SANTO DOMINGO, el 17 de marzo de 1975, un grupo de militares y civiles encabezados por el mayor (FAD) Joaquín Pou Castro, asesinó al periodista Orlando Martínez, en un acto criminal cometido en horas de la noche en la avenida José Contreras casi esquina Cristóbal de Llerena, en la zona universitaria.

Orlando Martínez, de 36 años, era el director ejecutivo de la Revista Ahora, y autor de la muy leída columna Microscopio.

El grupo armado le tendió una emboscada y le bloqueó su vehículo para que no pudiera evitar el atentado.

En una sumaria del juez de la Instrucción Juan Miguel Castillo Pantaleón, fueron acusados del crimen los generales Salvador Lluberes Montás, Joaquín Pou Castro (ya fallecido con el rango de general ®), e Isidoro Martínez ?ya fallecido-, el ex sargento Mariano Durán Cabrera y los civiles Rafael Lluberes Ricart, y Luis Emilio de la Rosa.

Del grupo fueron condenados a 30 años de prisión por la jueza de la Décima Cámara Penal, Katia Miguelina Jiménez, los ex militares Joaquín Pou Castro, Rafael Lluberes Ricart, Mariano Durán Cabrera y el civil Emilio de la Rosa.

Mariano Durán Cabrera, quien fue extraditado de Nueva York, ha sostenido que la noche del atentado todos los que participaron dispararon contra Orlando Martínez.

Orlando Martínez, quien también era militante del Partido Comunista Dominicano (PCD), fue asesinado por las críticas que hacía a través de su columna Microscopio contra los actos de intolerancia de la cúpula militar del Gobierno de los doce años del Presidente Joaquín Balaguer durante el período 1966-1978.

Cumplía condena de 30 años

El general retirado Joaquín Pou Castro (FAD) cumplía la condena de 30 años por el asesinato de Orlando Martínez, cuando murió el 27 de Abril de 2011, en el Hospital Central de las Fuerzas Armadas a donde había sido trasladado desde la cárcel de Najayo.

La noche del 17 de Marzo de 1975, cuando fue asesinado Orlando Martínez, Pou Castro era mayor de la Fuerza Aérea Dominicana. A pesar de que era señalado por el PCD y la familia de Orlando, como uno de los autores del crimen, fue ascendido hasta el rango de General de Brigada, por los gobiernos del PRD de los presidentes Antonio Guzmán Fernández (1978-1982) y Salvador Jorge Blanco (1982-1986).

Desde el año 2008 y en múltiples ocasiones, Pou Castro había sido recluido en ese centro de salud debido a problemas cardíacos, según habían informado las autoridades penitenciarias.

La sentencia condena asesinos

El 18 de diciembre de 2007, el Pleno de la Suprema Corte de Justicia impuso una condena de 30 años de prisión a Pou Castro, quien fue enviado desde un pabellón de la Secretaría de las Fuerzas Armadas, a Najayo, en julio de 2005.

Con la condena interpuesta por la Suprema Corte de Justicia de 30 años, fue revocada una sentencia de 20 años dictada por la Cámara Penal de la Corte de Apelación de San Pedro de Macorís, que lo había sentencia por cómplice en el hecho.

La Corte de Apelación también condenó a Mariano Cabrera Durán y a Rafael Alfredo Lluberes Ricart, a 30 años de prisión, confirmando la sentencia original emitida por la Décima Sala Penal del Distrito Nacional, en Agosto de 2000. Al calificar como débil la pena de 20 años contra Pou Castro, la familia Martínez Howley recurrió el caso en casación.

El pleno de la Suprema Corte de Justicia tomó como fundamento para revocar la sentencia, el hecho de que los cargos que se les imputaban a Pou Castro, constituyen el hecho punible de asesinato en calidad de autor y no de cómplice como estableció la Corte de Apelación, hecho más grave que debe sancionarse con 30 años de reclusión mayor, por lo que "debe declararse con ha lugar el recurso de los actores civiles y anular la sentencia únicamente en lo concerniente a la determinación de la sanción".

Lo sepultaron sin honores

El 28 de abril de 2011, Pou Castro, aunque era un general retirado, fue sepultado sin honores en el Jardín Memorial de Guerra.

El cortejo fúnebre no pudo ser cubierto por los medios de comunicación. Un cordón policíaco-militar impidió la entrada de los reporteros a la funeraria Blandino, de la avenida Sabana Larga, en Santo Domingo Este, donde fueron velados sus restos, y en el cementerio Parque del Prado, en el municipio de Guerra, donde fueron sepultados.

Al momento de morir Pou Castro estaba condenado a 30 años de prisión por su participación en el asesinato de Orlando. Llevaba meses recluido en el hospital de las Fuerzas Armadas, donde murió el 27 de Abril de 2011.

La prensa matutina del 29 de abril de 2011, reseñó que "llevaba varios años batallando contra los recuerdos, la justicia y un cáncer implacable que al fin lo libró de pasar 30 años tras las rejas por un crimen del que no se arrepintió. De acuerdo con las investigaciones, después de dar el tiro de gracia a Orlando, el mayor Pou Castro se fue a tomar a la casa de un reputado abogado penalista".

Según la historia publicada por el diario El Día, "Compañeros de cuarteles, ya retirados, dijeron a El Día que Ñoñó se jactaba de la gran cantidad de jóvenes que mató “durante sus mejores años. Resalta que la noche del asesinato de Orlando, "Pou Castro era mayor de la Fuerza Aérea Dominicana, institución que a la sazón era encabezada por el mayor general Salvador Lluberes Montás ?Chinino-, quien también fue llevado a la justicia por el crimen, aunque luego fue sacado del expediente".

Refirió que el único caso de un ex general que –además de Pou Castro, fue sepultado sin los honores militares correspondientes, el del ex jefe de la Policía Nacional (1972-1973), general ® José Ernesto Cruz Brea, quien sí lo había solicitado, lo que fue respetado por la institución y sus familiares.

El artículo que impulsaría a los asesinos

El artículo que publicó Orlando días antes del crimen con el título: "¿Por qué no, doctor Balaguer?", y que Narciso Isa Conde sostiene, "fue empleado por el alto mando militar y la CÍA para reactivar, con el perverso respaldo del Presidente Balaguer, la conjura que contra su vida se había gestado inicialmente en 1973, tal como él mismo lo denunciara en su columna MICROSCOPIO".

¿Por qué no, doctor Balaguer?

Señor Presidente de la República, ya que usted impide que un artista del prestigio y la calidad moral de Silvano Lora viva en su Patria, ya que dejar en el extranjero a dominicanos le produce placer o ganancias politiqueras, me voy a permitir hacerles algunas recomendaciones.

Espero que sobre todo medite la última. Como Usted ha dicho que en este gobierno, y parece ser cierto, la corrupción sólo se detiene en la puerta de su oficina, ¿Porqué no saca de la República Dominicana a todos esos corruptos? Como aquí existe una galopante inflación de delincuentes sin uniformar y, según usted, también uniformados, ¿porqué no les ordena a los calieses del régimen que los apresen y los metan en un avión? ¿Porqué no les dice a los genízaros que prestan servicio en el aeropuerto que apresen no a los que traen cigarrillos de marihuana, sino a los pejes gordos del tráfico de drogas?

¿Por qué no manda al exilio a los que reciben comisiones para negociar contratos que entregan nuestras riquezas a las compañías multinacionales? ¿Por qué no instala en un barco a los latifundistas, a los que están negados a que este país salga del subdesarrollo y de la situación de miseria colectiva que lo acompaña?

¿Por qué no entra en ese mismo barco a quienes en la ciudad son el soporte ideológico de esos terratenientes? Y también a quienes son el sosten armado, los que dan palos, apresan y torturan campesinos que luchan por sus derechos. Como Usted es enllave de los norteamericanos, ¿porqué no le solicita un portaaviones para enviar al lugar que fuese a los numerosos calieses que viven del trabajo del pueblo?

En caso de que su amistad con los Estados Unidos sea más estrecha de lo que sospechamos, ¿Porqué no le pide al Pentágono un cohete último modelo con el objetivo científico de crear una colonia de calieses en la luna? ¿Por qué no desaparece de la vista de los dominicanos honrados, que son la mayoría, a todos los vagos que en este gobierno cobran sin trabajar?

¿Porqué, tómelo en cuenta, no deposita en un cómodo asiento de primera a los funcionarios irresponsables que se las dan de Fouché contemporáneos y a la hora de la responsabilidad no dan la cara?

Y mi recomendación final: Si es inevitable que esta situación continúe, si es imposible evitar actos indignantes y miserables como el que presencié el domingo en el aeropuerto, ¿por qué, doctor Balaguer, no se decide Usted a subirse en el avión o el barco y desaparece definitivamente de este país junto a todos los anteriormente mencionados?