Buenaventura Báez

General José María Cabral

POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES

Las muchas tergiversaciones, las medias verdades y las mentiras abiertas que se han tejido en torno a lo que aconteció entre el héroe independentista y restaurador dominicano José María Cabral y el fugitivo ex presidente haitiano Silvain Salnave permiten decir que es necesario realizar un aseo profundo sobre millones de infolios amarillos que se han escrito sobre la historia dominicana desde el 1492 hasta el presente.

Buenaventura Báez

Esa limpieza de muchos trazos de nuestra historia es imprescindible para entender con claridad los sobresaltos y azares de nuestro pasado, comprender hechos del presente y hacer una adecuada proyección del siempre impredecible futuro.

Muchas veces la pasión política ciega hasta a los más ilustrados, como fue el caso de José Gabriel García, considerado por Pedro Henríquez Ureña como "historiador fecundo y pacientísimo" y calificado por Américo Lugo como "Padre de la Historia Dominicana".

No obstante esa alta definición sobre su persona dicho prolijo historiador, valiéndose de "partes oficiales amañados a las conveniencias del intrigante régimen imperante", que era el de Buenaventura Báez Méndez, acusó sin ninguna prueba al glorioso general José María Cabral y Luna de haber sido sobornado en el famoso episodio histórico de la llamada entrega del derrocado presidente haitiano Sylvain Salnave.

Es oportuno decir que en realidad Salnave, antes y durante su desastroso gobierno de dos años y seis meses, fue un activo socio de Buenaventura Báez en su plan de perjudicar a la República Dominicana.

La prueba más contundente de esa alianza vituperable ocurrió el 7 de octubre de 1867 cuando Salnave, entonces en ejercicio omnímodo de la presidencia de Haití, propició desde Montecristi el derrocamiento del gobierno del general José María Cabral para en su lugar instaurar en la presidencia dominicana a Báez.

El ex presidente de Haití Silvain Salnave

Ese fatídico hecho se consumó el 31 de enero de 1868, pero dicha intromisión de Salnave en los asuntos internos dominicanos tuvo como secuela, además, muertes tan sonadas como las de Gaspar Polanco, quien herido de muerte en la comunidad de Esperanza falleció, días después, en un campo de La Vega.

También perdieron la vida por culpa de Salnave y sus compinches dominicanos, los generales Eugenio Subí y Cirilo Fernández, en el combate de Yábina, así como Eusebio Comas en Azua.

Derivada de los planes iniciales de Salnave y Báez también fue la muerte del general e intelectual Manuel Rodríguez Objío, fusilado el 17 de abril de 1971.

Apenas dos meses después de comenzar la más sangrienta de las diferentes etapas presidenciales de Buenaventura Báez, es decir el llamado Régimen de los Seis Años, Gregorio Luperón (en conjunción con Cabral y Luna) iniciaba en el Sur de Haití, específicamente en la ciudad de Jacmel, una lucha tenaz contra dicho régimen.

En una correspondencia fechada en dicha ciudad el 18 de julio de 1868 Luperón alertaba a los generales haitianos John Lynch y Nissage Saget sobre los planes de Salnave y Báez para entregar a los Estados Unidos la isla de Santo Domingo.

Vale decir ahora que los dichos señores Báez y Salnave se proponían regalar al coloso del norte, a cambio de favores personales, equivalentes a un plato de lentejas, todo el territorio que va desde la ensenada de Hainault, en el extremo oeste de Haití, hasta Cabo Engaño, en Higüey, en la parte más al Este de la República Dominicana, incluyendo por supuesto todas las islas adyacentes y la superficie marina.

Más claro no podía decirlo el historiador César Herrera Cabral al expresar que: "La complicidad antinacional mantenida por el general Buenaventura Báez y el general Silvain Salnave, de Haití, se reflejó gravemente en diversas oportunidades sobre la vida institucional de la República Dominicana".(Divulgaciones Históricas, página 161, Editora Taller, enero 1989).

Sobre la sorpresiva llegada de Salnave a territorio dominicano, un determinado día de diciembre del 1869, se pueden plantear dos hipótesis: 1) O él ignoraba que al traspasar los cerros de Belladere y penetrar al poblado de Comendador del Rey (hoy capital de la provincia Elías Piña) con cientos de hombres armados buscando la protección de su socio Báez, estaba entrando a una zona controlada por los que combatían al referido dictador dominicano. 0 2) Su reconocida soberbia y proverbial tenacidad lo obnubilaron y pensó que con su mesnada (más de 500 hombres fuertemente armados en escuadrones dirigidos por más de 30 generales, de los cuales 23 murieron en tierra dominicana) podía avasallar a Cabral y sus tropas integradas por fogueados combatientes cuya vida era el cantón.

De hecho la historia registra que Salnave participó en los combates de El Bejucal, Maniel Viejo, Las Naranjas y La Cuaba. En este último lugar fue capturado por los combatientes dominicanos y llevado hasta el pobladito de Las Salinas de Barahona.

Fue devuelto a cobijarse bajo la sombra de los mapous haitianos, esos hermosos árboles que forman parte del sincretismo mágico religioso del vecino país, donde tiene su trono en América el vodou, práctica religiosa que es una derivación directa de la extendida espiritualidad animista practicada en gran parte de África.

Otra cosa diferente fue lo que ocurrió en la práctica, pues los propios compatriotas de Salnave, bajo el mando de los generales Nissage Saget, Pierre Boisrond-Canal y otros no lo pusieron a escuchar las danzas folklóricas llamadas "yanvalou" o a degustar "calalou-djondjon", la famosa sopa de hongos de la culinaria haitiana.

Por el contrario, Salnave "....conducido a las ruinas del Palacio Presidencial, fue amarrado a un poste y fusilado..."(Ver página 43 de la obra Haití: De Dessalines a nuestros días, del historiador Franklin J. Franco).

A propósito del perfil de algunos de los más enconados enemigos que tenía en Haití Salnave no resulta abundante indicar, para comprender mejor todo el entramo del caso, que en la voluminosa correspondencia oficial de Manuel de Jesús Galván, en su calidad de Ministro de Relaciones Exteriores, figura una fechada el 6 de agosto del 1879, que dice así: "consideramos la renuncia hecha del mando por el general Boisrond Canal como un rasgo de magnanimidad que corona dignamente la brillante y heroica conducta de ese digno mandatario..."

Ciertamente la captura de Salnave forma parte de la controversia de la historia domínico-haitiana, pues los que han relatado dicho episodio no se ponen de acuerdo.

Sin embargo, al analizar con criterio objetivo el contexto en que se produjo la vuelta a Haití de Salnave ha quedado probado que el General Cabral, luego de excogitar profunda y sabiamente, tomó la única decisión posible a la luz de las graves circunstancias prevalecientes en ese momento en el escenario de los hechos.

La infamia en conexión con este caso, impulsada contra el general Cabral por sus enemigos, tuvo su punto de arranque en La Gaceta, que era el boletín oficial del Gobierno de Báez, pero más que eso era el principal guirigay utilizado para manchar honras y enlodar dignidades a lo largo y ancho del territorio nacional.

Fue en ese medio de comunicación donde se publicó un supuesto soborno al indómito héroe dominicano. Esa falacia fue desmentida por los hechos posteriores. Una vez más se comprueba que muchas páginas importantes de la historia dominicana están atadas a sótanos claroscuros por meras pendencias particulares o por odios y envidias estériles.

Demostrado está que el insigne general Cabral y Luna no tocó el dinero malhabido que cargaba Salnave. La verdad es que mientras la faltriquera de Cabral estaba repleta de dignidad, en la línea opuesta la chistera de sus enemigos estaba desbordada por la infamia.

El escritor dominicano Ramón Marrero Aristy, después de una rigurosa investigación histórica, escribió sobre el hecho de que unas 5,000 piastras fueron repartidas entre la viuda de un general muerto en combate y harapientos combatientes cabralistas, pero niega que el héroe de Santomé "...cobrara un céntimo, ni estuviera presente cuando se repartió entre los soldados y los oficiales". (Ver página 129 de la obra La República Dominicana, tomo I).

El respetable historiador y periodista haitiano Roger Gaillard, en su libro póstumo El Cacoísmo burgués contra Salnave (1867-1870), publicita varias versiones sobre ese caso, pero alerta de esta manera: "Otras informaciones dadas por anticabralistas notorios no deben ser tomadas al pie de la letra."(Ver página 123 de dicha obra, Editora Búho, septiembre 2013).

Menos riguroso y más fantasioso sobre el tema resulta el señor Joaquín Balaguer en su obra Los Carpinteros, al calificar la actuación de Cabral frente a Salnave como una "...ignominia sobre el nombre de la República Dominicana. Al tomar la decisión de entregar su prisionero al enemigo". (Ver página 62 del indicado libro, Editora Corripio, 10 de abril de 1984).

Incluso el prócer restaurador Gregorio Luperón se integró al coro calumnioso contra el héroe de Santomé y La Canela y escribió que "...Cabral los entregó al Presidente Nissage Saget por la suma de veinte mil pesos, y se quedó con todas las armas y pertrechos de Salnave y sus amigos," (Ver página 152 Notas Autobiográficas y Apuntes Históricos, tomo II).

Sin embargo es el mismo Luperón el que también dice (página 41 de la citada obra): "Salnave, ya Presidente de Haití, mandó a llamar a todos los baecistas, los armó, les dio dinero y los lanzó abiertamente contra Cabral..."

Otro que repite sin ningún miramiento la misma falsedad es el diplomático y académico norteamericano Charles Christian Hauch, que llegó a ser encargado de la mesa de trabajo para el Caribe y Centroamérica en el Departamento de Relaciones Exteriores de Estados Unidos, quien en una tesis doctoral presentada en el año 1942, en la Universidad de Chicago, dijo:"A cambio de $5,000, Cabral entregó a Salnave, que fue sometido a un juicio y sumariamente ejecutado por Saget..." (Ver La República Dominicana y sus Relaciones Exteriores 1844-1882.Editora Centenario. Septiembre 1996, con patrocinio de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos).

Ese Salnave era el mismo hombre que antes de treparse en el poder había embobado con su encanto natural a miles de tontos útiles que por las callejuelas de Puerto Príncipe formaron una multitud "tan apretada que parecía inmóvil: sólo se veían cabezas y encima de las cabezas, manos agitando pañuelos y ramos de laureles". Así lo dejó consignado el historiador haitiano Jean C. Dorsainvil, en su clásica obra Manual de Historia de Haití. (Ver página 216, Editora Santo Domingo, 1974).

A su vez el médico e historiador haitiano Jean Price-Mars lanza esta perla sobre Salnave: "Salnave no era sincero desde el momento en que mientras sus emisarios oficiales salían fiadores de su buena fe, tramaba la caída de Cabral, ayudando en la frontera a Báez, a derrocar al presidente Dominicano. (Ver: La República de Haití y la República Dominicana. Tomo II, página 681).

Y dice más el referido sabio haitiano en dicha obra: "...la actitud de Salnave ante los gobiernos dominicanos constituye uno de los más apasionantes problemas de historia y psicología de este período de desórdenes y confusión" (Ibídem, página 665).

Ha quedado demostrado que no era en el bolsillo del vestuario militar de Cabral donde estaba el olor del dinero, sino en la ambición desenfrenada de Báez y los baecistas.

Un simple análisis lineal permite sostener que tiene más credibilidad el contenido del ensayo de Marcos A. Cabral titulado La entrega de Salnave, que las notas de una imaginación atosigada que esparció como veneno, pasada de rondón, el general Néoclés Saintonge, principal lugarteniente del defenestrado gobernante haitiano.

Es que en Haití, lo dijo su brillante médico, novelista y ensayista Jacques Stephen Alexis, "todos los tambores hablan por la noche. Ojalá desaparecieran para siempre...el tambor calvo y desgarrador del Vudú y sus misterios..." (Ver: prólogo de su famosa novela Mi Compadre el General Sol, página 8 de la cuarta edición. Editora Taller, febrero 1974).

Sin quizás es por eso que varios temas manidos, como el de Salnave, están acompañados del "nacionalismo rencoroso de los haitianos", para usar las palabras del brillante ensayista dominicano Federico Henríquez Grateraux.

A lo anterior hay que agregar que de este lado de la frontera muchos, por muchas sinrazones, se afán por deslucir a nuestro verdaderos héroes, como es el caso del general Cabral, a quien le quieren poner un sambenito que no le toca.