AZUA, el 13 de marzo de 1537, el hatero Hernando Gorjón solicitó permiso a la Monarquía Española para fundar en la colonia de Santo Domingo un colegio de Estudios Generales.

Hernando Gorjón hizo la petición desde Azua, donde tenía parte de sus hatos. Su petición fue aprobada por la Monarquía de España y daría origen a la Universidad de Santo Domingo.

En efecto, el 28 de octubre de 1538, el Papa Paulo III, emitió la bula In Apostulatus Culmine, en virtud de la cual le concedió la categoría de Universidad al centro de estudios generales Santo Tomás de Aquino, dirigido por los padres dominicos.

La bula expresa que la Universidad gozará de "todos y cada uno de los privilegios, indultos, inmunidades, exenciones, libertades, favores y gracias, que así en la Universidad de Alcalá como en la de Salamanca o en otra cualquiera de los Reinos de España".

La Universidad Santo Tomás de Aquino, hoy Universidad Autónoma de Santo Domingo, fue el primer centro dedicado a la enseñanza de educación superior establecido en América, lo que constituyó un acontecimiento de gran trascendencia histórica, cultural y científica para la isla de Santo Domingo en la primera mitad del siglo XVI.

La bula había sido solicitada por la orden de los Predicadores dedicados a la enseñanza desde el año 1510, donde mantenían el «Estudio General» en el Convento de los Dominicos. La Universidad inició sus programas organizados en cuatro Facultades: Teología, Medicina, Derecho Civil y Canónico, Artes: Las siete artes liberales.

La Universidad de Santo Tomás de Aquino gozó de gran prestigio académico en todo el continente americano. A ella acudieron, durante tres siglos, religiosos e intelectuales para dedicarse al quehacer universitario: de aprender, enseñar e investigar los distintos aspectos del conocimiento humano.

En la Universidad de Santo Domingo se formaron jóvenes de la región, quienes luego contribuyeron a la creación de dos nuevas Universidades en el continente, la de Santiago de León, en Caracas, Venezuela, el 22 de Diciembre de 1721, bajo la cédula Real de Felipe V y la de La Habana, Cuba en 1728, por gestiones iniciadas por Fray Diego de Mendoza, Sacerdote Dominico que residió en Santo Domingo.

Las Universidades, siguiendo los lineamientos políticos y religiosos de la época eran dirigidas por sacerdotes, formaban eclesiásticos y seglares y sus alumnos eran los hijos de los grandes encomenderos que habían hecho fortuna en la isla de Santo Domingo, en Cuba y en tierra firme.