LA HABANA, 9 oct (Xinhua) -- El 10 de octubre para los cubanos es una fecha especial; la connotación está estrechamente ligada a los procesos independentistas en la nación del Caribe, cuyas gestas emancipadoras iniciaron hace 150 años.

El "Grito de Yara" es como se le conoce a la sublevación armada protagonizada por el acaudalado abogado Carlos Manuel de Céspedes, quien en la mañana del 10 de octubre de 1868 liberó a sus esclavos y alzó en armas a los cubanos.

Ese hecho, ocurrido en el ingenio La Demajagua, Manzanillo, en el oriente del país, constituyó el comienzo de las luchas de liberación nacional y un triunfo de las ideas independentistas frente al colonialismo español y las corrientes reformistas y anexionistas que existían en la Cuba del siglo XIX.

Ante unas 500 personas, entre esclavos africanos y patriotas criollos, Céspedes pronunció una declaración conocida como Manifiesto del 10 de Octubre, donde expuso los motivos por los cuales los presentes se oponían al régimen colonialista español.

Dentro de las principales causas, versa el documento, estaba el hecho de que la metrópoli gobernaba a Cuba con un "brazo de hierro ensangrentado", considerándola como una mera fuente de ingresos fiscales, impidiendo a los nacidos en la isla el derecho a reunirse y expresarse con libertad.

"Cuando un pueblo llega el extremo de degradación y miseria en que nosotros nos vemos, nadie puede reprobarle que eche mano a las armas para salir de un estado tan lleno de oprobio", indica el escrito.

En la proclama quedaron también plasmados los objetivos que perseguían los revolucionarios cubanos con la guerra, entre los que resaltan lograr la independencia total de España y la gradual abolición de la esclavitud, a cambio de una indemnización que se otorgaría a los terratenientes.

Como ejemplo para el resto de los adinerados hacendados, Céspedes dio la libertad a sus esclavos y los exhortó a incorporarse a la lucha en un plano de completa igualdad con los blancos.

"¡Ciudadanos, hasta este momento habéis sido esclavos míos. Desde ahora, sois tan libres como yo. Cuba necesita de todos sus hijos para conquistar la independencia! Los que me quieran seguir que me sigan; los que se quieran quedar que se queden, todos seguirán tan libres como los demás", exclamó.

No obstante la relevancia del hecho y la gallardía de Céspedes, el levantamiento en La Demajagua fue una improvisación hija de las circunstancias.

Según los registros históricos, los conspiradores independentistas del oriente de la isla, en su mayoría terratenientes del sector más radical y revolucionario, habían acordado iniciar la guerra a mediados de octubre, pues las contradicciones entre colonia y metrópoli se hacían cada vez más agudas.

Sin embargo, gracias a un aviso temprano de que existía una orden de arresto contra él y sus seguidores, Céspedes decidió adelantar el alzamiento.

Insistió en declarar su inquebrantable decisión de transformar la situación existente en la isla a través de las armas, como única vía de alcanzar las libertades económicas, políticas y sociales a que tenían derecho como sociedad que comenzaba a forjarse como nación.

Al estallar la guerra, arrastró tras sí a campesinos, artesanos y esclavos, y despertó el patriotismo de estudiantes, intelectuales y del pueblo cubano en general, cuyo sentimiento nacional se hizo realidad concreta en el fragor de la lucha armada.

La insurrección fue el motor impulsor que transmitió la suficiente energía a los posteriores levantamientos ocurridos en otras zonas de oriente como Camagüey y Las Villas en el centro de la isla.

El "Grito de Yara" además posibilitó, por primera vez, que blancos, negros y mestizos, ricos y pobres, compartieran ideales y sacrificios en igualdad de condiciones.

Durante 10 años de cruenta lucha, los cubanos mostrarían al mundo su heroísmo y valor, enfrentando a un ejército superior, no sólo en hombres sino también en recursos disponibles para hacer la guerra.

Aunque no concluyó de la forma prevista ni consiguió los objetivos iniciales que se propuso debido a diferencias políticas en el campo insurrecto, fue una importante experiencia para futuras contiendas e influyó decisivamente en la historia de Cuba.

A ella siguieron la llamada Guerra Chiquita (1879-1880) y la Guerra de Independencia (1895-1898), organizada por el prócer independentista José Martí.

El ciclo de lucha iniciado el 10 de octubre de 1868 por Carlos Manuel de Céspedes, considerado el "Padre de la Patria", concluyó casi un siglo después cuando el 1 de enero de 1959 triunfó la Revolución Cubana bajo la guía del ahora fallecido líder Fidel Castro. Fin