Por Silvia Martínez*

Roma (PL) Pinturas, utensilios, joyas, casas, áreas recreativas, calles y esculturas diversas revelan clases, costumbres, creencias, tradiciones, gustos e historias petrificadas que emergen de las ruinas de Pompeya, parte del Parque Arqueológico ubicado en Nápoles, región de Campania, al sur de Italia.

Secretos de vida y tradiciones de esa urbe de la antigua Roma, sepultada en el año 79 por las cenizas del volcán Vesubio, junto a sus vecinas Herculano, Estabia y Oplontis, ciudades que resurgen gracias al uso de nuevas tecnologías que aceleran el conocimiento desde los primeros hallazgos iniciado el 23 de marzo de 1748.

Pompeya fue descubierta una década después que Herculano, popular centro vacacional para los romanos ricos, en sus inicios llamada Stabia, hasta que en 1763 se llegó a la conclusión de que se trataba de un bullicioso centro industrial.

A propósito de nuevas excavaciones y mayores hallazgos, la oficina de prensa del Parque Arqueológico emitió un comunicado recientemente en el cual destaca que la más grande intervención en el área no excavada de Pompeya desde el final de la Segunda Guerra Mundial estará terminada en 2019.

Para Massimo Osanna, director general del Parque Arqueológico, a 270 años del descubrimiento de esas ruinas, 'se vuelve a excavar a vasta escala con el uso de instrumentos de nueva tecnología, como drones y georadares y el apoyo de un equipo interdisciplinario'.

La intervención, enmarcada en el Gran Proyecto de Pompeya, con dos años de duración y un costo de 8,5 millones de euros, se realiza en una parte de la llamada zona V, en una superficie de más de mil metros cuadrados, conocida como cuneo o cuña, ubicada entre la casa Las Bodas de Plata y la de Marco Lucrezio Fronone.

Las excavaciones, adelantó el comunicado, muestran nuevas estructuras y piezas de ambientes privados y públicos, entre ellas lo que puede ser un antiguo jardín, cuya función será mejor definida con análisis e investigaciones paleobotánicas.

Hallazgos anteriores

Antes, en agosto pasado, la oficina de Bienes Culturales de Italia ofreció resultados preliminares de un estudio sobre restos óseos de 54 personas que trataron de escapar de la destrucción de Pompeya.

La investigación, aún en curso, reveló datos, hasta ese momento desconocidos, sobre familias, costumbres alimentarias y estado de salud de habitantes de esa antigua ciudad.

Se trata de decenas de esqueletos de hombres, mujeres y niños encontrados en los años 1990, quienes intentaron escapar de la ira del volcán llevando consigo monedas y joyas y se refugiaron en una habitación en la Villa de Lucio Crassius Tercio, conocida como Villa B, también descubierta accidentalmente en 1974, propiedad de un próspero comerciante de la época.

Al menos dos de las osamentas estudiadas pertenecen a mujeres embarazadas a término, además también arrojó que la mayoría de las víctimas eran parientes entre sí, dado los rasgos genéticos comunes aportados por análisis del ADN de muestras de hueso y dientes.

En los hallazgos destaca también que muchos mostraban dientes incisivos de forma característica, rara vez observados en esqueletos romanos del siglo I.

Los resultados de estas indagaciones con personas muertas de forma violenta y muchas de ellas en plena salud, contrasta con otras realizadas con restos óseos encontrados en necrópolis y por lo tanto correspondientes a individuos fallecidos de causas naturales o debido a una enfermedad, como anemia, fracturas, infecciones y artritis.

Ello permite llegar a informaciones importantes sobre estilo de vida y dieta y de hecho no aparecen señales de anemia ni enfermedades tan significativas como la malaria, en cambio se presume que la población tenía una dieta equilibrada.

Incluso, según los investigadores un análisis de los isótopos estables de cada esqueleto, podría aportar información sobre los alimentos consumidos en los últimos años de vida.

La investigación es realizada por expertos de las universidades estadounidenses de Michigan, Carolina del Sur y West Florida, junto con la dirección del parque arqueológico de Pompeya y financiada por varias instituciones de la nación norteamericana.

Orígenes y desaparición

Según cuenta la guía de las excavaciones de la Superintendencia de Pompeya (2015), el origen de esta antiquísima ciudad es incierto.

Los indicios más remotos ubican su surgimiento entre finales del siglo VII y la primera mitad del VI antes de nuestra era (a.n.e) y contribuyó a su desarrollo una civilización mixta de griegos, primero, y poco después de etruscos y más tarde se diseminaron por la llanura de la actual Campania tribus Samnitas las cuales le dieron un fuerte impulso a las obras de urbanización de Pompeya.

Movimientos de expansión de esa civilización dieron lugar a la intervención de Roma en el sur de la península y Pompeya pasó a formar parte de ella de la cual se rebeló en los años 90- 89 a.n.e, junto a otros pueblos que 'exigían una dignidad social y política igual a la de Roma'.

En el año 80 a.n.e la ciudad capituló tras el asedio de las tropas de Lucius Cornelius Sulla, y como era común entonces pasó a llamársele Cornelia Veneria Pompeianorum, como colonia de Roma periodo en el cual hubo un auge, sobre todo bajo los emperadores Octaviano Augusto (año 27 -14 a.n.e) y Tiberio (del 14-37), en la construcción de edificios públicos y particulares, y devino importante puerto marítimo de mercancías con destino a Roma.

Un violento terremoto sacudió la zona del Vesubio en el año 62 y aunque el proceso de reconstrucción se inició rápido los cuantiosos daños ocasionaron demoras.

Según determinaron geólogos siglos después, ese movimiento telúrico fue como el 'ensayo final del Monte Vesubio' antes de la repentina erupción del volcán que sepultó de cenizas y lava toda la ciudad 17 años después.

La tragedia ocurrió entre el 24 y 25 de agosto del año 79, según cuentan, cuando el Vesubio eructó sobre la ciudad y sus 20 mil habitantes toneladas de ceniza volcánica que la sepultó bajo cerca de siete metros, junto a las localidades vecinas de Herculano, Estabia y Oplontis.

Aunque los historiadores apuntan que la montaña dio indicios de activación días antes, e incluso el estudio de restos arqueológicos evidencia que muchos de sus pobladores abandonaron el lugar ante el inminente peligro.

Pero se sabe que algunos vecinos permanecieron allí y murieron por la lluvia de cenizas ardientes y la fatal nube piroclástica, y entre las víctimas figuraron algunos que habían evacuado y luego retornaron a recuperar sus pertenencias.

Una parte del conocimiento de los hechos parten del relato de Plinio (61-112), joven testigo, quien narró la muerte de su tío y su propia experiencia en sendas cartas enviadas al historiador romano Cornelio Tácito.

El redescubrimiento ocurrió a finales del siglo XVI, pero en 1748 comenzaron las excavaciones con el rey de Nápoles Carlos III de Borbón y los estudios para hacer emerger la ciudad, indagaciones y búsquedas que llegan hasta nuestros días en el devenido Museo Arqueológico Nacional: Pompeya y Herculano.

Para los expertos este es el único sitio arqueológico del mundo capaz de mostrar el aspecto de un antiguo centro romano en su totalidad. Tiene una extensión de 66 hectáreas, de ellas 50 excavadas, incluyendo las áreas suburbanas. Ello permite andar por sus calles de lozas grandes de piedras; hurgar en la villa, sus gimnasios, tabernas, prostíbulos; apreciar sus pinturas, respirar sus olores, tocar sus vasijas y prendas, conocer sus secretos.

Cada detalle estremece al imaginar la bulliciosa vida de aquel lugar dos mil años atrás y cuando todo quedó petrificado en poco tiempo.

Se trata de un estremecedor legado del mundo antiguo a la modernidad, y del Vesubio, que demoró 700 años para entrar en erupción y desde entonces enmudeció para siempre.

Estas peculiaridades hacen de Pompeya, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1997, uno de los sitios más visitados del mundo, con unos dos millones de turistas cada año, y donde se develan los secretos de la vida y costumbres de esa sociedad detenida en el tiempo.

*Corresponsal Jefe de Prensa Latina

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