible de la pobreza...nadie discute que pasar hambre es lo peor que te puede pasar. El hambre es la pobreza que no admite opiniones, no admite dilaciones."5

Sánchez, Luperón, Cabral, Santana, Tenares y Manzueta en Guerra

Algunos de los principales líderes políticos y militares de la segunda mitad del siglo XIX dominicano estuvieron presentes en acciones armadas en San Antonio de Guerra, especialmente en la gloriosa Guerra de Restauración, así como también en las muchas luchas libradas entre las diversas facciones caudillistas que entonces dividían a los dominicanos.

Francisco del Rosario Sánchez, Gregorio Luperón, José María Cabral, Eusebio Manzueta y Olegario Tenares, entre muchos otros patriotas, brillaron en las acciones armadas que tuvieron como escenario el territorio de Guerra.

Sánchez y Cabral, tal vez obnubilados coyunturalmente, sirvieron brevemente a Báez, pensando que podían frenar a Santana. En esa condición tuvieron varios encuentros bélicos con los santanistas, en los campos de la jurisdicción de Guerra.

Por esa zona del país también estuvieron los generales anexionistas Antonio Abad Alfau Bustamante, Juan Suero, Domingo María Lazala, Antonio Alfau Baralt y otros altos oficiales que renegaron de su Patria y pusieron sus destrezas militares al servicio de una potencia extranjera que ofendía la dignidad de los dominicanos con la ocupación de su territorio.

Allí también estuvo en son de guerra el que luego fue marqués de Tenerife, el tristemente célebre general mallorquín Valeriano Weyler Nicolau, terrible personaje que llenó de sangre a la República Dominicana y a Cuba. Por su baja estatura muchos lo apodaban el enano diabólico.

Tal vez fue en San Antonio de Guerra que, por la reconocida preferencia sexual del macabro Valeriano Weyler, un ingenioso dominicano compuso esta nota: "Mi querido Valeriano, cuando te vayas de aquí te llamarán Valery porque habrás perdido el ano."

En las hojas de servicios del Ejército Dominicano, en el período de 1844 a 1865, figuran muchos de los oficiales (unos patriotas, otros traidores y no pocos ocupantes extranjeros) que combatieron en la jurisdicción del hoy Municipio de San Antonio de Guerra.6

Río Yabacao en la historia de Guerra

En un desfiladero conocido como Paso del Muerto, en el área de influencia del Río Yabacao, en la frontera norte del hoy municipio San Antonio de Guerra, fue herido el 19 de marzo de 1864 (que era Jueves Santo) el general anexionista Juan Suero, alias el Cid Negro. Murió en la noche de ese día en esa comunidad. La columna que dirigía Suero salió en loca huida hacia Guerra, perseguida por el fuego incesante de la metralla restauradora. Ya Suero estaba moribundo.7

Por las condiciones excepcionales de ese personaje, que puso todo su bagaje como ducho militar al servicio de intereses foráneos y en perjuicio de la tierra que lo vio nacer, el lugar donde fue herido de muerte ha pasado a la historia dominicana con la elevada significación que un hecho de esa magnitud tuvo para debilitar a los anexionistas, que ya comenzaban a sentirse derrotados.

El General José de La Gándara, uno de los jefes máximos de los interventores anexionistas, y a la sazón Gobernador de la neo colonia de Santo Domingo Español, dijo al enterarse de lo ocurrió en Guerra: "Creo en la existencia del Cid, desde que conocí a Suero." Obviamente se refería el militar e historiador aragonés a Rodrigo Díaz de Vivar, aquel famoso conquistador castellano del siglo XI, cuyas hazañas guerreras se resaltan en varias obras épicas, a quien llamaban El Cid Campeador.8

Vicente Celestino Duarte en Guerra

Fue en campos cercanos a Guerra, así como en San José de Los Llanos y en la Sabana de Guabatico, donde Vicente Celestino Duarte actuó como comisario pagador de las tropas restauradoras.

El General Gregorio Luperón, observando las diferentes vertientes de tácticas guerreras que confluían en los muchos senderos y atajos que entonces habían en los campos que cubrían las rutas de Los Llanos hasta Guerra, le solicitó a Vicente Celestino Duarte (de quien elogiaba su gran valor) que por sus condiciones físicas y su edad sexagenaria debía retirarse de las líneas de los combates, pero éste le respondió así: "No, no me retiraré general. Que hay hoy gloria para todos los dominicanos."

Era el mismo Vicente Celestino Duarte a quien luego Américo Lugo definió como "uno de nuestros claros próceres cuyos méritos se olvidan a causa del gran valer de su hermano."9

Capturan en Guerra convoy con 200 anexionistas

Nadie, ni siquiera los más enconados defensores de los anexionistas, han osado negar que en el poblado San Antonio de Guerra y sus campos aledaños hubo fieros combates durante catorce días consecutivos, del 3 al 17 de julio de 1864, y que en esa ocasión los soldados españoles y los vendepatria que los apoyaban siempre masticaron el polvo de la derrota, ante unos combatientes restauradores motivados por la justa causa que representaban.

La historia registra las grandes bajas sufridas por los españoles en la jurisdicción y colindancias del lado oriental del poblado de Guerra, causadas por el general restaurador Antonio Guzmán, apodado Antón, especialmente el demoledor ataque a un convoy de víveres y armas, con más de 200 tropas anexionistas bajo el mando del capitán español Champaner, quien llegó al país precedido de una fama de valiente y victorioso en la guerra librada por España en África.

Ese convoy se dirigía de Juan Dolio a Los Llanos. Atravesó sin grandes novedades por Pomarrosa, Mojarra y Guerra, pero sus integrantes jamás se imaginaron que a pocos kilómetros de ese último caserío se produciría una debacle para ellos, lo cual provocó el pavor de la alta oficialidad anexionista, que ante los hechos tuvo que tocar la palinodia, ordenando a los pocos soldados sobrevivientes abandonar campos y aldeas de la zona.

Desde Santiago celebran triunfo en poblado de Guerra

El 21 de Noviembre de 1864 se publicó en el Boletín Oficial de los Restauradores, desde la ciudad de Santiago de los Caballeros, bajo la firma del Presidente Gaspar Polanco, del Vicepresidente Francisco Ulises Espaillat y de varios ministros del Gobierno Restaurador, una proclama patriótica que en parte decía lo siguiente:

"Un triunfo más ilustra hoy las hermosas páginas de nuestra historia. El bravo General Manzueta tiene sentados sus reales en el pueblo de Guerra, habiendo entrado en aquel sin disparar un tiro y sin que una sola lágrima se haya derramado. La sensata población de Guerra, libre por fin de sus opresores que huyeron cobardemente al acercarse nuestros valientes, se unieron de la manera más cordial y unánime a los principios proclamados por el pueblo dominicano el 16 de agosto de 1863!"10

Opiniones ayunas de verdad

El oficial español Ramón González Tablas, al narrar acontecimientos históricos ocurridos en el poblado de Guerra y sus campos aledaños, emitió opiniones ayunas de verdad y repletas de mentiras, tal y como se ha podido comprobar por investigaciones exhaustivas que se han realizado incluso en el famoso Archivo General de Indias, el cual acuna abundantes anotaciones históricas en sus bien surtidos anaqueles custodiados durante siglos cerca del río Guadalquivir, a su paso por Sevilla, la capital del Sur de España.

En efecto, el referido jefe militar anexionista, refiriéndose al bravo combatiente restaurador Antonio Guzmán, conocido como Antón, escribió que: "El teniente Antón y cuatro desgraciados como él, recorrió incansable los bohíos todos de la comarca, seduciendo a unos, engañando a otros y arrancando por la fuerza a los más, y de este modo pudo reunir una fuerza de 800 hombres...También logró seducir a un centenar de hombres del pueblo de Higüey...y consiguió dar incremento a la sublevación."11

Ese mismo autor, al tratar en términos despectivos al General Luperón, puntualizaba que la insurrección restauradora "iba aumentando cada día...Las comunicaciones de las tropas de Santana con los Llanos y San Antonio de Guerra se iban haciendo difíciles y peligrosas."12

Para que se tenga una idea clara de la magnitud que tenía San Antonio de Guerra como teatro de operaciones bélicas en la Guerra de Restauración es importante indicar que en la memoria histórica narrada desde la perspectiva de los anexionistas aparecen informaciones como ésta: "Cuando Suero regresó del Seybo y se volvió a encargar de la brigada establecida en San Antonio de Guerra, tuvo noticias de que uno de los grupos más numerosos de enemigos vagaba por aquellas cercanías y proyectó salir en su busca...A las pocas horas de regresar las tropas a Guerra tuvieron el disgusto de ver morir a su general."13

Pueblo de Guerra en el Archivo General de Indias

En el referido Archivo General de Indias, en Sevilla, reposa esta comunicación vincula con el hoy municipio de San Antonio de Guerra:

"Columna de Operaciones de San Antonio de Guerra. Ecmo. Sr. Anoche a las doce de élla falleció el Emo. Sr. Don Juan Suero de resulta de las heridas recibidas en la acción de ayer, de que di a V.E. sucinto conocimiento en el momento de su terminación. Tengo el sentimiento de participarlo a V.E. para su debido y superior conocimiento. San Antonio de Guerra 23 de Marzo de 1864. Firmado/Luis Rodríguez."14

Fuego liberador en suelo de Guerra

Lo que ocurrió en las cercanías del poblado de Guerra el Jueves Santo del 1864, en pleno fragor de la Guerra de Restauración, no fue sólo la muerte del llamado Cid Negro, sino una verdadera catástrofe para el ejército impostor de los anexionistas.

El General Gregorio Luperón, en carta al entonces Coronel Pedro Guillermo, Jefe de Operaciones en la zona, le hace saber que además del General Suero también murieron en esa sangrienta jornada "7 Oficiales españoles, un coronel de Puerto Plata, nueve soldados españoles y cuarenta heridos-de nuestra parte solo dos heridos. Sólo espero al presidente para marchar sobre Guerra y Los Llanos Arriba."15

Asesinatos ordenados por Báez en tierra de Guerra

El hoy municipio San Antonio de Guerra fue uno de los lugares preferidos por el dictador Buenaventura Báez para ordenar crímenes de altos oficiales de las Fuerzas Armadas que les eran adversos.

Esos hechos que empaparon de sangre humana la tierra de Guerra, calificados como una hecatombe, fueron cometidos por Báez en la peor etapa de sus cinco turnos presidenciales, aquel que comenzó en el 1868, llamado de los 6 años, cuando en unión de sus secuaces fue articulando los resortes del poder en procura de petrificarse en la Presidencia de la República.

En la comunidad de Guerra, como en otros puntos del país conocidos por su postura antibaecista, las vejaciones eran cotidianas, tal y como se comprueba en documentos de la época.

Cuando se analiza lo ocurrido allí se tiene la impresión de que el dictador Buenaventura Báez actuaba como si se propusiera imitar a Tamerlán, aquel terrible conquistador tártaro del siglo XV que mantuvo bajo terror, en un baño de sangre, a gran parte de Asia y al cual apodaban el Príncipe de la destrucción.

En la villa San Antonio de Guerra se hizo realidad durante un largo trayecto del siglo XIX lo siguiente: "En las tareas represivas, el gobierno rojo utilizó a maleantes que se dedicaron a aplicar el terror con una ferocidad sin precedentes en el país, asesinando a centenares de personas..."16

En un listado de las víctimas de Báez más prominentes figuran los coroneles Eusebio Mercedes y Julián Miranda. El escenario de muerte escogido para tan macabros hechos fue la plaza pública de Guerra, a la vista del pueblo aterrorizado que fue convocado con cornetas y redoblantes, con perversos fines de escarmiento colectivo.

Ambos fueron fusilados "por el general Caminero en Guerra, a principios de mayo de 1870."17

Ese General de División José Caminero fue el mismo que el día primero de enero de 1870 le envió una carta a Báez, en la cual le informaba en lenguaje enigmático, entre otras cosas, lo siguiente: "En el día de ayer desde Guerra oficié al ciudadano ministro de la Guerra, participándole las disposiciones que había tomado en aquella población y lo que sobre el particular había ordenado al comandante de armas de Bayaguana."18

Comunidad de Guerra en el siglo XIX

Dos comisionados estadounidenses, enviados a explorar las riquezas del país con el propósito de anexionarlo a los EE.UU. (por tratativas del dictador Buenaventura Báez y el presidente estadounidense Ulises S. Grant) escribieron el primero de febrero de 1871, sobre San Antonio de Guerra, lo siguiente:

"Después de una breve parada en Pulgarín, seguimos nuestra cabalgata al través de la sabana hasta después de las 11 de la noche, cuando llegamos al pueblo de Guerra, de este lado...Hay pocos árboles maderables en la sabana...Hasta donde llegaba la vista por todos los lados, la sabana se alcanzaba a ver densamente cubierta de manadas que parecían ser de ganado vacuno...El pueblo de Guerra consta de cuatrocientas chozas, y con sus alrededores tiene una población de cerca de dos mil habitantes...aquí vimos los primeros vehículos de ruedas en la isla, que consistían en dos grandes carretones utilizados para transportar piezas de caoba y otras maderas..."19

Guerra comenzando el siglo XX

A comienzos del siglo XX las estadísticas dominicanas registraban que San Antonio de Guerra era un poblado con aproximadamente 3,500 habitantes.

Para entonces se decía que de esa comunidad su principales bellezas eran "...las hermosas lagunas de agua potable que existen en las inmediaciones de la población."

En la primera década del siglo pasado la comunidad de Guerra tenía como Jefe Comunal al General Manuel Calado; el Alcalde era Hipólito González; F. Castillo Puente fungía como Presidente del Ayuntamiento; Miguel Ocumares ejercía como Oficial Civil; de Cura Párroco tenía al Reverendo Alba y José Caminero hijo dirigía la oficina Correos y Telégrafos.20

Combates en Mojarra

El sitio conocido como Mojarra, perteneciente a Guerra, fue uno de los lugares donde se desarrolló con gran vigor la revolución del 7 de julio de 1857, que teniendo su origen en Santiago de los Caballeros buscaba el derrocamiento del desgobierno de Buenaventura Báez. Fue en ese momento cuando se implantó la histórica Constitución de Moca.

En esa ocasión Báez fue derrocado, luego de fieros combates en gran parte del territorio nacional, que duraron casi un año, pero la causa liberal duró poco tiempo, pues Santana tomó el poder en el 1858, con sus conocidas actitudes autoritarias. Los avances que se habían logrado con la mencionada Constitución fueron echados por la borda.

El Batallón Africano en las cercanías de Guerra

No hay documentación fehaciente sobre el lugar donde estuvo ubicada la aldehuela de Monte Grande, aunque sí está consignado que desde el 1786 era una alcaldía rural de Santo Domingo.

Aunque en los registros históricos prevalece el vacío de la localización exacta de Monte Grande, por extrapolaciones de puntos geográficos que se fueron intercalando con el tiempo, y que se infieren lógicas al compás de las acciones que se produjeron con el Batallón Africano en el histórico febrero de 1844, todo indica que se encontraba en la franja que conecta a Santo Domingo con el poblado de Guerra.

Además, está el antecedente histórico del 1812, cuando esclavos y libertos comenzaron a reunirse en el lugar denominado Mojarra, en las afueras de San Antonio de Guerra, para desde allí unirse a sus pariguales de Monte Grande e iniciar una insurrección en pro de la abolición total de la esclavitud que prevalecía en el llamado Santo Domingo Español.

José Gabriel García, en su Compendio de historia de Santo Domingo, indica que Juan Alejandro Acosta al pasar por el lugar que antes se llamaba Pajarito, hoy Villa Duarte, en el lado oriental del río Ozama, "tuvo que ayudar a destruir una propaganda que tenía alarmados a los vecinos de Monte Grande."21

A su vez el historiador Carlos Rafael Nouel Pierret, en su voluminosa obra sobre la historia de la Arquidiócesis de Santo Domingo, se refiere a los ex esclavos de Monte Grande, "capitaneados por Santiago Basora", que habían sido confundidos por malvados que les habían inculcados la idea que la Independencia Dominicana llegaba acompañada con la implantación, otra vez, de la odiosa esclavitud.22

Al parecer, tomando en cuenta la cercanía, había trillos de comunicación entre los habitantes de Monte Grande y Mojarra, en los contornos de San Antonio de Guerra. Robustece esa opinión la lectura de un interesante ensayo publicado en el 1969 por el fenecido segundo Obispo de Higüey Hugo Eduardo Polanco Brito, sobre la ordenación de negros e indios.23

Lo cierto y definitivo fue que luego de la confusión inicial los ex esclavos de Monte Grande jugaron un papel importante para que no se descarrilaran en sus primeras horas los designios trinitarios que estallaron la noche del 27 de febrero de 1844.

El líder del Batallón Africano fue Santiago Basora, definido como "una de las principales personalidades del Gobierno y del Ejército de la República Dominicana" por el periódico The Evening Post, editado en la ciudad de New York, en su edición del 2 de septiembre de 1854: "Coronel Santiago Basora, africano, esclavo de don José Basora que emigró a Puerto Rico en 1822."24

El eminente historiador higüeyano Vetilio Alfau Durán sintetizó de manera magistral la epopeya de esos combatientes negros: "El histórico suceso de Monte Grande, en febrero de 1844, fue el último destello de abolicionismo en la isla de Santo Domingo, el epílogo de una lucha secular verdaderamente heroica, acaso la epopeya más gloriosa que ha librado, por su libertad una raza digna y sufrida, fascinada por la suprema idea de todos los hombres buenos: ¡La igualdad humana!"25

Distrito Municipal de Hato Viejo

El distrito Municipal Hato Viejo, adherido al Municipio de San Antonio de Guerra, fue creado con la misma referida Ley 106-04.

Se trata de una comunidad de tradición cañera, cuyo principal poblado es Estorga. Posee una extraordinaria capacidad hídrica, por las grandes fuentes de aguas subterráneas que se han encontrado en el subsuelo de allí, incluyendo un tramo del río Brujuelas.

A pesar de la laboriosidad de sus moradores es notoria la pobreza. Hay una dejación de obligaciones de parte de muchas de las entidades estatales, una de cuyas misiones orgánicas es brindar servicios adecuados a todos los habitantes del país, sin importar si viven en las grandes ciudades o en comunidades como Hato Viejo.

Está allí, como en muchos otros lugares del país, eso que los sociólogos llaman el clivaje entre las grandes ciudades (en las cuales está presente el efecto demostración de los gobiernos) mientras los campos y villorrios se vive siempre en la deriva. Una auténtica y notoria fisura que abre brechas discriminatorias en términos de servicios públicos y en condiciones económicas y sociales.

Bibliografía:

1-Geografía Física, Política e Histórica de la República Dominicana, 1867. p101.Fernando Arturo de Meriño.

2-Ley No. 573, 3 de mayo de 1944. Gaceta Oficial No. 6075, publicada el 9-5-1944.

3-Ley No.163-01 del 16 de octubre del 2001.

4-Ley No.106-04, promulgada el 24 de febrero del 2004.

5-El Hambre, editorial planeta colombiana, primera edición 2014, página 508. Martín Caparrós.

6-Hojas de Servicios del Ejército Dominicano.1844-1865.volúmes I (Editora del Caribe, 1968) y II, Editora del Caribe, 1976. Editor Emilio Rodríguez Demorizi.

7-Historia de la Restauración. Editora Taller, 5ta.edición,1987.p204. Pedro M. Archambault.

8-El Cantar del Mío Cid. Ediciones Populares, Madrid, 2012.

9-Figuras Americanas. Revista Bahoruco No.187. Edición 24 marzo de 1934.p14. Américo Lugo.

10-Boletín Restaurador. Edición 21 de noviembre de 1864.

11-Historia de la Dominación y Última Guerra de España en Santo Domingo. Editora Manuel Pareja,1974.pp261 y 262. Ramón González Tablas.

12-Ibídem.p263.

13-Ibídem.pp264 y 265.

14-Divulgaciones Históricas. Editora Taller, 1989. César A. Herrera.p224.

15-Carta del General Gregorio Luperón al Coronel Pedro Guillermo.31 marzo 1964.

16-Personajes Dominicanos, tomo I. Editora Alfa y Omega,2013, p331.Roberto Cassá.

17-Obras Completas.vol.3.Editora Amigo del Hogar, 2016.pp310 y 311.José Gabriel García.

18-Documentos Presidenciales Buenaventura Báez,1868-1870. Tomo I. Editora Corripio 2008. Compilador Rafael Darío Herrera.

19-Comisión de Investigación de 1871. Informe de fecha lero de febrero de 1971, preparado por H.P. Wade y E. Jacobs.

20-La República Dominicana. Directorio y Guía General. Tercera edición facsimilar.Segunda Parte, p157.Auspiciado por la SDF, 2003. Enrique Deschamps.

21-Compendio de Historia de Santo Domingo, volumen II, facsímil, s/p de imprenta de la primera edición, 1887. p229.José Gabriel García.

22-Historia Eclesiástica de la Arquidiócesis de Santo Domingo.Vol. III. Editora Santo Domingo, 1979. pp9 y 10. Carlos Rafael Nouel Pierret.

23-El Concilio Provincial de Santo Domingo y ordenación de negros e indios. Ensayo, 1969, s/p de imprenta. Hugo Eduardo Polanco Brito.

24-La República de Haití y la República Dominicana, tomo II. Editora Taller, segunda edición,2000. Jean Price-Mars.

25-Cómo acabó la esclavitud en Santo Domingo: El suceso de Monte Grande. Clío No.44 enero-diciembre 1976. pp47-76. Vetilio Alfau Durán.