Por Raúl Menchaca

LA HABANA, 21 feb (Xinhua) -- Dicen los expertos que en óptimas condiciones de conservación, un buen puro habano puede fumarse 15 años después de elaborado e incluso más, porque aseguran que al igual que los vinos excepcionales, mejoran con el paso del tiempo.

Pero el valor de esa conservación crece de manera exponencial cuando los puros se guardan en los humidores, que en Cuba son elaborados por artesanos que convierten la madera en arte al servicio de los fumadores.

Vistos de manera simple, los humidores son cajones de madera revestidos interiormente de cedro, con un sistema de humidificación y un higrómetro para controlar el grado de humedad y, a veces, con un termómetro que mide la temperatura.

El exquisito trabajo de los artesanos, en el que se entremezclan diseñadores, carpinteros y hasta artistas, transforma sin embargo esos muebles en piezas únicas, cuyo valor va más allá de los habanos que contienen.

Esa belleza es la que aprendió a admirar casi desde pequeño Jackmel Yera, un joven arquitecto de 37 años convertido en diseñador de humidores.

Dos de sus proyectos están incluso entre los siete que se subastarán en el Festival del Habano, que por estos días transcurre en la capital cubana.

"Hace más de 15 años, cuando aún estudiaba en la universidad, empecé a ayudar a un tío en el diseño de los humidores y de esa forma me fui adentrando en ese exigente mundo", explicó Yera a Xinhua.

Sin dejar su puesto en un departamento del Ministerio de la Construcción, Yera se vinculó a un grupo de artesanos para trabajar en la conservación de los habanos.

Hace un año se independizó y comenzó un emprendimiento con un amigo, Alejandro García, un ex contable devenido carpintero.

García, quien tiene 31 años, aseguró entre risas haber encontrado en la carpintería su verdadera vocación, porque "me permite sacar de la cabeza todas las ideas que tengo".

Yera y García se unieron al escultor y orfebre Jorge Gil, para conformar el grupo Humidores Unión, que comercializa los humidificadores en el estudio-galería del artista, en el centro histórico de La Habana.

Las tareas están bien definidas en el grupo, pues Yera hace los diseños y coopera con García en la conformación de las piezas, mientras que Gil, quien trabaja con titanio, se encarga de aportar alguna de las partes metálicas que necesitan las obras.

Ambos trabajan en un humilde taller en el barrio de San Agustín, en el oeste de La Habana, a unos 25 kilómetros del centro de la capital cubana, donde reutilizan maderas preciosas de viejos muebles que compran a propietarios y anticuarios.

Con la reutilización de partes de esos muebles de caoba y cedro, que se unen a las planchas de ocume que les proporciona el Fondo Cubano de Bienes Culturales, conforman verdaderas obras de arte que han llamado la atención de los conocedores del mundo del tabaco.

En apenas un año de trabajo, dos de sus propuestas ganaron una licitación anual que hace la empresa Habanos S.A. para comprar los humidores que se subastan en cada edición del Festival del Habano, cuya recaudación, como es costumbre, se destina íntegramente al sistema cubano de Salud Pública.

Luego de lograr la exigente licitación, se enfrascaron en la elaboración de dos monumentales humidores, uno para la vitola Montecristo y otro para San Cristóbal, dos de las más afamadas marcas de puros cubanos.

El primero, cuyas gavetas estarán cargadas con 420 puros Montecristo, imita las líneas de un barco con una vela y una quilla de titanio.

Se trata de un diseño de vanguardia incluso para el evento de más lujo y glamour de cuantos se hacen hoy en día en la isla.

El segundo humidor, dedicado al próximo aniversario 500 de la fundación de La Habana, es una réplica de la muralla que rodeaba a la ciudad en la época colonial y dentro de sus "ladrillos" conserva medio millar de habanos San Cristóbal.

Los hermosos humidores que preparan y que de seguro alcanzarán un precio alto, abren un camino de éxito para este grupo de creadores cubanos empeñados en ofrecer arte para conservar los habanos. Fin