POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES

El río Bajabonico en el centro cordillerano

Al margen de los cambios toponímicos, lo cierto es que el curso de un río se mantiene medianamente invariable con el paso del tiempo, salvo abusos por indolencia contra la naturaleza o situaciones excepcionales en que interviene la mano del hombre para obras hidráulicas de gran magnitud.

En el caso del río Bajabonico, que por los hechos ocurridos en su entorno forma parte de la historia precolombina y posteriormente, se ha mantenido prácticamente en su misma trayectoria.

Así se confirma hoy al verificar los comentarios del Padre Las Casas, de Fernández de Oviedo y otros cronistas de las primeras décadas de la llamada era colonial.

Por su valía científica es pertinente hacer una breve referencia a los trabajos geológicos, topográficos y paleontológicos que en Altamira, Imbert y en otros lugares del país desarrolló a partir de 1869 el eminente investigador estadounidense William M. Gabb.

Así describió Gabb el ambiente acuífero del río Bajabonico, a su paso por la zona de Altamira: "El Río Isabela o Bajabonico cruza cercano al centro de la cordillera que se extiende al norte de Santiago, en la comunidad de Altamira, y sus brazos superiores cruzan por el paso que corre por ese lugar. Desde allí fluye en dirección noroeste a lo largo de un valle en medio de la sierra, y desemboca en el mar a unas veinticinco millas, en una línea directa al oeste de Puerto Plata. En su desembocadura hay una pequeña bahía, una simple depresión rectangular en la costa, que se abre al noroeste..."1

Municipio Altamira

Altamira, como su vecina Imbert, fue una comunidad creada de manera espontánea. Al analizar la historia económica del país se observa que Altamira era una parada obligada para los recueros que transportaban los productos de gran parte del Cibao, especialmente tabaco, café y cacao, destinados a la exportación vía el muelle de Puerto Plata.

Esa convergencia allí de los comerciantes y sus asistentes fue un elemento dinamizador para la comunidad. A partir de finales del siglo 19, con la construcción del Ferrocarril Central Dominicano, que tenía una estación en el lugar, Altamira adquirió uno de sus mayores empujes sociales y económicos.

El 11 de julio de 1843 fue declarado puesto cantonal, dependiente de Puerto Plata. A común llegó el 6 de julio de 1889, a través del Decreto No.2793.2

Altamira, como Imbert, y otras comunidades cercanas, fueron el escenario donde desplegaron sus actividades armadas los integrantes del frente guerrillero Gregorio Luperón, que se movían a través de esa zona de la Cordillera Septentrional desde el 28 de noviembre de 1963.

Ese frente guerrillero, cuyo comandante era Juan Miguel Román, formaba parte de otros cinco, teniendo como comandante en jefe a Manuel Aurelio Tavárez Justo. 3

Otras publicaciones han recogido la opinión de algunos de los integrantes del referido frente guerrillero Gregorio Luperón, exponiendo sus experiencias en aquel proyecto militar fracasado y los por qué de que el Triunvirato aniquilara la guerrilla.4

En la actualidad la ganadería vacuna, el café, el cacao y otros diversos productos extraídos de la tierra forman su principal riqueza. Su vegetación y los acuíferos que circulan por su interior convierten al Municipio Altamira en atractivo para el turismo rural. Sin desdeñar su riqueza folklórica y su tradición como cantera de artistas de merengues, bachatas y otros géneros musicales.

Varias asociaciones, integradas en gran parte por mujeres campesinas, se dedican a la fabricación de chocolates artesanales y de bolas de cacao amargo que ya son famosas en muchos puntos del país.

Campos de batalla entre restauradores y anexionistas

Altamira e Imbert, y con ellos todas las comarcas de esa zona, fueron campos de batalla entre los heroicos restauradores dominicanos y las tropas españolas que trataban de apuntalar el insostenible neo coloniaje que se produjo cuando Pedro Santana y sus secuaces vendieron la soberanía nacional, con la Anexión a España.

Desde la llegada por Puerto Plata de los primeros contingentes anexionistas, hasta la retirada vergonzosa de Buceta y sus conmilitones, la franja montañosa de Altamira e Imbert sirvió para llenar de gloria a los restauradores; dicho lo anterior consciente de que allí también cayeron no pocos patriotas que derramaron su sangre en aras de la libertad de los dominicanos.

En la guerra de bosques los dominicanos resultaban superiores a los españoles, tal y como quedó demostrado a lo largo de la Guerra de Restauración, siendo la victoria final el timbre que marcó esa verdad con categoría de axioma.

Ramón González Tablas, militar e historiador español, escribió con gruesos tintes de parcialidad los hechos de la guerra restauradora que él consideró de más relevancia. Dibujó un panorama acomodado para los fines de España, pero aunque obviamente no se lo propusiera entre líneas un lector avispado puede captar que lo ocurrido en dicho conflicto, en la zona comprendida entre Santiago y Puerto Plata, fue algo vergonzoso para los ibéricos.

Narró el referido autor que al llegar al lugar conocido como el Limón "se trabó un encarnizadísimo combate, en el que el choque de las armas blancas reemplazó al ruido de la fusilería."

En su obra Historia de la Dominación y última Guerra de España en Santo Domingo, González Tablas dice:

"Se llegó por fin a la gran cuesta de Altamira, temible por su elevada cumbre, que la domina completamente; allí estaban los insurrectos en buen número, que además tenían ocultos en el bosque unos 500 hombres, y como 1,000 dentro del pueblo de Altamira...el enemigo rompió el fuego, sucediéndose sin cesar nutridas descargas; cuando se preparaban las piezas para lanzar algunas granadas a la cumbre, salieron de repente los 500 hombres emboscados y cortaron la columna."5

Hay que resaltar como un hecho inobjetable que los combatientes dominicanos no contaban con piezas de artillería y no eran soldados profesionales, además de que "luchaban con un enemigo superior, disciplinado y aguerrido, no más valiente que los nuestros, puesto que sin tener abundantes municiones ni jefes militares hacían pagar muy caro las victorias del enemigo."6

Carbón mineral, lignito y antracita en Altamira

Siempre se ha sostenido que la Cordillera Septentrional está preñada de diferentes minerales, muchos de los cuales nunca han sido explotados, siendo múltiples las razones para ello.

Por eso no resulta extraño que a comienzos del siglo 20 un periodista e historiador santiaguero, Enrique Deschamps, al publicar en España un amplio libro sobre la dominicanidad en su más amplio contexto, se refiriera a la riqueza mineral de Altamira.

"En Altamira existen minas de carbón, lignito y antracita, y sus cultivos son fértiles, adaptándose satisfactoriamente al cultivo del trigo, según lo han demostrado diversos ensayos."7

Caminos de Altamira, Imbert y zonas aledañas

En la época en que el científico Gabb recorrió esa zona, en los hoy municipios de Altamira e Imbert había un camino intramontano que comenzaba en Santiago y atravesando el pico Diego de Ocampo se llegaba a esos poblados, y seguía más hacia el norte, no sin antes tener los viajeros que evadir, como dijo el mismo Gabb, muchos "arbustos cubiertos con enredadera de garra de gato o espérate un poquito y arcilla muy fangosa."

Es decir, que uno de los caminos que unían en el pasado a Santiago con Puerto Plata tenía como centro intermedio a Altamira.

Ese camino, como otros de la zona, atravesaba "poblados, barrios, sendas algunas tan ocultas, que sólo de los prácticos eran conocidas."8

Al decir de Adriano López Morillo (un gallego de El Ferrol, que estuvo en el país como oficial militar en el bando anexionista, pero que también fue historiador y periodista) en bordeando dicho camino había "rocas arrancadas de cuajo...un dédalo de montañas cubiertas de bosques...el más laberíntico montañoso terreno de Puerto Plata a Altamira."9

En el 1884 dicho camino fue acondicionado. Sin embargo, eso no significó que tuviera el perfil característico de las carreteras secundarias que se construyeron en el país a partir de la segunda década del siglo 20.

Más bien seguía siendo un reflejo de lo que en el 1892 escribió Pedro Francisco Bonó, el primer sociógrafo dominicano:

"Nuestros caminos en buena definición, no son caminos: los vecinales son veredas; los de sabanas, carriles de ganado; y los denominados reales, son pasajes innominados en los que ni Rey ni Roque han puesto un dedo."10

Ferrocarril Central Dominicano

Oportuno es indicar que el Ferrocarril Central Dominicano tuvo su origen más remoto en las protestas de los productores y comerciantes de Puerto Plata, Santiago y Moca, los cuales se sintieron afectados por la vía férrea que enlazaba a La Vega con el puerto de Sánchez.

Hay abundante material bibliográfico sobre los disgustos aludidos. "Luego de su construcción muchos recueros y cosecheros dejaron de pasar por estas tres últimas ciudades, por lo que los comerciantes residentes en ellas no pudieron continuar haciendo muchos negocios que antes realizaban con ellos."11

El Ferrocarril Central Dominicano fue construído por el Estado Dominicano, para lo cual el entonces gobernante Ulises Heureaux gestionó (según recogen diferentes crónicas de fines del siglo 19) y obtuvo un préstamo internacional de 800 mil libras esterlinas. Era una cantidad de dinero astronómica para esa época. La acreedora fue la empresa holandesa Westendorp & Compañía, entidad que en connivencia con el tirano criollo traspasó en poco tiempo, pero con pingües beneficios, sus acreencias a la tristemente célebre empresa estadounidense denominada Santo Domingo Improvement Company, con sede en la ciudad de New York, la cual dejaría pesadas huellas en la historia dominicana.

"Mientras que el ferrocarril de La Vega a Sánchez contribuyó a dinamizar las zonas a lo largo de los ríos Camú y Yuna, el Ferrocarril Central Dominicano (FCD)-de Santiago a Puerto Placa- tuvo efectos similares en la región comprendida entre Moca, La Vega y Santiago...ayudó a ampliar la frontera agrícola en esta región...El desarrollo de poblados como Villa González y Navarrete estuvo relacionado con esta expansión agrícola..."12

Opinión del presidente Lilís sobre el Ferrocarril Central Dominicano

El férreo gobernante que fue Ulises Heureaux, mejor conocido como Lilís, no escatimó esfuerzos a fin de concluir el camino de hierro referido.

La construcción de dicha obra vial comenzó en el 1890 y se extendió durante 7 años.

Lilís encabezó su inauguración el 16 de agosto de 1897. Según las imágenes de ese momento el tirano estaba rodeado de su gabinete y de lo que entonces se denominaban las fuerzas vivas de gran parte del Cibao.

Para que se tenga una idea de la importancia que en el orden político y en el plano económico tenía ese ferrocarril para Lilís, en dirección al sostenimiento de su régimen ya gangrenado, es oportuno acudir a su discurso de inauguración:

"Señores, yo no hubiera muerto conforme si la obra de pacificación que me impuse hubiere quedado reducida a su parte militar y política. Para complementarla era necesaria también la parte administrativa. Después de la labor de represión que aniquiló las insurrecciones, exigía la felicidad de la Patria que se sustituyese con causas de progreso las causas de inquietud y rebelión que antes existían, para que sobre la paz se cimentase también la paz moral, la paz inconmovible engendrada por el bienestar y la tranquilidad de los ánimos."13

Opiniones sobre la zona de Imbert

El famoso cónsul británico en la República Dominica Robert Schomburgk, quien también era un notable botánico y explorador, escribió en el 1850 una carta en la cual resalta las bellezas de la zona que motiva esta crónica.

Al referirse al río Bajabonico, probablemente en su paso por territorio de lo que ahora es el Municipio Imbert, el acucioso cónsul dijo: "Vadeamos el río impunemente y lo volvimos a cruzar, hasta tocar un fondo tan liso como sobre el que rueda alguna se haya deslizado...El río no es tan largo como el "Bello Río" de Longfellow, pero merece el nombre mucho más."14

El mencionado sabio alemán de nacimiento, pero que sirvió a la Corona Británica y fue declarado Sir de dicho imperio, no fue el único que posó con ojos escrutadores su mirada por esa área del territorio dominicano.

El estadounidense Harry A. Franck, al pasar en el 1920 por lo que hoy es el Municipio de Imbert, escribió en su obra titulada Andando por las Indias Occidentales, lo siguiente:

"Café, maíz, manchas sombreadas de cacao y las gigantescas hojas de guineo vestían las profundas laderas. Cerca del ingenio de los Pérez, bueyes enyugados por los cuernos tiraban por los insondables caminos masivas carretas de dos ruedas con altas cargas de caña..."15

Un combate memorable en Imbert

En las páginas añejadas de la historia referente a la gran hazaña militar del pueblo dominicano en armas contra la execrable Anexión a España figura un encuentro bélico en el lugarejo Las Hojas Anchas, en el hoy municipio de Imbert, entonces conocido como el poblado de Bajabonico.

Allí unos pocos cientos de aguerridos combatientes criollos, al frente de los cuales estaban los jefes patriotas Juan Nuezí, popularmente conocido como Lafit, y el montecristeño Juan Bautista Latour, vencieron a la soldadesca española formada por 1,800 elementos fuertemente armados encabezados por el gobernador anexionista de Puerto Plata, el traidor General Juan Suero, así como el ducho coronel Cappa.

El triunfo de la causa dominicana fue resonante, a pesar de que el referido oficial español Cappa utilizó varías piezas de artillería que "estuvieron durante dos horas vomitando un fuego atronador."

Benito Monción describe la batalla de Arroyo Negro

El héroe restaurador Benito Monción, al presentar sus apuntes sobre enfrentamientos entre restauradores y anexionistas, reconociendo implícitamente la desventaja en armamentos y en combatientes del lado dominicano, se refirió al fiero combate que se desarrolló en la comarca de Arroyo Negro. Así dejó para la posteridad lo que en aquel sitio de nombre sonoro ocurrió:

"Un ataque sangriento para los españoles, obligados, a la vez que se batían de frente y por retaguardia, en malísimo terreno, a limpiar el camino para continuar la retirada."16

Dificultades persistentes en el agro

Prueba de que a lo largo y ancho de la geografía nacional existe una recurrencia en las dificultades para desarrollar las potencialidades del campo dominicano se observa cuando se da una mirada al pasado. Ahora los pequeños agricultores siguen pasando privaciones parecidas a las que tuvieron décadas atrás.

El Ing. Ramón Arturo Guerrero Valera, brillante cronista de la agropecuaria dominicana ya fallecido, publicó en septiembre de 1978 un artículo titulado Los Campesinos del Cibao ante el nuevo Gobierno, en el cual recoge las inquietudes de diferentes dirigentes agrarios.

Al entrevistar a Gregorio Hiraldo, entonces presidente del Comité pro Federación de Agricultores de Altamira, éste le dijo a Guerrero Valera que los labriegos de Altamira iban a exigirle al gobierno que un mes antes arrancó su cuatrienio, lo siguiente:

"La tierra para el campesino, crédito para el pequeño y el mediano productor, mercado seguro y justo para nuestros productos, asistencia técnica e insumos, libertad de asociación."17

Cualquier semejanza con el presente, en varios de los aspectos de lo dicho en aquella época, no es pura coincidencia, es cruda y dura realidad.

Municipio Imbert

El nombre Imbert se utiliza desde el 30 de mayo de 1925 como topónimo del poblado que hasta entonces se conocía como Bajabonico. Así lo dispuso la Ley 91 de la referida fecha.18

José María Imbert Duplessis, que es el héroe que se honra con esa designación, fue un ciudadano francés que vivía en Moca al momento de proclamarse la Independencia Nacional.

Imbert fue lugar teniente del patricio Mella y se convirtió en uno de los principales héroes de la batalla del 30 de marzo de 1844, librada en las calles y cerros de la ciudad de Santiago de los Caballeros entre los patriotas dominicanos y los invasores haitianos. También fue héroe en la batalla de Beler.

El fichaje histórico de esa comunidad revela que se fue formando poco a poco, por familias campesinas de la zona y de otros lugares del país. Por su posición geográfica estratégica fue un lugar de frecuentes enfrentamientos armados, tanto en las luchas patrióticas como en las insurrecciones intestinas entre partidarios de los caudillos que se alzaban al monte contra los gobiernos que adversaban.

La comunidad de Imbert, entonces denominada Sección Bajabonico, alcanzó un movimiento social y económico considerable a partir de 1897, cuando se inauguró el ferrocarril que unía las ciudades de Santiago y Puerto Plata.

El dictador Ulises Heureaux (Lilís) un mes, menos un día, antes de caer abatido en Moca declaró a Bajabonico como puesto cantonal mediante el Decreto No.3879, emitido el 27 de junio de1899.19

Ese pequeño pueblo se transformó en una común de la provincia Puerto Plata, en virtud de lo dispuesto en la reforma constitucional del 1907, aprobada por el Congreso Nacional el 14 de junio de dicho año y promulgada por el a la sazón Presidente de la República Ramón Cáceres el 9 de septiembre siguiente, la cual en su artículo 4 establecía que: "El territorio dominicano se divide en provincias y éstas a su vez se subdividen en comunes."20

Imbert es un territorio gran productor de café, cacao y diversos frutos del agro. En el presente posee una selecta ganadería de leche y expertos productores de queso nativos de allí han convertido el lugar en un punto de referencia para la gastronomía centrada en ese subproducto de la leche de vaca. En el pasado tuvo una gran producción de caña de azúcar.

Los 27 charcos de Damajagua

Los famosos 27 Charcos de Damajagua están en el territorio del Municipio Imbert. Como su nombre lo indica se trata de un rosario de charcos a lo largo de ese río. Es, junto con las artesanías talladas con unas piedras especiales que solo aparecen por allí, de los principales atractivos turísticos que tienen los 172 kilómetros cuadrados que integran ese territorio del Norte del país.

Los 27 Charcos de Damajagua fueron declarados con la categoría de monumento natural y están bajo el amparo legal de la Ley 64-00, sobre Medio Ambiente y Recursos Naturales, y las leyes que la complementan.

Distrito Municipal Río Grande

La Sección Río Grande fue elevada a Distrito Municipal, perteneciente al Municipio de Altamira, mediante la Ley 27-6, promulgada el 15 de febrero del 2006.

Para elevar de categoría dicha comunidad el Congreso Nacional tomó en cuenta, según indica el segundo Considerando de la citada ley, "que tiene una gran producción agrícola, como son: cacao, café, cítricos, aguacate, guandules, habichuelas, yuca, yautía, guineo, maíz, guanábana; pecuaria: vaca, cerdo, chivo, caballo, burro; también avícola: gallina, pato y guinea."21

Gran parte de la producción artesanal de chocolate con la denominación de origen Altamira proviene del distrito municipal Río Grande, que entre otras secciones y parajes está acompañado por Río Grande Arriba, Rancho al Medio, Río Grande Abajo, Los Pomos, La Solapa, La Sabana, El Ciruelo, Los Picos Abajo, Los Chijos, La Guinea, Arroyo del Clavo, Pies Jagua, El Guayabo y Los Pomos.

Bibliografía:

1-Sobre la topografía y geología de Santo Domingo. Auspiciada por la SDB. Editora Amigo del Hogar, 2da. edición, 2005.p158. William M. Gabb.

2-Decreto No.2793, del 6 de julio de 1889. Colección Leyes de 1889.

3-Historia General del Pueblo Dominicano. Tomo VI. Editora Búho, 2018.pp79-83.Capítulo a cargo de Juan Ricardo Hernández Polanco.

4- Movimiento 14 de Junio. Historia y Documentos, segunda edición. Editora Búho, 2007.pp419-431.Tony Raful.

5-Historia de la dominación y última guerra de España en Santo Domingo. Talleres gráficos Manuel Pareja, Barcelona, España, 1974. pp 154-159. Ramón González Tablas.

6-Historia de la Restauración, quinta edición. Editora Taller, 1987.pp 129,130. Pedro M. Archambault.

7- La República Dominicana. Directorio y Guía General, tercera edición facsimilar, 2003.p247. Enrique Deschamps.

8-Segunda Reincorporación de Santo Domingo a España. Publicado por la SDB.1983.Tomo I. p262.Adriano López Morillo.

9-Ibídem, tomo 1I.p84. Adriano López Morillo.

10-Apuntes sobre la clase obrera dominicana, 1892. Pedro Francisco Bonó.

11-La dictadura de Lilís. Editora de la UASD, 1986.p105. Jaime de Jesús Domínguez.

12-Campesinos del Cibao. Economía de mercado y transformación agraria en la República Dominicana.1880-1960. Editora Búho, 2013.p104.Pedro L. San Miguel.

13-Gaceta Oficial correspondiente al 28 de agosto de 1897.

14-Extracto de una carta inédita de Robert Schomburgk, inserta en el libro Los primeros turistas en Santo Domingo. Editora Amigo del Hogar, 2011.pp 29,30.

15-Andando por las indias occidentales. Harry A. Franck, inserta en el libro los primeros turistas en Santo Domingo. Editora Amigo del Hogar, 2011.pp249-335.

16-Relación Histórica sobre la Guerra Restauradora. Benito Monción.

17-La Coyuntura Agraria Dominicana 1976-1990. Editora Amigo del Hogar, agosto 2017.p64. Ramón Arturo Guerrero Valera.

18- Ley 91 del 30 de mayo de 1925.

19-Decreto No.3879, 27 junio de 1899. Colección Leyes de 1899.

20- Constitución de la República 1907.La Constitución de la República y sus reformas 1844-2010.tomo I. Editora Búho, 2014.pp573-608.Auspiciado por el Tribunal Constitucional de la República Dominicana.

21-Ley 27-6, promulgada el 15 de febrero del 2006.